Que Barreal es un encanto no es una novedad, pero que la gente con solo una visita decida que sea su lugar en el mundo es más que llamativo. Así le sucedió a Alessandro Ribeiro, un sommelier de Brasil que encontró en el pintoresco pueblo de Calingasta un hogar, dejando todo lo que había construido para comenzar de nuevo de la mano de la tranquilidad.
“¿Qué hace un brasilero perdido entre la Cordillera y la Precordillera?”, le consultó Tiempo de San Juan a Alessandro, tras notar que su acento aún continúa con esos tintes del país carioca. “Perdido no, encantado”, contestó con una firmeza en sus palabras, demostrando lo convencido de la decisión de dejar la vida que tenía en Buenos Aires para instalarse en Barreal.
Llegó a Argentina hace 18 años, donde se formó como sommelier y pasó por distintas empresas y proyectos que lo tuvieron como protagonista, hasta que el año pasado, por esas vueltas de la vida, terminó en Barreal en lo que sería una visita como muchas otras.
“Cuando llegué hubo una chispa y decidí que quería vivir acá”, comentó convencido. Al regresar a su hogar en Buenos Aires hizo todo lo posible para convencer a su pareja de instalarse ambos en el encantador pueblo cordillerano. Si bien hubo resistencia, Alessandro confiesa que una vez instalados en el pueblo, lejos quedaron los peros.
La tranquilidad, la seguridad, la calma que ofrece el pueblo fueron los principales motivos que llevaron a Alessandro a dejar absolutamente todo. “Tiene que ver con la calidad de vida y creo que todos tendrían que hacer ese click en algún momento de la vida de parar, bajar un cambio, y tener más tiempo para uno mismo. Por ejemplo, acá antes de venir a trabajar, salgo a caminar, tengo la Cordillera, que es el parque de mi casa. Salgo a caminar con mis perros a la mañana y a la tarde lo mismo”, comenta.
Y continúa: “Salgo a andar en bici, no estoy preocupado de andar por la calle y que me vayan a robar el celular. Como dice mi jefe: ´Acá es más fácil que te caiga un rayo a que alguien te afane´. Bueno, es un pequeño ejemplo que explica lo que hace un brasilero acá vendiendo vinos”.
Alessandro encontró en Barreal no solo un hogar, sino una nueva oportunidad laboral, ya que es la primera vez desde que es sommelier que trabaja para una bodega. Allí no solo comparte las bondades de los vinos Los Dragones, sino que además se encarga de recibir al turista, de la comercialización y de otras actividades que lleva adelante pasión y dedicación, asegurando que no cambia la tranquilidad que gana día a día ni por el mejor sueldo del mundo.