La Vuelta a San Juan 2026 regaló este domingo una de sus jornadas más duras y emotivas. La segunda etapa, con 131 kilómetros de recorrido y un final exigente en el Alto de Pedernal, no solo puso a prueba las piernas de los ciclistas que siguen en carrera en esta 41ª edición, sino también las historias que cada uno carga detrás del casco y la bicicleta.
Y si hubo un nombre que se robó todas las miradas en la cima fue el de Tomás Moyano. El pedalero de 22 años, integrante del equipo Gremios-Municipalidad de Santa Lucía, levantó los brazos en la llegada de montaña y se quedó con una victoria enorme, de las que valen más que un simple resultado. Fue la confirmación de que nunca dejó de creer, incluso cuando la vida lo empujó al borde de colgar la bici.
El pibe puntano, considerado desde hace tiempo una de las grandes promesas del ciclismo argentino, atravesó hace un par de temporadas un momento límite: los problemas económicos lo obligaron a frenar, a reorganizar su vida y a sostenerse como pudo. En un país donde el deporte muchas veces no alcanza para vivir, el joven tuvo que combinar trabajo y estudio, mientras el sueño de ser ciclista profesional seguía latiendo.
Esa convicción fue la que lo empujó a volver. La oportunidad apareció cuando lo llamaron desde Gremios y, a partir de ahí, su camino comenzó a acomodarse de nuevo. Primero con el Campeonato Argentino y luego con otras competencias que lo fueron devolviendo a su lugar natural, arriba de la bici, compitiendo al máximo nivel. En ese regreso también fue clave el respaldo familiar y el acompañamiento de su entorno, un sostén silencioso pero determinante para que pudiera seguir en carrera.
Lo de este domingo, además, tuvo un condimento especial: el desafío del Alto de Pedernal, una llegada que no perdona, pero que esta vez se presentó con un clima menos agobiante que el habitual en San Juan. Ese detalle ayudó a que la deshidratación no fuera un rival extra y permitió que la batalla se definiera con piernas y estrategia. Y Moyano lo entendió así y lo celebró con madurez: valoró el trabajo colectivo de su equipo, destacó el esfuerzo que hicieron para sostenerlo en la etapa y dejó en claro que esto recién empieza, con una semana por delante que promete emociones fuertes.
Por eso el triunfo en Pedernal significó mucho más que una etapa. Para él fue un empujón directo al corazón, un premio a la insistencia y a la paciencia. Si bien ya venía con señales positivas -como su buen rendimiento en el Argentino de pista-, ganar en la Vuelta a San Juan tiene otro peso: es una de las carreras que marcan a fuego a cualquier ciclista de la región.
Moyano ya había mostrado su potencial en la Vuelta a San Juan 2025, cuando se quedó con la Sub-23 y se metió entre los diez mejores de la clasificación general.