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Historia

Cristian Solera, el pocitano que emigró a Australia y recorre el mundo con su hijo en una furgoneta

Hace algunos años se fue de La Rinconada con lo justo y un sueño claro de explorar y darle una mejor vida a su hijo Valentino. Hoy vive en Australia, trabaja de jardinero y recorre países en una furgoneta blanca que adoptaron y equiparon como un hogar.

Por Antonella Letizia

Desde La Rinconada pocitana hasta las playas del norte de Sídney. Desde no tener nada más que lo justo, hasta recorrer el mundo en una furgoneta con su hijo. La vida de Cristian Solera es una de esas historias que se mezclan con muchas emociones pero que merecen ser contadas. No fue fácil, su decisión pasó por trabajo y para darle una mejor vida a su pequeño Valentino. Después de tanto buscarlo, por fin se dio: vive en Australia y recorre el mundo en una furgoneta. Su historia.

Cristian nació y creció en Pocito. Como tantos otros, pasó años trabajando sin parar, siempre con lo justo, peleándola desde lo económico. Cuando Valentino era apenas un bebé, con apenas unos meses de vida, Cristian tomó una decisión que le cambiaría la vida a ambos: irse del país. El destino inicial era Francia, donde vivía su hermano, pero una nota leída casi al azar en una página llamada Cangurolandia lo hizo cambiar de rumbo. Australia apareció como una posibilidad inesperada. Y finalmente el destino terminó siendo Australia.

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Llegó hace casi siete años, con una mano adelante y otra atrás, sin hablar inglés, enfrentándose a una cultura nueva y a un mundo completamente distinto. Los primeros tiempos no fueron fáciles, pero el impacto fue profundo. "Me encontré con algo increíble", resume a Tiempo de San Juan. El respeto, la limpieza, el orden público, la seguridad de poder dejar todo abierto sin miedo: un contraste fuerte con lo que había vivido antes, y que lo terminó asombrando para quedarse.

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El objetivo nunca fue irse por irse. Cristian ya había vivido en otros países, había recorrido Europa, América del Norte y Sudamérica. Pero Australia lo convenció. Y desde el primer día tuvo una meta firme: que Valentino creciera y se formara afuera, con oportunidades reales.

Tres años después de haberse instalado, logró que su hijo se sumara a esa nueva vida. Nada fue improvisado: Cristian esperó a tener todo preparado para que Valentino estudiara, estuviera contenido y no pasara necesidades. Incluso logró que la mamá de Valentino también viajara y se instalara en Australia. Hoy, el pequeño Valen lleva tres años en el colegio, estudia idiomas y se destaca académicamente: obtuvo 16 diplomas en ese período, sobresaliendo entre más de 500 alumnos.

En lo laboral, Cristian hizo lo que siempre supo hacer y se llevó de la provincia: la jardinería. Desde chico trabajó en eso en San Juan, y en Australia no fue la excepción. Hoy es encargado de una empresa de jardinería en las playas del norte de Sídney y, además, tiene su propio emprendimiento. "Siempre digo que soy un afortunado, porque en todos los países donde estuve pude trabajar. Nunca me quedé quieto", afirmó.

Pero si hay algo que define su estilo de vida es la furgoneta. Todo empezó en su primera etapa en Australia, cuando vivía en un hostel y decidió abaratar costos. Compró una Toyota camperizada de 1985 y ahí nació el amor por vivir y viajar sobre ruedas. Después vinieron más furgonetas, pérdidas -como una que quedó bajo el agua en una inundación mientras estaba en Dinamarca- y reencuentros.

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A su regreso a Australia, encontró una igual a la primera. La compró aunque no se movía, la arregló y desde hace tres años sigue andando casi sin problemas. Cocina, heladera, cama, techo elevable, agua, ducha: todo en un espacio pequeño pero lleno de vida. Valentino, ya en Australia, fue parte del armado y los detalles finales. Desde entonces empezaron esta aventura juntos y recorrieron miles y miles de kilómetros.

Hoy, en el techo de la furgoneta hay un mapamundi con pines marcando los países visitados. Son más de veinte. Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudamérica... Y el viaje sigue: el sudeste asiático, Medio Oriente, Catar. No hay límite que pare esta aventura que decidió vivir junto a su pequeño Valen.

Y como si fuera poco, sumaron a un integrante más al equipo con la llegada del perrito Jack

El idioma fue otro desafío. Cristian llegó sin hablar una palabra de inglés. Aprendió estudiando y viviendo el día a día. Con Valentino fue paso a paso: las primeras semanas de colegio fueron duras. Cristian le enseñó frases básicas como decir su nombre, el número de teléfono de su papá y la dirección de la casa. A las dos o tres semanas, Valentino ya iba feliz, rodeado de compañeros y docentes que lo acompañaron desde el primer día.

La historia de Cristian Solera no es solo la de sanjuanino que emigró. Es la de un padre que eligió el mundo como escuela, la ruta como hogar y el trabajo como bandera para seguir creciendo. Desde Pocito al mundo, siempre con Valentino al lado y una furgoneta lista para arrancar y darle la vuelta al mundo.

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