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Canal 13 San Juan
Diez días antes de asumir la Presidencia de la Nación por tercera vez en su vida, el general Juan Domingo Perón llamó a los gobernadores a la Casa Rosada. Bajó línea, sabedor de que lo que venía no era fácil. Pidió “prestar atención con prioridad a las zonas más marginadas del país”. Y circuló un documento con la instrucción de “combatir al marxismo”. En esa cumbre de caciques provinciales estuvo el sanjuanino Eloy Camus, acompañado por el vice, Francisco Aguilar.
Camus entendió el mensaje de Perón y lo hizo propio, según reflejaron los diarios de la época. Había asumido la gobernación el 25 de mayo, 139 días antes que el general. Y había comenzado en San Juan una época de obras públicas ambiciosas, con la premisa de realizar una “revolución en paz”.
El viernes 12 de octubre de 1973, el acto de asunción del general y su esposa, María Estela Martínez, como vicepresidenta, estuvo marcado por el rito institucional y el gran acompañamiento popular. Lo que había que ordenar, se había hecho en la víspera.
Camus viajó al acto de asunción acompañado por su esposa, Julia Valenzuela, en un vuelo regular de Austral. El vicegobernador y sus ministros lo despidieron en el aeropuerto de Las Chacritas. El dato abona aún más el carácter protocolar de la jornada.
El gobernador ya había estado con Perón el 2 de octubre y había escuchado de su propia boca el mensaje político de esta nueva etapa. Antes de subir al avión dijo: “es trascendental, un caso único en la historia política del país porque después de 18 años de ostracismo durante los cuales se ha tratado por todos los medios, hasta con el aporte de expertos, de deformar la imagen del general, con proscripciones, persecuciones y calumnias, no han podido quitar al pueblo su sentir hacia el conductor”.
La dimisión de Héctor Cámpora abrió la posibilidad del regreso de Perón a la Argentina, luego de casi dos décadas de exilio y proscripción. El líder justicialista derrotó al radical Ricardo Balbín con más del 60% de los sufragios en las elecciones del 23 de septiembre de 1973.
Con la contundencia de los resultados y en calidad de presidente electo, Perón convocó a los gobernadores a la Casa Rosada el 2 de octubre, apenas 9 días después de los comicios. A cargo del Poder Ejecutivo había quedado el presidente del Senado, Raúl Alberto Lastiri, una figura de transición. El ministro del Interior, en esa etapa fugaz, era Benito Llambi, quien acompañó al general en el encuentro.
La crónica periodística de aquella reunión indicó que Perón pidió enfocar los esfuerzos en las zonas más vulnerables. Pero también dio “severas directivas para combatir al marxismo”. El 25 de septiembre habían asesinado al sindicalista metalúrgico José Ignacio Rucci.
Los caciques distritales recibieron un documento que contenía varios puntos y que el propio Perón se encargó de anunciar. Lo presentaron como un “documento reservado” suscripto por el Consejo Superior Peronista.
Ese escrito no dejaba lugar a dudas: “El estado de guerra que se nos impone no puede ser eludido”. Y agregaba que “no se admitirá la intromisión de elementos pro-marxistas”.
En consonancia con esta indicación, el viernes 12 de octubre el Movimiento Peronista solicitó a los adherentes “espíritu de prudencia y alegría” cuando festejaran la asunción del nuevo presidente. Los instaron a tener como lema en sus cantos las palabras “Argentina” y “Perón”, en un intento por evitar posibles choques entre elementos de distinta formación ideológica.
Camus apuntaló esta tesitura antes de viajar a Buenos Aires para la asunción presidencial. Declaró a la prensa que era un hecho auspicioso que Perón haya dejado de lado toda consigna y decidido que sólo los símbolos patrios presidan el acto.
“Como argentino que conozco muy de cerca al general Perón, sé de su grandeza y patriotismo. Y estoy seguro que concretará la liberación nacional”, dijo el gobernador sanjuanino. En ese momento le sacó brillo a sus jinetas políticas al anunciar que varios gobernadores asistirían a la clausura de la segunda edición de la Fiesta Nacional del Sol. La celebración comenzó justo aquel viernes 12 de octubre.
No falló Camus. El lunes 22 de octubre la prensa local daba cuenta de la cumbre de gobernadores en San Juan. Vinieron el cordobés Ricardo Obregón Cano, el puntano Elías Adré, el misionero Juan Irrazábal y el joven riojano Carlos Saúl Menem, confeso admirador de “Don Eloy”.
Camus trajo de Buenos Aires, en aquellos primeros días del tercer gobierno de Perón, la promesa del Plan Huarpes (más tarde convertido en Promoción Industrial), financiamiento para el complejo turístico en las termas de Pismanta y para el Plan Trienal 74-46, que dejó trunco el golpe militar.

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