Un violento crimen se desató el jueves por la noche en Pocito, cuando en medio de una balacera entre bandos enfrentados un joven cayó desplomado al suelo y al instante murió desangrado. La víctima fue identificada como Juan Ignacio Martínez, quien había intercambiado disparos con su asesino, Walter Agustín Barahona, que fue detenido por la Policía y será acusado por el homicidio.
El hecho con tintes de película de acción sucedió en el interior del Barrio Teresa de Calcuta y hoy, el día después de la balacera con consecuencias mortales, los vecinos del lugar se mostraron conmocionados por lo sucedido. En los alrededores del domicilio, donde todavía yacen las huellas del sangriento enfrentamiento, los mayores prefieren callar mientras que son los más chicos los que expresan su asombro.
239d8a5c-d5ea-413f-b045-581672ae5c8b.jfif
La sangres de la víctima en el suelo marca el paso de la violencia y sus trágicas consecuencias
Es que ellos, pese a los pocos años que tienen, fueron de alguna manera testigos del tiroteo y advierten que no es la primera vez que algo así ocurre. No obstante, lo que sucedió aún los tenía impactados por el trágico desenlace. Los únicos que quisieron hablar con Tiempo en la escena contaron que, como hacía poco que el partido de Boca había finalizado, pensaron que los estruendos que se escuchaban eran de petardos de gente que festejaba la victoria.
Sin embargo, el sonido finalmente fue tan contundente que supieron que se trataba de una balacera. Es por ello que los adultos a sus cargos dieron aviso a las autoridades de inmediato, las cuales se presentaron en el sitio a los pocos minutos para controlar la situación. Lo peor ya había pasado y un cuerpo debió ser trasladado a la Morgue.
e54f70f2-cab2-4241-9082-42a1bcb6a76d.jfif
En el portón de la casa del sujeto que fue aprehendido, sospechado de ser el autor del balazo mortal, todavía se pueden apreciar los impactos de las balas. Allegados a lo sucedido manifestaron que una de las armas de fuego que se usaron fue una especie de metralleta y a ello lo destacaron los adolescentes que dialogaron con el medio. Dijeron que por cómo se oía, es decir con disparos continuos, estaban seguros de que hubo un arma similar a una ametralladora en el fuego abierto.
Si bien los chicos se acercaron para charlar y contar cómo fue su experiencia con el suceso que se desplegó a pocos metros de sus casas, los vecinos más grandes adoptaron una postura contraria: la del silencio. Ante la consulta de este diario, la temerosa respuesta fue: "No sé nada, yo no me meto".
e287420c-8528-4474-a692-3dc105b6dad9.jfif
De todas formas, en las adyacencias, los vecinos entre sí se observaron charlando y quizás comentando lo que hacía unas doce horas atrás había pasado. Mientras tanto, sin una custodia oficial en la casa del homicida, destinada a evitar cualquier tipo de represalias, la presencia policial se pudo ver aunque patrullando las inmediaciones.
La víctima fatal tenía 18 años y, aunque no residía en el barrio, algunos de los interlocutores señalaron que sabían quién era. El chico recibió un disparo en el pecho que le arrancó la vida. Hasta la vivienda de Barahona había llegado en moto y acompañado por otros sujetos que aún no fueron identificados.
0ae5da88-b56b-47f1-85a2-314ab607f1ef.jfif
Pese a la charla y las manifestaciones de los pequeños vecinos, nadie quiso hablar ni referirse al dueño de casa. Frente a las consultas, las respuestas fueron todas evasivas.