Un comerciante fue detenido por estafar al Banco San Juan
con un crédito prendario, con el cual adquirió un acoplado que no pagó e
intentó devolver cuando ya estaba destruido y abandonado en una vieja ripiera
de la Quebrada de la Flecha, en Sarmiento.
El sujeto había pedido un crédito de 300.000 pesos hace unos
cuatro años para adquirir la batea semirremolque, un vehículo de alto costo que
generalmente se usa para transportar grandes cantidades de minerales.
Hoy en día esa batea tiene un valor de mercado muy superior
a los 300.000 pesos.
En un principio la parte legal del Banco San Juan recurrió
al fuero civil para recuperar el capital que había prestado. Pero cuando fueron
a los domicilios que había dado el comerciante, no lo encontraron. Tampoco
pudieron ubicar al vehículo para ser rematado y así el banco poder recuperar el
dinero.
Eso hizo que el caso pasara al fuero penal. Y la denuncia
cayó en el Quinto Juzgado de Instrucción. El delito configura una modalidad de
la estafa y tiene una pena de prisión que va desde un mes a seis años.
El comerciante fue identificado oficialmente como César
Alejandro Jamenson.
Le imputaron el artículo 173, inciso 11, el cual dice que
comete un "caso especial de la defraudación el que tornare imposible, incierto o
litigioso el derecho sobre un bien o el cumplimiento, en las condiciones
pactadas, sea mediante cualquier acto jurídico relativo al mismo, sea
removiéndolo, reteniéndolo, ocultándolo o dañándolo, siempre que el derecho o
la obligación hubieran sido acordados a otro por un precio o como garantía”.
Anoticiado de la causa penal, el comerciante se presentó en
el Quinto Juzgado de Instrucción. Dos días después entregó el título de la
batea y precisó el lugar en el que la tenía: un paraje inhóspito de la Quebrada
de la Flecha, en Sarmiento, donde el comerciante habría tenido una empresa
relacionada al negocio de la extracción de minerales.
La sorpresa para los investigadores judiciales fue cuando llegaron
al lugar y vieron el estado en el que se encontraba el vehículo que buscaban:
totalmente abandonado, sin cubiertas; con el sistema de frenos rotos y
saqueados y hasta sin una de sus principales partes: la caja que contiene la
carga.
En esas condiciones, ese vehículo ya no tiene el valor de
mercado y es imposible rematarlo.
Un cuidador del lugar le comentó a la Policía que el
acoplado llevaba tiempo abandonado allí. Y que ese lugar no era del dueño del
acoplado, sino que era de otra persona.
Si bien el delito es excarcelable, el comerciante quedará
detenido hasta que se tramite un pedido de eximición.