Este verano, la Argentina enfrenta desastres ambientales y
sanitarios alarmantes, y el fenómeno de El Niño tiene en parte la culpa. Se
produjeron inundaciones en el Este del país que llevaron a que más de 30.000
personas vivieran el comienzo del año fuera de sus casas tras las crecidas de
los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay. Esas inundaciones influyeron en más casos
de leptospirosis y de picaduras de serpientes y arañas. Los camalotes que
fueron arrastrados con las crecidas ocasionaron problemas como la falta de agua
en casas de Capital. Y se desató una epidemia de dengue que ya está presente en
más de la mitad de las provincias, y en Mendoza se produjo un alud que demoró a
más de 3.000 personas en la alta montaña.
Se trata de un verano en el que se exponen como nunca la
interacción entre el ambiente y la vulnerabilidad humana. Detrás de esos
desastres de inundaciones, epidemia y aludes, está el impacto del fenómeno de
El Niño, que consiste en oscilaciones en las temperaturas del Océano Pacífico
que repercuten en otras regiones del mundo. "En la Argentina, El Niño impactó
en el Este con las crecidas de los ríos y las inundaciones, y en el Oeste con
más aludes en la alta montaña”, explicó a Clarín la licenciada en ciencias de
la atmósfera, Miriam Andreoli, del Servicio Meteorológico Nacional.
Ya se pronosticó que para febrero habrá más lluvias en
exceso, y que el impacto de El Niño llegará hasta mayo. Ayer, el Gobierno de
Mauricio Macri decretó el "estado de emergencia hídrica” para las provincias de
Buenos Aires, Santa Fe, Chaco, Entre Ríos, Formosa, Misiones y Corrientes, por
las consecuencias del fenómeno de El Niño a partir del segundo semestre de
2015. Al declararse la emergencia, queda abierta la puerta para salir a buscar
financiamiento externo para realizar obras.
El Niño dejó su huella en las inundaciones en el Este.
Obligó a muchas personas a dejar sus casas. Se llevó vidas humanas y provocó el
aumento de casos de leptospirosis, la enfermedad causada por una bacteria que
puede estar presente en la orina de roedores y perros, entre otros animales, y
que provocó la muerte del bombero Aníbal Carballo, de 30 años, que prestó
colaboración durante las inundaciones en Concordia, Entre Ríos.
Además, El Niño contribuyó al avance del dengue. "El verano,
es la época en que las poblaciones del mosquito Aedes aegypti se encuentran en
su mayor pico explosivo de abundancia. Las temperaturas entre 20 y 25 grados
son ideales para su multiplicación. El fenómeno de El Niño contribuyó para que
se desarrolle la epidemia de dengue al incrementar las posibilidades para
acumular agua en recipientes olvidados alrededor de los domicilios”, explicó a
Clarín Nicolás Schweigmann, líder del grupo de estudio de mosquitos de la
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires
(UBA) y del Conicet. Al fenómeno natural de El Niño, se sumó el factor humano:
que pocos se ocupan de eliminar los criaderos de mosquitos y así hacen que
sigan picando y produciendo más casos de dengue en el país.
En el Oeste, el 24 de enero hubo en Mendoza, 11
deslizamientos de tierra en las montañas. Según contó a Clarín Lucas Ruiz,
doctor en geología e investigador del Instituto Argentino de Nivología,
Glaciología, del Conicet, "El Niño impactó con más lluvias que llevaron a que
los fragmentos de rocas de las montañas se deslizaran y produjeran aludes.
También produjo más nevadas que trajo el beneficio de un aumento del 20 % de
nieve en glaciares y una temporada de esquí más larga”. Pero hay preocupación
por lo que pueda pasar hasta mayo. "El Niño es una amenaza hoy, porque es
probable que llueva más de lo normal los próximos tres meses en el Litoral y
además los niveles de los ríos de la zona ya están altos”, resaltó Carolina
Vera, climatóloga de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y
Conicet. "Se necesitan más medidas integrales, que incluyan planes para actuar
en manejo de desastres y permitan reducir el impacto posible sobre la población
y sus bienes”.