Una exhibición de ganas, de fuerza, de voluntad, de humildad, pero sobre todo de pasión, fue lo que demostró el sanjuanino Matías Soto en El Villicum, uno de los cinco locales que durante este fin de semana fueron teloneros del SuperBike en San Juan.
No es la primera vez que la vida le pone pruebas, pero esta vez nada le iba a impedir cumplir su sueño de lucirse para el mundo en el imponente autódromo de Albardón y mucho menos se iba a quedar con las ganas de correr en su casa, con su gente, con sus amores alentándolo.
Matías se inició en el mundo del motociclismo con dos grandes maestros: sus padres. A los 13 tuvo que dejar la moto porque la situación económica de su familia no le permitió seguir. A los cinco años volvió y desde ese momento no paró más. Este año, ya con 29 y con mucha más experiencia, se preparó para ser uno de los cinco sanjuaninos que iban a estrenar El Villicum. A un mes de que ese fin de semana llegara, una lesión en el peroné lo amenazó con dejarlo fuera de competencia.
Se operó, hizo rehabilitación a contrarreloj y, si bien los resultados no fueron los esperados, le puso garra y corazón y este sábado y domingo participó de las dos carreras del GP3 de las Américas, que por primera vez se corrió en San Juan.
“Anoche no pude dormir del dolor. Me agarraba la cabeza, daba vueltas en la cama y casi no pude dormir. Ahora ando en la bici para todos lados para que no se me enfríe el cuerpo y no me vuelva a molestar”, expresó ante la duda de esta cronista al verlo moverse por los pasillos de boxes en bicicleta.


Emocionado, en exclusivo para Tiempo de San Juan contó cómo vivió, y que sensaciones le dejó este súper fin de semana.