Tras ser condenado a prisión perpetua por
un crimen, en el inicio de un tercer juicio por homicidio contra Claudio Javier
Gil (43), cuentan fuentes confiables que un juez preguntó a un secretario:
"¿Che, sabrán en el Juzgado de Ejecución Penal que perpetua significa para
siempre?”. La frase define todo un estado de ánimo y está llena de sarcasmo: el
estado de ánimo porque demuestra la preocupación del juez para el futuro y el
sarcasmo porque se sabe que en el sistema penal argentino nadie va preso de por
vida, ya que la ley dice que a los 35 años de prisión, cumpliendo ciertas
normas, el reo puede tener la libertad bajo ciertas reglas. Pasando en limpio,
existe la posibilidad biológica de que Gil y los jueces que lo condenaron y lo
juzgan (muchos tienen la edad de Gil o hasta son más jóvenes) se vean la cara
en la calle en algunas décadas más.
No es menor en Tribunales el temor al criminal
más impiadoso en la historia policial sanjuanina que está siendo juzgado por
matar a cuchillazos en el cuello a un anciano de 85 años. Y el mismo imputado
disfruta de esa situación, utilizando como herramientas su voz de locutor (dijo
en el juicio que trabajó en Radio Universidad mientras estudió Comunicación),
su verborragia y una mirada hiriente y cargada de ira.
Ni siquiera respetó a los defensores
oficiales que lo defendieron gratis en los gravísimos procesos judiciales en
los que se vio involucrado.
Los intentó amedrentar antes de los juicios
personalmente y vía telefónica. Tanto en el caso del chef Carlos Echegaray,
donde fue condenado a prisión perpetua hace tres semanas por el tribunal de la
Sala Primera de la Cámara Penal, como ahora en la Sala Tercera, Gil empezó el
juicio haciendo extraños cuestionamientos sobre los defensores oficiales Carlos
Reiloba y Mónica Sefair.
El eje era el mismo: los defensores no
habían podido lograr lo que él personalmente quería que hicieran, sin
importarle que las condiciones jurídicas no estaban dadas para ejecutar su
intención.
Según fuentes del Penal de Chimbas, en una
oportunidad se quedaron helados al ver cómo le gritaba a un abogado con frases
intimidatorias a través de las rejas porque no había planteado lo que a él se
le había ocurrido.
"Es un tipo que se pretende omnipresente.
Tiene múltiples patologías que lo hacen una persona por demás peligrosa”,
describió un abogado cercano al proceso judicial contra Gil.
Tal vez esa definición sirve para encontrar
una explicación a la excitación que mostró Gil cuando aprovechó que lo estaban filmando
para intimidar públicamente a un periodista de Canal 5 Telesol.
Sin embargo, lo que terminó de consagrar su
nivel de violencia fue cuando él sabía que el sistema judicial le iba a dar
toda la tención en el juicio por el homicidio de Espínola.
Aprovechó la posibilidad que la Justicia le
dio para dar su versión de los hechos y chicaneó a los jueces constantemente.
El momento de mayor tensión se dio cuando
intentó ensuciar la investigación judicial de primera instancia revelando
supuestos diálogos con el juez Maximiliano Blejman, quien ahora preside el
tribunal de la Sala Tercera de la Cámara Penal donde Gil está siendo juzgado.
Ése juez había ordenado detenerlo por el otro crimen, el del chef Echegaray, y luego
el juez Benito Ortiz lo investigó y procesó por el crimen que ahora lo juzgan,
el del anciano Jorge Espínola. Ambos hechos se produjeron con pocos días de
diferencia.
El juez Blejman se tuvo que poner firme y
advertirle con que lo iba a sacar del juicio si seguía en esa postura. Gil no
hacía caso y le contestaba constantemente al presidente del tribunal, le
hablaba encima y trató de ningunearlo.
Fuentes judiciales comentaron que el juez
obró correctamente en no sacarlo de la audiencia, lo que habría sido legal,
pero habría victimizado a Gil y le podría haber abierto puertas para que
reclame una denegación en el derecho a defensa.
Si bien Gil mostró una saña particular con
el juez Blejman, también enfrentó constantemente a los otros dos integrantes
del tribunal.
Por ejemplo, no quiso responder y dio todo
tipo de rodeos cuando el juez Ernesto Kerman le preguntó un dato clave: cómo
podía explicar que encontraran rastros de su piel bajo las uñas de anciano
asesinado, lo que fue probado científicamente con pruebas de ADN.
Algo similar ocurrió con el tercer juez, José A. Vega.
Tampoco hizo caso con mirar al tribunal y
no a las partes cuando le hicieran preguntas. En todo momento miró fijo al
fiscal de cámara Eduardo Mallea a los ojos y sin pestañear para intentar
desvirtuar cada una de sus preguntas.
El momento más tenso fue cuando le
cuestionó al representante del ministerio público que le hayan secuestrado sus
zapatillas con manchas de la sangre de Espíndola en la suela: "Hay un millón de
zapatillas Adidas en San Juan. Cómo sé que son las mías, que son mi número”,
retrucó Gil.
Eso obligó a que tuvieran que buscar y
sacar de las cinco cajas de evidencias el par de zapatillas. Para colmo, Gil ni
siquiera las observó en detalles y en cuanto se las mostraron, a casi dos
metros de distancia, sin lugar a dudas respondió: "Sí, son mías”.
"Nunca vi un imputado con el nivel de
irreverencia de Gil”, aseguró uno de los integrantes del juicio.
De fondo, el objetivo de Gil es el mismo en
todos los frentes de batalla: infundir temor a quienes lo juzgan por su tercer
homicidio en 17 años.
Odio a la orientación sexual
Las tres víctimas fatales de Claudio Javier
Gil tienen un patrón en común: eran homosexuales, los conocía muy bien y le
tenían confianza. Todos murieron a traición.
Eso llevó a Gil a marcar un nuevo hito: es
el primer caso en la provincia en ser juzgado por un homicidio agravado por la
orientación sexual de la víctima. A nivel nacional los jueces locales no
conocen si hay algún antecedente de condena de una persona que matara a otra
por su preferencia sexual.
Gil fue condenado en La Rioja en el ´99 a
12 años de prisión por matar a Carlos Herrera. Hace tres semanas fue condenado
a prisión perpetua en la Sala Primera por matar al chef Carlos Echegaray. Y
ahora está siendo juzgado por el crimen de Jorge Espínola (85). Los tres
crímenes fueron a traición y a cuchillazos con mucha carga de violencia en
zonas vitales como el cuello y el pecho.
Al lado de esos antecedentes, pareciera
insignificante el que también haya sido condenado en San Juan antes de los
crímenes a 11 meses de prisión por golpear y quemar con agua caliente a su
propia madre.
Textuales sobre Gil
"Incorregible”
"Las emociones primarias que experimenta
son primarias, como ira, rabia, frustración y hostilidad”.
"-Gil- comprende la criminalidad del acto.
Pero son personas incorregibles. Su psicopatía es innata. Las personas así
tiran a alguien por la escalera y, si se lastiman, dicen que es su culpa por
ser fuerte”.
"Otra características del imputado es su
marcado narcisismo, lo que significa que su egocentrismo y sobrevaloración de
las condiciones personales”.
Héctor del Giúdice,
Médico psiquiatra forense