La relación -controvertida, punzante- de la Argentina y Chile en el fútbol es cada día más grande. La doble victoria de la Roja en la Copa América -2015, 2016-, derivó en una larga oscuridad en el seleccionado argentino. La nómina de la delegación tiene varios jugadores que crecieron en nuestro medio. De tímido participante a potencia, más allá de otros casos, con más historia y mejores intérpretes, Chile es hoy un equipo equilibrado, maquillado por la sapiencia de Reinaldo Rueda, un conductor lógico, sin excesos. La presentación del campeón se ofrece con la mejor recompensa: un exagerado 4-0 sobre Japón, uno de los invitados.
Alexis Sánchez explotó en River. Gary Medel marcó un suceso en Boca y José Pedro Fuenzalida mostró dos caras en las dos etapas vestido de xeneize. Gabriel Arias, el sobrio arquero, nació en Neuquén y se nacionalizó chileno. En el banco de suplentes, suelen esperar Pablo Hernández, de Independiente, y Gonzalo Jara, de Estudiantes. El torneo argentino potencia a los jugadores chilenos, generalmente antes de despegar rumbo a Europa.
Esa proyección internacional los encuentra en un escalón por debajo de los impactos conseguidos por Jorge Sampaoli y Juan Antonio Pizzi. Pero siguen manteniendo el fuego sagrado, más allá de que Japón le creó algunas situaciones de riesgo.
Serio y estructurado, de 62 años, el colombiano Rueda le agrega otra filosofía al torbellino de tiempo atrás. Es un equipo cerebral Chile, que golea con un exceso de efectividad. Un tanto de laboratorio -córner de Aránguiz, cabezazo de Pulgar-, dos de Vargas -12 gritos en la Copa América-, y una joya de Alexis.
El líder, como siempre -entre tantas caras conocidas que se mantienen- es Arturo Vidal, un volante que trasciende el círculo central. Está en todos lados, en un seleccionado que le agrada las grandes luces.
Fuente: Cancha Llena