‘Sería un irresponsable si estuviera pensando en el 2023’, contestó políticamente correcto Francisco Guevara el martes 7 de diciembre en ‘Paren las Rotativas’. El día anterior había sido confirmado como futuro secretario de Estado de Ambiente, en reemplazo de Raúl Tello. Más allá de la prudencia frente a las cámaras, no escapó al dato subyacente: la apuesta de Sergio Uñac de darle un poco más de cuerda.
La otra alternativa era dejarlo diluirse tras su salida del Congreso Nacional. ‘Contenerlo’ –eufemismo utilizado entre los políticos para referirse a una designación – sin darle mayor protagonismo. Fue todo lo opuesto. Guevara ascendió al ser incluido en el gabinete, en un área que tiene 700 trabajadores y trabajadoras a cargo, además de 120 movilidades. Alguien en su entorno se atrevió a hacer la comparación: es prácticamente la dimensión de un municipio.
La lectura no fue inocente. Salvar a Guevara del ostracismo dándole un sitio de alta exposición fue una decisión con implicancias a futuro. Para el futuro inmediato, más precisamente. La Secretaría de Estado de Ambiente tiene todo su despliegue territorial en Rivadavia, contando el Parque de Tecnologías Ambientales, el Centro Anchipurac y el Parque de la Biodiversidad. El diputado nacional saliente tendrá la oportunidad que no tuvo ningún otro compañero peronista rivadaviense.
El PJ tiene un serio inconveniente en el departamento del Oeste del Gran San Juan, como es sabido. Desde 2015, cuando Fabián Martín derrotó a Ana María López de Herrera, el municipio se consagró como el segundo bastión del basualdismo-orreguismo después de Santa Lucía. El desafío para 2023 es mayúsculo porque el intendente encara sus últimos dos años de gestión con una importante imagen positiva y un banco de recambio que lleva meses acompañándolo en los barrios y villas.
Pero Martín, en primera persona, no podrá ir por otra reelección. Entonces para el peronismo se abre una ventana con mejores posibilidades de disputar el sillón de Libertador y Rastreador Calívar. Hay varios nombres en danza pero ninguno que haya ganado la delantera. El presidente de la Junta Departamental, Ruperto Godoy, ha manifestado hacia adentro que no tiene intenciones de competir, sino de articular entre los distintos aspirantes. Sí figuran en la línea de largada el concejal Leonardo Lorenzo; también el excandidato Raúl Alonso, actual funcionario de Desarrollo Humano; la dirigente Mabel Chicón –está trabajando para ser incluida-; y el giojista Facundo Perrone. Entiéndase que esta nómina no es exhaustiva.
Guevara no asiste a la Junta Departamental. Tras su confirmación como nuevo integrante del gabinete, apenas recibió algunos mensajitos de Whatsapp de parte de la conducción justicialista de Rivadavia. Cortos. Con una perceptible frialdad. Siguen mirándose con recelo y es recíproco.
La nominación de Guevara fue una de las mejor guardadas en la víspera. De hecho, previamente se había especulado con la posibilidad de que terminara como director de la Casa de San Juan en Buenos Aires, tras la renuncia oficializada por Ana María. En un grupo de Whatsapp de jóvenes de la JP muchos empezaron a felicitarlo con cierta dosis de ironía. Lo saludaban como nuevo ‘DIRECTOR’, así con mayúsculas, como un modo de subrayar lo que, para algunos, podía entenderse como una caída en el escalafón.
En términos de organigrama, ciertamente ser uno de los seis diputados nacionales por San Juan está bastante por encima de ocupar un cargo de tercera línea. Guevara ya había sido desechado a la hora de conformar las listas para las elecciones legislativas 2021. ¿Era una señal de prescindencia? Evidentemente no.
Una fuente del entorno del exdiputado nacional se atrevió a reflexionar en voz alta días atrás. Descontando las vacaciones, cuando la actividad política tiende a decrecer, y considerando el casi seguro adelantamiento de las elecciones a junio de 2023, le quedan no más de 12 a 14 meses para mostrar todo lo que pueda, para instalarse y luego medirse. No está por encima de ninguno de los otros pretendientes a la candidatura peronista para Rivadavia. Pero tiene un ‘gap’ diferenciador y es la superestructura que le confió Uñac para que se luzca.
Operador
Para un dirigente con aspiraciones, ser enviado a la Casa de San Juan de Buenos Aires podría significar un obstáculo, porque perdería la territorialidad. Es decir, se alejaría del contacto con sus eventuales votantes a futuro. Es una de las razones por las que algunos intendentes veían con desagrado hasta la chance de ser diputado nacional. Irse siempre implica enfriar el vínculo con la base electoral. Fue el caso de Fabián Martín, sin ir más lejos y hablando siempre de Rivadavia.
Sin embargo, Guevara se entusiasmó con la versión de suceder a Ana María, porque entendió que se podía reperfilar el puesto en esa suerte de ‘embajadita sanjuanina’ a escasas dos cuadras del Obelisco. Ya bien vinculado con primeras figuras del Frente de Todos en el Congreso Nacional, el joven entendió que su rol podía ser el de operador, al estilo de Santiago Cafiero.
El exjefe de Gabinete hoy devenido en ministro de Relaciones Exteriores fue uno de los armadores del Grupo Callao, el ‘think tank’ de Alberto Fernández. Hoy Uñac no tiene un centro de acciones políticas en Buenos Aires. Es el gobernador en primera persona quien concita la atención de algunos que lo observan a la espera de que pegue el salto al escenario nacional.
Guevara, el ‘gurrumín’ de Sergio Massa, reconocido por Máximo Kirchner tras su voto a favor del aborto legal, bien pudo haber convertido la Casa de San Juan en Buenos Aires en algo más que una sede administrativa o centro de promoción turística. No se dio. El puesto sigue vacante. Habrá que prestar especial atención al perfil que disponga Uñac para encabezar la casona ubicada en calle Sarmiento, exresidencia del prócer en CABA.
No fue el destino que Uñac pensó para Guevara. La primera vez que le habló de su futuro luego del Congreso Nacional directamente hizo referencia a la Secretaría de Estado de Ambiente. Fue durante la discusión de la jubilación anticipada para los trabajadores y trabajadoras vitivinícolas. Con esa antelación se venía barajando uno de los secretos mejor guardados de la renovación parcial del gabinete.
Sin un perfil técnico como antecedente, Guevara fue puesto al frente de la cartera verde para que demuestre conducción política. Gestión, en el más amplio sentido. Los resultados que obtenga en el corto plazo serán determinantes para medir su competitividad.
Saltando y cabeceando
El jueves pasado Guevara abrochó con el ministro de Ambiente de Nación, Juan Cabandié, un fondo de financiamiento por 1 millón de dólares para proyectos en beneficio de pueblos originarios en su mayoría. Fue el primer hecho concreto de la gestión del flamante funcionario sanjuanino, amparado en los contactos que logró establecer en Buenos Aires durante su paso por el Congreso.
Con el ministro de Ambiente de Nación, Juan Cabandié. Viene un fondo de 1 millón de dólares para financiar proyectos.
La medida fue un reflejo del apuro con que Guevara tendrá que moverse, dados los tiempos apremiantes. Lo que no se comunicó hacia afuera, pero sí sucedió, fue el desfile de militantes de base que fueron acercándose estos días al Centro Cívico. El flamante secretario de Estado los recibió a todos. Muchos no quisieron tomarse foto. Fue una aproximación para medir voluntades. Una fuente cercana al exdiputado nacional utilizó una frase de GPS para explicarlo: ‘muchos están recalculando’.
Hacia adentro, Guevara reconoce que no tiene una estructura que lo secunde. No tiene un movimiento social que lo respalde. Ahora, al estar al frente de un cargo con rango ministerial, tiene el poder para construir. El primer síntoma, incipiente, fue el peregrinaje de militantes rivadavienses hacia la mole administrativa de Libertador entre España y las Heras.
Algunos pudieron anticipar que el ciclo de Guevara se estaba acercando a su fin. Muy joven, con apenas 25 años, ocupó una dirección del Ministerio de Turismo y Cultura. Su nombre recién trascendió con mayor volumen cuando terminó asumiendo la banca que dejaba vacante Daniela Castro, convocada para acompañar a Agustín Rossi en el Ministerio de Defensa a fines de 2019.
Sin embargo, Guevara nunca fue la primera opción. Sin ley de paridad de género todavía, el sucesor inmediato de Castro era el bloquista Luis Rueda. Tuvo que bajarse el secretario privado del gobernador para que recién hubiera lugar para ‘Pancho’, como le dicen internamente. Muchos habrán pensado que todo había sido producto del azar y la buena suerte. Que pasar dos años en el Congreso era un premio mayor. Que no había, no podía haber nada más allá.
Incluso el voto a favor del aborto legal, que le permitió a Guevara estrechar lazos políticos con el ala progresista del Frente de Todos, le acarreó durísimas críticas en San Juan. Recibió fuertes cuestionamientos entre sus compañeros y compañeras.
El gesto de confianza de Uñac al convocarlo como miembro del gabinete dio vuelta las conjeturas. Lo revalidó como uno de los referentes con proyección de futuro. Para el gobernador, la Secretaría de Ambiente pudo haber sido una ofrenda para algún intendente ganador el 14 de noviembre, para algún presidente de junta o para un bloquista. Pero no. Fue para un dirigente nacido a la política en la era uñaquista, sin otro ‘ismo’ en el curriculum vitae. No es poca cosa en los tiempos que corren.