Ángel Oropel tiene 22 años y este sábado se convirtió en uno de los protagonistas del Giro del Sol al ganar la segunda etapa con un sprint que encendió a todo Chimbas. El joven ciclista, que corre con el corazón puesto en su departamento, vive un presente soñado: triunfa arriba de la bicicleta y está a un paso de recibirse en la universidad. Pero ese presente tiene raíces profundas en una historia marcada por la superación.
La adolescencia no fue sencilla para Ángel. “Cuando yo era adolescente sufrí bullying, y eso me motivó”, cuenta con una sinceridad que contrasta con la dureza de lo vivido. Lejos de derrumbarlo, ese dolor se transformó en impulso. Encontró en el ciclismo una salida, un refugio y, con el tiempo, su profesión. Pero nunca soltó la otra convicción que le inculcó su familia: estudiar.
“Hoy el ciclismo es mi trabajo, pero el estudio también es una prioridad”, explica. Cursa la licenciatura en Nutrición y, aunque la vida deportiva suele exigirle horarios intensos, aprendió a equilibrar todo. “En temporada baja, en invierno, me enfoco en la facultad y saco el mayor número de finales que puedo”, dice. Está transitando los últimos tramos de la carrera, una hazaña extra si se piensa que todo lo hace en paralelo a una preparación de alto rendimiento.
Su victoria en Chimbas fue pura emoción. “Es algo inimaginable. No tengo explicación para expresar tanta emoción”, afirmó después de cruzar la meta. Dedicó el triunfo a su gente: “Esto es un regalo para toda la gente de Chimba. Soy chimbero puro”. Y extendió el agradecimiento a quienes lo sostienen: “A Daniela Rodríguez, que apoya al ciclismo y a la comunidad; a mi equipo; al apoyo de Fernández; y a todos”.
Ángel además entrena a chicos y amigos del ambiente, a quienes les transmite lo que aprendió a fuerza de constancia. “Siempre les exijo disciplina y ser metódicos en todo. Uno se forma en la vida, porque no todo es ciclismo”, reflexiona.