El caso que sacude a Chaco y que tiene a Cecilia Strzyzowski como víctima de femicidio no sólo presenta impactantes similitudes con el femicidio de Brenda Requena, sino también con un caso emblemático en San Juan y que hasta el día de hoy, 27 años después, sigue impune y los asesinos nunca fueron identificados. Se trata del atroz crimen de María Rosa Pacheco de Balmaceda.
Uno de los parecidos que genera asombro es la fecha de sus desapariciones, que impulsaron los operativos de búsqueda y que hicieron que las causas trasciendan en los medios. Es que la psicóloga sanjuanina fue vista por última vez con vida el 2 de junio de 1996, mientras que la chaqueña fue captada por una cámara de seguridad, también el 2 de junio pero de 2023.
Antes de su misteriosa desaparición, la profesional que trabajaba en el Ministerio de Educación ese día fue vista alrededor de las 23 horas cuando salió del ex Sanatorio Almirante Brown (ahora Santa Clara), situado en la esquina de Mendoza y General Paz. Allí había estado cuidando a su madre que se encontraba gravemente enferma y, supuestamente, se dirigía a su casa. Sin embargo, de ello no hay certeza puesto que, incluso, las noticias de ese entonces afirmaban que ni siquiera la vieron salir del centro de salud. Lo cierto es que nunca llegó a su domicilio.
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María Rosa Pacheco de Balmaceda
Por su parte y antes de convertirse en un gran enigma para la Justicia y la opinión pública, Cecilia Strzyzowski fue vista con vida por vez última cuando -junto a su pareja César Sena- ingresó al domicilio de sus suegros, Emerciano Sena y Marcela Acuña, dos líderes piqueteros de renombre en esa provincia y vinculados a la política. Las cámaras de vigilancia la tomaron en el momento en que entraba a la vivienda, cerca de las 9.15 de la mañana del viernes 2 de junio. Después, no se la vio salir del lugar y por ello se presume que ahí mismo fue asesinada.
Además de la similitud de la fecha, tanto en el caso sanjuanino como en el chaqueño cobra relevancia el modus operandi con el que el autor o los autores actuaron. Es que en ambos hechos que conmocionaron y conmocionan a sus respectivas comunidades, las víctimas fueron desaparecidas, descuartizadas y sus restos calcinados para cubrir cualquier tipo de rastro.
El 22 de julio de 1999, en inmediaciones de El Villicum, Albardón, los investigadores policiales constataron el hallazgo de algunos restos óseos y posteriormente los forenses confirmaron que el cráneo encontrado pertenecía a María Rosa Pacheco.
Luego, tres días más tarde, en el camino que une el Dique de Ullum con Albardón, la Policía descubrió el automóvil de la sanjuanina de 34 años, el cual estaba completamente incendiado y sin sus cuatro cubiertas. También estaban parte de sus pertenencias, entre ellas apuntes y lo que quedaba de un abrigo que llevaba el día de su desaparición.
En el caso de Chaco, los investigadores tuvieron un importante hallazgo 18 días después, cuando a orillas del Río Tragadero y en el Canal Quijano, situados detrás del barrio donde vivían los Sena -principales sospechosos-, se toparon con huesos triturados que fueron sometidos a peritajes forenses para su identificación. Hasta el momento, lo que se sabe es que son humanos (se creía que podían ser de animales) y que pertenecían a una persona adulta. Todavía no está claro si eran de la chaqueña de 28 años.
A pesar de los primeros resultados, no se pudo determinar el sexo de la persona ni cuál fue la causa de muerte, ya que los huesos se encuentran multifragmentados y por sobre todo porque fueron calcinados. Es por ello que la muestras de ADN que se cotejen con los familiares de Cecilia sería la prueba crucial del caso.
Para mala suerte de los asesinos, de Chacho y de San Juan, los restos fueron encontrados y aunque confirmaron el fatal destino que les tocó a esas dos mujeres, víctimas de una atrocidad total, pocos fueron los indicios que las escenas encontradas dejaron. De hecho, en el caso de María Rosa Pacheco la investigación se diluyó y terminó sin culpables y sospechosos, mientras que en la causa de Cecilia Strzyzowski aún no está claro si los restos óseos hallados en la vera del río le pertenecen.
Otra de las coincidencias es que el entorno más cercano quedó en la mira de la Justicia. El esposo de María Rosa, el ingeniero Juan José Balmaceda, como así también su hermano Jorge Balmaceda, fueron detenidos y acusados por el crimen. Incluso, fueron procesados por el homicidio y llevados a juicio. No obstante, el 25 de septiembre de 1999, el tribunal de la Sala Tercera de la Cámara Penal los absolvió por falta de pruebas.
Los camaristas entendieron que una gran cantidad de testigos -algunos policías y peritos- habían incurrido en el delito de falso testimonio. Enviaron nuevamente la causa al juzgado penal de turno: el Primero de Instrucción. La idea era investigar a esos testigos pero todo quedó en la nada.
En el caso de Cecilia, tanto su pareja como sus padres fueron detenidos y están considerados los principales sospechosos del homicidio. Además, los empleados de la familia también quedaron bajo la lupa y fueron aprehendidos.
Más allá de los asombrosos parecidos, quizás en algo no se parezcan y es en sus resoluciones. Ojalá lo sucedido en tierra chaqueña quede al descubierto, con una justicia más activa y comprometida de lo que pareció ser la sanjuanina en el caso de Pacheco, y que sus familiares encuentren finalmente justicia. En San Juan, la posibilidad quedó lejos, con una causa prescripta y un enigma que pesará en los archivos criminales de la provincia, como el crimen que nunca se resolvió.