La grasa corporal no es toda igual. Mientras una parte del tejido adiposo se encarga de almacenar energía, otro tipo menos conocido, la grasa parda, cumple una función distinta: genera calor y podría tener un rol protector en la salud cardiovascular.
Un estudio reciente de la Universidad Médica de Viena aportó nuevas evidencias en esa dirección. La investigación, publicada en la revista Obesity, Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology, analizó a adultos con obesidad y encontró que aquellos que conservaban grasa parda activa presentaban menores niveles de inflamación en las arterias, un factor clave en el desarrollo de enfermedades cardíacas.
A diferencia de la grasa blanca, la más abundante en el cuerpo, la grasa parda utiliza energía para producir calor. Este mecanismo, conocido como termogénesis, es fundamental en la infancia para mantener la temperatura corporal, aunque su presencia y actividad tienden a disminuir con la edad y en personas con obesidad.
El trabajo fue liderado por los investigadores Florian Kiefer y Oana Kulterer, quienes estudiaron a 65 adultos con obesidad. Para detectar la actividad de la grasa parda, los participantes fueron expuestos a bajas temperaturas y luego evaluados mediante estudios de imágenes que permiten observar el metabolismo en el organismo.
Los resultados mostraron que cerca de un tercio de los participantes tenía grasa parda activa. Ese grupo presentó una menor inflamación en la aorta, la arteria principal del cuerpo, en comparación con quienes no registraban actividad en ese tejido, a pesar de tener características similares en edad y riesgo cardiovascular.
Además, los análisis revelaron niveles más bajos de marcadores inflamatorios, como la interleucina-6 y el fibrinógeno, junto con una mayor presencia de moléculas con efecto protector sobre los vasos sanguíneos.
La inflamación crónica es uno de los principales problemas asociados a la obesidad, ya que contribuye al desarrollo de aterosclerosis, un proceso que estrecha y endurece las arterias y eleva el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular.
En este contexto, la grasa parda aparece como un posible aliado. Según los investigadores, estimular su actividad, ya sea mediante exposición controlada al frío o a través de futuros tratamientos, podría convertirse en una estrategia innovadora para reducir el riesgo cardiovascular.
Si bien aún se necesitan más estudios, el hallazgo abre una nueva línea de investigación sobre cómo ciertos mecanismos naturales del cuerpo pueden contribuir a proteger la salud metabólica y vascular, especialmente en personas con obesidad.