Tres veces gritaron gol los jugadores uruguayos. El alarido se multiplicó con los hinchas que soportaban bajo la lluvia en Salvador de Bahía. Y los millones que lo seguían a través de un televisor a la distancia. Pero las tres veces la alegría derivó en frustración.
La primera acción ocurrió en el primer tiempo. A los 28 minutos, el ataque del equipo del Maestro encontró a Edinson Cavani recostado por el costado derecho. El delantero envió un centro bajo y punzante al corazón del área para la llegada de Giorgian De Arrascaeta que definió seco y a la red.
Pero enseguida el árbitro brasileño Wilton Sampaio levantó su brazo derecho señalando la posición adelanta de Cavani que correctamente había advertido el línea número 1, Kleber Gil.
En la segunda parte llegaron las jugadas más finitas. Y nuevamente los gritos de gol sin final feliz.
Otra vez Cavani se lanzó a la carrera, le ganó a la línea de fondeo peruana y definía con categoría por encima de Pedro Gallese. Ya estaba celebrando en el banderín del córner cuando se dio cuenta que el asistente 2, Rodrigo Correa, levantaba su banderín. Allí Sampaio, tal como indica la regla, esperó la señal del VAR para corroborar lo que había sancionado su asistente. La posición adelantada era milimétrica y Uruguay volvía a quedarse con las ganas.
Minutos después el karma le tocó a Luis Suárez, que apareció como un rayo en el área chica, para poner la punta de su botín, primerear a los zagueros, y salir a festejar el 1-0. Pero la historia se repitió. Acertó el línea Correa, el VAR mostró que el hombre del Barcelona estaba apenas adelantado y la Celeste seguía sufriendo por las situaciones perdidas.
Desde la intervención del VAR en el fútbol el trámite del juego sufrió modificaciones drásticas a las que habrá que acostumbrarse. Una de ellas es la actitud que deben tomar los asistentes en las jugadas de posición adelantada.
Ahora, el reglamento les indica que deben esperar hasta el final de la jugada para levantar el banderín: tienen que dejar seguir la acción ya que es preferible no frenarla por temor a que la decisión fuera errónea.