Radiografía laboral del agro: la vitivinicultura encabeza la generación de empleo con 73 puestos por hectárea
Un informe del sector del vid revela qué actividad genera mayor impacto en el mercado laboral. Los números son contundentes: demanda hasta 36 veces más mano de obra que los cereales por unidad de superficie.
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La vitivinicultura se consolida como la actividad agroindustrial con mayor capacidad de generación de empleo por superficie cultivada en Argentina. De acuerdo con datos del Observatorio Vitivinícola Argentino, la actividad tradicional de San Juan y Mendoza lidera el ranking nacional con 73 puestos de trabajo por cada 100 hectáreas cultivadas, una cifra que deja muy atrás al resto de los principales cultivos del país.
El contraste es contundente. Mientras la soja -el cultivo estrella del modelo agroexportador- genera apenas 2 empleos cada 100 hectáreas, el maíz y el girasol alcanzan 3, el trigo llega a 6 y otros cereales promedian 8. La brecha expone una diferencia estructural en términos de impacto laboral: el viñedo demanda hasta 36 veces más mano de obra que la soja por unidad de superficie.
Los números globales refuerzan esa lectura. Según el relevamiento, el complejo soja ocupa cerca de 16 millones de hectáreas y genera 379.593 puestos de trabajo. En cambio, el complejo uva, con apenas 204.847 hectáreas cultivadas, sostiene 150.413 empleos. En otras palabras, una superficie significativamente menor logra un volumen laboral comparable al de los cultivos extensivos más difundidos.
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La relación entre tierra utilizada y empleo generado marca uno de los principales diferenciales de la vitivinicultura dentro del agro argentino. Se trata de una actividad intensiva en trabajo, donde intervienen perfiles que van desde cosechadores y operarios rurales hasta técnicos, maquinistas, transportistas y profesionales especializados.
Esta dinámica se intensifica durante la vendimia, período en el que se multiplica la demanda de trabajadores eventuales. La concentración de tareas en ventanas temporales reducidas obliga a las fincas a acelerar procesos de contratación y organización de personal, en un contexto donde la disponibilidad de mano de obra resulta clave para garantizar la cosecha.
Más allá del empleo directo, la cadena vitivinícola arrastra además un volumen significativo de puestos indirectos en logística, comercio, turismo, gastronomía y servicios. El impacto económico excede al viñedo y se traduce en movimiento comercial y circulación de ingresos en las economías regionales.
Los datos reflejan una realidad productiva difícil de ignorar: en términos de generación de empleo, el viñedo no solo compite, sino que domina ampliamente el escenario agroindustrial argentino.