A casi 25 kilómetros de la ciudad de San Juan, en una cancha que es más tierra que verde, el rugby se transforma en una enorme motivación para unos 15 chicos del departamento 9 de Julio. Con la luna como testigo y el bullicio que se hace sentir del fulbito que se juega a unos pocos metros, los chicos de Zorros Rugby Club comparten una hora de aprendizaje y diversión de la mano de una guinda. Con dos pelotas prestadas, con zapatillas, con escasas comodidades, le dan rienda suelta a una ilusión que los saca de la rutina diaria que, para muchos, está asociada a una finca.
No es un club como los que aparecen los fines de semana en los diarios deportivos, los que trascienden generaciones y cuentan con enormes predios y anexos con canchas de primera. En el este sanjuanino todo es a pulmón. Apenas cuentan con un espacio, con dos haches que se conservan desde hace años, que a veces debe ser compartido con otras disciplinas. No tienen baños, ni vestuarios. Tampoco botines acordes al terreno de juego y apenas son dos los que exhiben con orgullo alguna que otra camiseta de Los Pumas.
"Acá se hace un esfuerzo bastante grande. Para muchos es un deporte nuevo. Los que están en el plantel es porque les gusta el rugby. Tienen enormes ganas de aprender, por eso sumamos un día más de entrenamiento. Eso nos llena de orgullo, porque se nota que le están metiendo. Y eso te motiva a seguir, porque esas pilas ya están dando sus frutos", cuenta Joel Hobredor, entrenador.
Son aproximadamente 15 los chicos de diferentes edades que entrenan lunes, miércoles y viernes en la canchita municipal. Hay changarines, estudiantes, pero, sobre todo, deportistas. Todos hacen un esfuerzo grande para no perderse los entrenamientos, como Matías Escudero, quien recorre varios kilómetros desde Santa Lucía para integrar Zorros.
"Para nosotros todo es difícil. Estamos muy alejados de los clubes y si queremos entrenar en alguno de ellos, tampoco tememos facilidades con el tema de los colectivos. Yo soy laburante de finca, estoy en el campo, y a veces no cuento con qué ir", expresa Matías Vargas, uno de los refundadores de la institución.
El club tiene 15 años de vida, pero en el medio fueron varias las veces que, por falta de apoyo, tuvo que desaparecer del plano local. La única vez que llegaron a competir en un torneo de desarrollo salieron campeones: esa también fue la única vez que salieron a competir fuera del departamento. El año pasado, por insistencia de Matías y Joel, decidieron reflotar la idea de hacer crecer a Zorros Rugby Club.
Ivan Olmos, quien cumple la función de oficial de Desarrollo de la Unión Argentina de Rugby y además trabaja para la Unión Sanjuanina de Rugby, es la mano externa que reciben para soñar con integrar el torneo del que participan los históricos equipos de la provincia, como el San Juan Rugby, Universidad y Alfiles, entre otros. Su función prácticamente es la de colaborar no sólo con la parte deportiva, sino también con la humana: "Le damos algunas herramientas a los chicos, capacitamos a los entrenadores de acuerdo a lo que baja la UAR. Lo que buscamos también es darle difusión al rugby, ser visibles para lograr otras cosas. Lo que queremos es que la disciplina se mantenga y volvamos a tener los clubes que teníamos previo a la pandemia".
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La historia de Zorros Rugby Club