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Experiencia única

Barreal, cada vez más mágico: bellezas, sabores y ¡nieve!

A poco más de 200 km de la Ciudad de San Juan, Barreal enamora a los visitantes con delicias, paisajes y una especial visita al Mercedario.

Por Jorge Balmaceda Bucci 21 de julio de 2022 - 07:05

Los gustos hay que dárselos en vida y Barreal florece como una oferta extraordinariamente tentadora para tal fin. Tras unas dos horas y media, tomando como punto de partida la Ciudad de San Juan, se encuentra un lugar mágico para todos los sentidos. Es increíble la sensación de reencontrarse con uno mismo sumergido en 360° de belleza. Para donde se mire, la naturaleza te envuelve como lo hacía tu abuela cuando te quedabas durmiendo con medio cuerpo fuera de la manta tejida por sus propias manos.

El primer consejo de este redactor -qué aún no termina de asimilar tal imponente experiencia- es autorregalarse un ingreso al valle calingastino con las primeras luces del amanecer. Ver los picos del cordón de Ansilta desperezándose lentamente con la llegada del nuevo día se convierte en el prólogo ideal de lo que se está por conocer, de lo que se está por vivir.

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El cordón Ansilta amanece con los primeros rayos del sol

El cordón Ansilta amanece con los primeros rayos del sol

Tras dejar en el trayecto Calingasta, Tamberías, las ruinas de Hilario y Sorocayense, la ruta 149 se abre paso por el corazón Barreal, donde la ordenada distribución de casas y negocios siguen dejando a la vista de todos los majestuosos cerros que custodian este rincón del valle.

Ahora, el segundo consejo. A la altura de la plazoleta el 'Triángulo', hay que agudizar el olfato hasta que te atrape el aroma a pan y semitones caseros que diariamente hornea Andrea Contreras. A modo de breve spoiler culinario (y mientras se maquina una nota especial y más que merecida), solo decir que son ¡IM-PRE-SIO-NAN-TES!

A esta altura, los ojos ya se han regocijado con un puñado de tiernas postales, esas que huelen a pueblo y acarician el alma con tanta sencillez. El sol coqueteando con las ramas de los álamos o un perro callejero buscando alguna caricia postergada se pueden enumerar como ejemplos. Y hay muchos más.

Los ojos se regocijan con tiernas postales, esas que huelen a pueblo y acarician el alma con tanta sencillez

Previo paso para dejar los bártulos en la posada Ansilta (como la casa de uno, sin dudas), las expectativas se centran en ir a visitar la nieve, el extra exquisito que tiene este punto calingastino en invierno. Actualmente son cuatro los prestadores turísticos que realizan esta actividad y cuentan con todas las comodidades para unir los 70 Km/h que separan Barreal del pie del Cerro Mercedario.

Actualmente son cuatro los prestadores turísticos que realizan visitas a la nieve y cuentan con todas las comodidades para unir los 70 Km/h que separan Barreal del pie del Cerro Mercedario

Las particularidades del terreno hacen que sean unas dos horas y medias las que hay que invertir en este trayecto, que son mucho más amenas si se tiene la suerte de contar con Luis González como guía-chofer. Las historias del Cruce del Ejército de San Martín coparon la parada en la charla, pero también hubo tiempo para conocer los vínculos que tuvo Domingo Faustino Sarmiento con Calingasta y otros datos más que interesante para convivir en zona de montaña.

Con los pies enterrados en la nieve (importantísimo llevar calzado y vestimenta apropiados) y casi 3.000 metros sobre el nivel del mar, la vista sobre el manto blanco se pierde en la cúspide del Mercedario. El frío claramente juego su papel en la escena, pero termina siendo eclipsado por el atrapante vuelo de un cóndor que parece dar la bienvenida cual maestro de ceremonias.

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Turistas juegan en la nieve con 'culipatines'. Foto: Huevo Muñoz

Turistas juegan en la nieve con 'culipatines'. Foto: Huevo Muñoz

Obviamente los muñecos de nieve comienzan a erigirse, mientras que algunos turistas optan por practicar lanzamiento de bolas con blancos fijos y móviles -por favor, recordar no compactar mucho las esferas para evitar accidentes-. La diversión encuentra varias ventanas para expandirse.

Los muñecos de nieve y las guerrita de bolas, un clásico al pie del Mercedario

Entre carcajadas y algún que otro porrazo circunstancial producto de un resbalón, el guía descubre que por el lugar pasó un puma. O dos. Las huellas sobre la nieve certifican tal afirmación y la explicación Luis detalla que seguramente se dirigió al arroyo que se encuentra cerca. Mientras la conversación de la fauna está en curso, una sabrosa picada ayuda a recuperar algo de energía a los chicos, con edades comprendidas entre los 2 y los 70 y pico. La nieve hipnotiza. Iguala. Desinhibe.

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Las huellas de un puma en la nieve, protagonistas al pie del Cerro Mercenario

Las huellas de un puma en la nieve, protagonistas al pie del Cerro Mercenario

Previendo las dos horas y pico de regreso, hay que despedirse de una tarde inolvidable y llena de risas. Es el momento de sacudirse los mimosos copos que se pegaron en la ropa y emprender la vuelta, en la que instintivamente se produce un mancomunado resumen oral de lo vivido.

Puede que el cansancio empiece a meter la cola, pero aún quedan horas para disfrutar principalmente para los mayores. Calingasta en general y Barreal en particular viene dando a luz bodegas y pequeños emprendimientos vitivinícolas de una calidad sobresaliente. La mayoría de ellas comparten sus caldos en delicadas degustaciones que llegan a estar a la altura del impactante ocaso barrealino. La paleta de colores y sabores que hay dentro de la copa pasar a ser el mejor maridaje para la despedida del sol.

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El ocaso, contemplado desde el interior de la sala de degustación de la bodega 35 Cinco

El ocaso, contemplado desde el interior de la sala de degustación de la bodega 35 Cinco

Calingasta en general y Barreal en particular viene dando a luz bodegas y pequeños emprendimientos vitivinícolas de una calidad sobresaliente

Aunque también hay una opción más familiar, si cabe la expresión, que es ir a contemplar el atardecer junto al Río los Patos. Simplemente sublime.

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Dos turistas no se cansan de hacer fotos junto al Río San Juan en el atardecer barrealino

Dos turistas no se cansan de hacer fotos junto al Río San Juan en el atardecer barrealino

La cena también presenta alternativas para cerrar la jornada con secretos de ollas de la tierra. La noche se viste con una mayor tranquilidad, el escenario idóneo para que Morfeo empiece a sumar adeptos a su onírica y placentera invitación. Toca descansar.

Habrá un nuevo día para seguir disfrutando de Barreal. Descubriendo bondades de un lugar que enamora, un espacio de magia. Más bodegas, más soles, más delicias están esperando. Lo dicho: los gustos hay que dárselos en vida.

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Panorámica desde la habitación de la Posada Ansilta

Panorámica desde la habitación de la Posada Ansilta

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