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Melisa Quiroga Cisella: Canta como un ángel y nada como una sirena

Entre sus varias actividades esta cantante dedica tiempo a ser instructora de natación, su otra pasión. Conocela.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Es la voz femenina de la banda Legado, grupo que nació hace casi 8 años y que componen sus hermanos Leonardo y Pablo; Víctor Núñez y Gerardo Elizondo. Además comparte escenarios haciendo dúos con Lucio Flores y también con Orlando Balmaceda. Llegó a cuartos de final en Soñando por Cantar. Pero entre sus varias actividades esta cantante dedica tiempo a ser instructora de natación, su otra pasión.

Desde muy chiquita le gustaba el agua y cuenta entre risas que “por ahí le pegaba sustos a mis padres, incluso me decían Mojarrita”. La natación la llevó a participar a lo largo de su vida en varias competencias en diferentes provincias e incluso hasta afuera del país, como en Chile.  Se trata de Melisa Quiroga, la voz del grupo Legado y una de los sanjuaninos que llegó a cuartos de final en Soñando por Cantar.

Meli cuenta: “Empecé a dar clases en las piletas hace 7 años, en ese tiempo también estudié en Turquesa y me recibí de Instructora de Natación para niños y adultos”, explica y asegura que se capacitó “para tener más conocimiento y mayor seguridad”.

Por lo general ejerce esta profesión en piletas particulares y privadas; y también en Colonias del Gobierno. Pero actualmente tres días a la semana, en la mañana y durante dos horas, da clases en su mayoría a niños de hasta 8 años.

Confiesa que los pequeños son los alumnos con los que se siente más cómoda ya que “el niño mientras más temprano se meta al agua mejor, para ellos nadar y sumergirse es como volver otra vez a la panza de la mamá, los bebés no tienen miedo y se manejan bastante bien. Me ha pasado tener niños con 9 años que no podían entrar al agua y con paciencia y cariño salen nadando”.

En sus clases siempre impulsa a los pequeños a hacer ejercicios y juegos y confiesa que cuando se van “los padres siempre se van contentos, pero la gratificación más grande de un profe es soltar al niño en el agua, que pueda flotar y salir solo”.

Entre tantas anécdotas que tiene para contar recuerda cuando “tuve un niño de 12 años que le tenía terror al agua; no lo podía ni acercar; pero con amor, demasiada paciencia finalmente pudo nadar después de dos meses y medio; confió en mí”.

Aún sin enseñarle a nadie de su familia o a alguna persona con capacidades especiales, espera participar en competencias con alumnos, a la vez que “cuando pueda y tenga tiempo me perfeccionaré para seguir aprendiendo”.

Finalmente reflexiona: “En los 7 años que llevo trabajando con niños, ellos mismos te piden límites; te ven como una imagen superior siempre y uno tiene que dar el ejemplo, saben apreciar eso. Uno se impone como autoridad, con cariño y amor, ellos mismos te lo piden; y últimamente eso no se ve tanto en los padres como los niños”.
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