Luego de la convulsión que generó con el despido encubierto de Jorge Castañeda en el municipio, el tiempo no puso las cosas en su lugar para el intendente de Calingasta, Robert Garcés. Es que lejos de caer su apoyo, Castañeda se mantiene como el más firme candidato a reemplazarlo en el cargo, mientras que el concejal al que respalda Garcés –Adriano Jofré- sigue apareciendo muy lejos pese a que crece su figuración de la mano del mandatario.
Los últimos números en manos de los encargados de la campaña son terminantes. Indican que Castañeda sigue holgadamente adelante entre los candidatos y que debería ocurrir algo muy brusco para que se modifique la tendencia. A Castañeda le otorgan alrededor del 40% de las preferencias, muy despegado de quien lo persigue a más de 20 puntos porcentuales que es el bloquista y ex intendente Hugo Cordeje.
El preferido de Garcés es el presidente del Concejo Deliberante Adriano Jofré, un joven edil que según las nuevas mediciones aparece a más de 30 puntos porcentuales de Castañeda. Encima, Jofré ya lleva un tiempo transitando de la mano de Garcés, por lo que queda claro que le cuesta despegar y que la proximidad del actual intendente no es determinante para que pueda repuntar.
Encima, mejor que Jofré en las mediciones aparece Mario Romero, actual diputado departamental de Calingasta que incluso nunca ha dicho públicamente que pretende subir un peldaño a la intendencia. Con un dato aún más relevante: Romero es suegro de Jofré, pero no se lleva demasiado bien con su yerno y por lo tanto, tampoco tiene buena relación con el intendente.
Pero Romero aparece mejor posicionado que Jofré, y ese será un ingrediente que también jugará en el oficialismo calingastino. Y encima, también Romero es más proclive a dar su apoyo a Castañeda que a quien resulte señalado por Garcés. En las mediciones, detrás de ellos aparecen Horacio Rubilar (también del Frente para la Victoria) y mucho más alejado otro ex intendente, Adolfo Ibaceta, con su agrupación Lealtad Cordillerana.
La tirantez entre Garcés y Castañeda recrudeció a fines del 2013, cuando el intendente pidió la renuncia a todo su equipo y terminó aceptando sólo la de Castañeda. Fue un elíptico despido ante la mala energía acumulada entre ambos, porque Castañeda venía remontando en consideración desde su cargo de Secretario de Gobierno y el intendente se mantenía sin evolución.
El despido de Castañeda ocurrió ante un presunto caso de deslealtad detectado por el intendente. Lo insinuó el propio Garcés cuando afirmó que "para mí la lealtad y el acompañamiento es más importante que esa persona sea capaz”, como él mismo justificó su decisión.
Esa jugada le permitió pensar a Garcés que haría decaer los enteros de Castañeda en la carrera a la sucesión, pero en los hechos no ocurrió. Porque Castañeda, ya sin cargo municipal pero conservado dentro del Frente para la Victoria, siguió al frente de los sondeos y hoy aparece como una carta fuerte en el departamento.
Es más, el hecho de haber sido despedido de la manera en que lo fue alimentó la expectativa de los sectores opositores para contarlo entre sus filas y obtener una carta ganadora, pero Castañeda siguió reportando en el oficialismo y nada parece indicar hoy que pueda pegar un volantazo, aunque la política siempre da sorpresa desde las más chicas hasta las mayúsculas.
Igual, aún no está dicha la última palabra y en estos casos se sabe quién la tiene: los que arman la campaña a nivel provincial, ante un intendente que parece haber hecho poco para ser escuchado con atención sobre sus preferencias.