Son más de las diez de la noche y en lo profundo del Jockey Club, donde la brisa helada traspasa la piel y los reflectores iluminan las canchas en medio de la oscura y enorme pista para carreras de turf, Axel se sienta en el verde y húmedo césped para cambiarse las zapatillas. Tiene puesto un pantalón corto que le prestó un compañero, y los botines y remera oficial del club que le regalaron mientras estaba privado de su libertad. No necesita más. "Yo antes pasaba en colectivo por la puerta del club y decía `qué hermoso, qué lindo debe ser jugar ahí, ser parte´. Hoy yo soy parte de esto y estoy muy contento. Yo soy feliz viniendo a entrenar, a jugar; a veces no tengo nada qué hacer y me vengo a tomar una coca", confiesa el joven de 22 años.
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Reinsertarse en la sociedad es uno de los desafíos más difíciles que deben enfrentar las personas que estuvieron en una cárcel. Pero Axel, quien con apenas 18 años cruzó los muros del Servicio Penitenciario de Chimbas para cumplir una condena de 4 años, halló en el deporte la forma para cerrar una página oscura de su vida. Mientras estaba detenido conoció a Espartanos, una ONG que ayuda a los presos a través del deporte, y comenzó a entrenar con ellos, abrazando un deporte que apenas conocía por Los Pumas. Claro, nunca imaginó que aquel deporte al que algunos consideran como "violento y elitista" iba a transformarlo en un abanderado de las segundas oportunidades.
"Empecé a jugar al rugby estando preso. Yo estaba en una unidad diferente a la de los chicos de Espíritu Rugby (así se llama el equipo que representa a Espartanos en San Juan), pero como les gustó cómo jugaba, me mandaron a pedir. Pero yo no sabía nada del deporte. Si bien había visto partidos y sabía que el pase era para atrás, no conocía nada más; no sabía que era un contracts o un lineout. Pero me empezó a gustar mucho, entonces comencé a aprender cómo era la disciplina y el juego", cuenta el protagonista a este medio, ubicado en el medio del rectángulo que lo hace feliz cada noche, cada domingo.
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Sus primeros juegos fueron en la canchita que está ubicada en la Unidad 2 del Servicio Penitenciario y está rodeada por un alambrado de más de tres metros de altura que separa a los internos del mundo exterior. Prácticamente eran 80 minutos sagrados que le daban un respiro en medio de la soledad en la que vivía inmerso: "Yo no llevaba una vida mala adentro del Penal, pero el rugby me alegraba mis días. Era levantarme y entrenar cuando se podía, cuando nos permitían salir. Pero cuando era día de entrenamiento, a las ocho de la mañana ya estábamos arriba para ir a la cancha. Y emocionado, porque era una recreación, porque me divertía. Un juego que me había empezado a gustar y me estaba cambiando la vida".
Aquel grupo de casi 60 internos y voluntarios de Espartanos se convirtió en una escuela de valores para él. Allí aprendió la importancia del respeto a las reglas, a la autoridad, al trabajo en equipo, al juego limpio, a la solidaridad y sobre todo, a la disciplina. El rugby fue el click que necesitaba para encontrarle un sentido a su vida, un sentido también a los suyos. "El rugby me ayudó muchísimo, me ayudó a cambiar la mente al cien. Pasaron cosas y te hacen cambiar. Un profesor que tenía en el Penal me dijo `tenés futuro` y ahí le empecé a dar. Le hice caso, también por mi familia y mi hija, a quien quiero darle un futuro", dice Axel.
Estando en la cárcel uno no gana ni pierde. Yo gracias a Dios pude aprender y cambiar, porque se puede. El deporte me ayudó en ese sentido, yo pude salir de un lugar oscuro por el deporte. Estando en la cárcel uno no gana ni pierde. Yo gracias a Dios pude aprender y cambiar, porque se puede. El deporte me ayudó en ese sentido, yo pude salir de un lugar oscuro por el deporte.
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Axel recuperó la libertad en agosto pasado. En enero de este año decidió golpear las puertas del club que está a pocos metros de su casa del Lote 32 y veía como "imposible", buscando una nueva oportunidad. En la institución de calle República del Líbano, Carlos Castro y Juan Manuel Dara, los entrenadores del plantel superior del Jockey, lo sumaron sin dudarlo. También hubo un fuerte respaldo por parte de los jugadores, quienes al conocer su historia lo integraron como a cualquier otro.
"Cuando nos contaron su caso y los chicos del club se brindaron a abrirle las puertas. Él cumple con una asistencia perfecta y una predisposición bastante aceptable para lo que es el grupo. Está aprendiendo mucho y se está adaptando. La verdad es que funciona bien. Obvio que le falta mucho por aprender, pero con las ganas que le está poniendo no me queda duda de que va a ser un jugador importante, un jugador que va a estar a la altura. Es una cuestión de tiempo. Imagínate que la mayoría que practicamos este deporte y está a la altura lleva varios años, y él recién lleva meses", dice Castro, su entrenador.
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Hoy el joven es el centro titular de la categoría Intermedia y crece a pasos agigantados, siendo también el primer exrecluso en formar parte de un Torneo Cuyano o provincial. Sus fines de semana los pasa en una cancha, en San Juan o afuera. Cuenta como anécdotas sus viajes a Mendoza y San Luis, provincias que no conocía, y la vez que vio a su madre alentándolo en un partido: "Es emocionante jugar un partido, con toda la gente del club apoyándote. Pero es más emocionante ver a mi mamá a un costado de la cancha, es lo mejor que me pasó en la vida. Puedo decir que hoy tengo una vida alegre, feliz y tranquila. Cambié mi mentalidad, claro. Trabajo arreglando impresoras, un oficio del que estoy aprendiendo mucho, y entreno todos los días". No necesita más.
"Espíritu Rugby", equipo por el que Axel conoció el rugby, nació en 2018 por iniciativa de la Corte de Justicia, la Fundación Espartanos y el Ministerio de Gobierno, de quién depende el Servicio Penitenciario. Juan Pablo Rattá, voluntario en San Juan, expresó la importancia de este proyecto que primero se desarrolló en Buenos Aires y después se replicó en el resto del país: "Nosotros intentamos a través del deporte, la religión y la educación, brindar herramientas a las personas privadas de su libertad para que puedan tener una mejor reinserción social. Lo de Axel, es un caso muy gratificante porque sus ganas de cambiar más su amor al deporte, puntualmente al rugby, lo ha llevado a sumarse a un club deportivo y poder transformarse en la primera persona que juegue el campeonato cuyano de rugby. La verdad realmente para nosotros esto es muy gratificante, nosotros somos voluntarios, no tenemos sueldos, lo hacemos por vocación y que suceda esto nos alimenta el alma".