En una zona vallada y súper custodiada, donde pocos tienen la posibilidad de estar, hay un mundo desconocido dentro de la Vuelta a San Juan. Es una especia de vivac donde los 168 ciclistas pasan los minutos previos a cada etapa y a donde arriban finalizada la misma. Allí es donde comen, se hidratan, festejan o se fastidian. Allí, además del hotel donde concentran, es donde pasan una pequeña parte de su tiempo cuando no pedalean.
Los boxes de las 27 escuadras, entre ellas 5 sanjuaninas, están ubicados uno al lado del otro. El personal policial y de la organización son los encargados de controlar los ingresos. Algún que otro aficionado puede colarse y burlar la seguridad para obtener la tan deseada foto con alguna estrella europea, como Fernando Gaviria. Otros salen de la comodidad, como Maximiliano Richeze, y se acercan a las tribunas para cumplir el sueño de los fanáticos.

Minutos antes de la carrera es pura tranquilidad. Los pedaleros, sobre todo los World Tour, esperan sentados debajo de los gazebos mientras el staff –algunos están compuestos por 8 personas entre mecánicos, médicos y masajistas- los acompaña para que todo salga perfecto y no tengan que preocuparse por nada. Los sanjuaninos, a diferencia de los europeos, tienen entre 4 y 5 colaboradores.

Después está la otra imagen, cuando finaliza la competencia. Los ciclistas regresan a sus boxes, a excepción de los que se adjudicaron una etapa o clasificación, y van directo al podio o control antidopoje. De regreso se hidratan (el seleccionado peruano elige una conocida gaseosa de cola), comen sándwichs de jamón y queso, dulces y cereales para recuperar energías.

Otros, antes de sentarse a beber o alimentarse, prefieren refrescarse. Como Sergio Aguirre, de Rawson, quien es asistido por su hija Ludmila. O Gerardo Tivani, quien tiene a su novia tirándole agua en sus brazos y espalda. El sol quema y mucho, y los ciclistas son quienes más lo padecen.


Concluida la jornada, los competidores son trasladados en combis a los hoteles. Allí algunos se sumergen en bañeras o tachos de hielo para recuperar los músculos y otros empiezan con las sesiones de masajes de unos 45 minutos antes de cenar.