Cuando La Rueca abrió sus puertas en 1979, era la tienda más
moderna y paqueta de San Juan. No sólo tenía las mejores marcas de ropa, con
los mismos modelos que se podían ver en las vidrieras de la calle Florida, sino
también un salón de cosmética de vanguardia, primerísimas marcas y
asesoramiento de expertas en belleza. Allí estaban los más exquisitos perfumes
importados, muchos de los cuales solamente se conseguían en este comercio.
Esta semana se conoció la decisión de su cierre definitivo y
la venta al 50 % de todas sus prendas para pagar los sueldos a los
trabajadores. Hace 5 años había 52 empleados y ahora son 18. La empresa debe el
alquiler del salón, que cuesta $300.000 por mes, y ya recibieron la orden de
desalojo.
En el 2001 La Rueca tuvo su primera crisis, "entró en
convocatoria y los empleados fuimos los que logramos salvar la tienda del
cierre en esa época”, contaron. El año pasado cerró la sección perfumería y un
año antes habían liquidado la mercería.
Pero ahora llegó el anuncio del cierre definitivo y esta
semana los dueños, Jorge Marún e hijos, ordenaron a los empleados liquidar todo
a mitad de precio para poder pagar sueldos.
Mario Morandi hace 25 años que trabaja en La Rueca y es el
delegado gremial. Contó que esta crisis comenzó hace un par de años. "Nos
dábamos cuenta que no ingresaban casi productos de temporada y nuestros sueldos
empezaron a fraccionarlos, en un mes nos llegaron a pagar en 9 veces. Después
nos pagaban con cheques que no se podían cambiar, así pagaban a los proveedores también. Ahí
recurrimos al gremio que empezó a presionar para que se normalice el pago”,
dijo Morandi.
El delegado cree que esta situación fue planificada por los
dueños para llegar a la quiebra. "Lo veníamos diciendo pero la decisión estaba
tomada, querían quebrar para no pagarle a nadie. Ahora, gracias al gremio,
vamos a tratar de que nos paguen la indemnización, aunque sea algo porque todo
seguro que no pagan”, señaló.
Otros empleados, en cambio, creen que la situación de cierre
responde a la crisis general y a los altos costos a los que tiene que hacer
frente el histórico local. "Acá todos estamos en blanco y eso es un costo alto,
los sueldos son los fijados en paritarias, promedio entre $10.000 y $12.000
según la antigüedad. Además el alquiler del salón es de $300.000, si las ventas
no acompañan es imposible mantener esos gastos fijos”, dijo un empleado que
pidió reserva de nombre.
Todo a la caja
Las ventas de esta súper liquidación son sólo al contado,
precisamente porque los empleados necesitan efectivo para poder cobrar. "Jorge
Marún vino a hablar, aunque el hijo está a cargo de la presidencia. Nos dijo
‘pongan todo a mitad de precio, lo que se venda es para pagarles a ustedes’.
Por eso queremos vender todo lo posible para pagar aunque sea dos sueldos
completos. Con el esfuerzo de todo el personal estamos vendiendo mucho,
queremos darle gracias a la gente”, dijo Morandi.
La plata que ingresa va a una caja fuerte y los mismos
empleados son los que llevan el control de lo que ingresa cada día. Sin embargo
tienen temor de que no les cumplan la promesa de destinar la mitad de esos
fondos para ellos.
"Estamos controlando lo que ingresa para cuando llegue el
momento saber cuánto entró. El dueño nos prometió la mitad pero todo esto es de
palabra, no hay nada escrito. No queremos que nos digan que no entró lo que sí entró. Esta vez sí
se llevan algo lo vamos a saber, pero no tenemos garantías de que cumplan”,
dijo con la mirada roja de pena.
Una de las empleadas
más antiguas
Graciela Morales ingresó a La Rueca en marzo de 1983, a la
mercería del local que tenían por calle Rivadavia. Cuando ese local cerró la
trasladaron al local de peatonal Tucumán. "Llevo 33 años trabajando, toda una
vida acá. Es muy triste todo porque gracias a los empleados logramos salir
adelante antes. Es triste que a esta altura de nuestra vida termine así esto”,
dijo.
Graciela vivió la época de oro de La Rueca, desde principios
del ‘80 al 2000, "excelente siempre a pesar que entró Falabella a San Juan
seguimos adelante, aunque muchos nos querían ver con otro rumbo siempre
seguimos adelante. Cerraron algunos sectores como blanco, perfumería, mercería
y seguíamos con lo que quedaba. Muchos
años dejamos acá y empeño que pusimos para seguir. Espero que podamos salir
adelante pero es muy difícil con la edad nuestra que nos tomen en otro trabajo”,
contó Graciela.
Dijo que con los dueños de la empresa siempre tuvieron buen
trato y buena relación. "El doctor Jorge Marún y Alberto Tewell que eran
socios, y después los hijos le dieron otro giro a la empresa. Los empleados
necesitamos este trabajo porque tenemos familia a cargo y ver esto ahora
derrumbarse es muy triste”, lamentó con voz quebrada.
El trato con las clientas de La Rueca es algo que se pierde
totalmente en las grandes cadenas internacionales. Las empleadas llamaban por
teléfono a sus clientas cuando llegaba el producto o la prenda que estaban
esperando y el trato era cordial, de relaciones tejidas a través de los años.
"Ese trato es único, personal, logrado a través de los años
y de mucha capacitación, es otro tipo de relación con la gente que no lo van a
encontrar en otro lado”, aseguró Morales.