Pocos estadounidenses han quedado expuestos en el escándalo
conocido como los Panamá Papers, una filtración de 11,5 millones de documentos
confidenciales que ofrecen detalles sobre cuentas de personas famosas e
influyentes en paraísos fiscales. Ese detalle que muchos cuestionan por parecer
sospechoso sería porque al grupo de abogados panameño Mossack Fonseca no le
gustaba aceptar a clientes estadounidenses.
Ramón Fonseca, que abrió el negocio con Jurgen Mossack, dijo
en una entrevista con la agencia AP que su bufete tiene solo un puñado de
clientes estadounidenses, y que la mayoría son miembros de la floreciente
comunidad de expatriados jubilados en el país.
"Mi socio es alemán y yo viví en Europa, y nuestro objetivo
ha estado siempre en el mercado europeo y latinoamericano'', explica Fonseca
sobre su firma. "El ama a Estados Unidos y yo también. Mis hijos se educaron
allí'', agregó Fonseca. Pero, "como política, preferimos no tener clientes
estadounidenses”.
Sueddeutsche Zeitung, el periódico alemán que obtuvo los
documentos en un primer momento, dijo que los registros incluían copias de los
pasaportes de unos 200 estadounidenses y alrededor de 3.500 accionistas en
empresas "offshore” tenían su domicilio en Estados Unidos. Esto es solo una
pequeña parte de las más de 250.000 empresas que Mossack Fonseca abrió para sus
clientes en cuatro décadas de actividad.
Uno de los motivos que pueden explicar la escasez de
clientes estadunidenses en los registros es que este tipo de empresas pueden
crearse con facilidad en estados del país como Wyoming, Delaware y Nevada,
atrayendo menos atención que si se hiciese en Panamá, un país con una
reputación de transacciones financieras ilícitas y lavado de dinero.
En Europa hay también países que protegen el secreto
bancario y cuentan con importantes ventajas fiscales, como Luxemburgo, Suiza y
Andorra.