Por Carla Acosta
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Se conocieron hace nueve años: él era el profe, ella la alumna. Las vueltas de la vida los separaron, pero cuatro años más tarde se reencontraron y, entre carrera y carrera, sellaron su amor en el altar. Se trata de Diego Elizondo (34) y Noelia Pizarro (24), el matrimonio de atletas que no se cansa de copar podios.
Vienen de un mes cargado de logros. En el Campeonato Nacional de Cross Country que se disputó en Rivadavia, con la participación de 46 sanjuaninos, él quedó segundo en varones y ella tercera en damas. Dos días después volvieron a cantar victoria, esta vez en la multitudinaria Maratón de San Juan: Diego se impuso en la 21K y Noelia entre las chicas. Sin dudas, un dúo explosivo.
“Sé que estoy en mi recta final, esa es la parte triste de la vida de un deportista. Pero ella está floreciendo, está en la edad donde tantos años de trabajo están dando sus frutos. Está en plena evolución. Cuando el físico no me responda más, estaré acompañándola”, cuenta el atleta.
Ambos empezaron de joven en el deporte. Noelia arrancó a los 15 en el Palomar, con la ilusión de convertirse en una gran maratonista y profe de Educación Física. Mientras que Diego, con la misma edad, descubrió la pasión por la disciplina en el Ejército. `Me era innato correr, me iba bien. Los profesores de Educación Física me vieron talento y me incentivaron para competir en los Juegos Evita. A los 16 años salí subcampeón argentino y ahí empezó todo”, comenta el ahora sargento del DIM 22.

La pareja comparte techo, carreras y la escuela `Diego Elizondo Team`, donde ambos son profes. Se dividen las tareas de la casa, pero la mandamás es ella. “Es raro que entrenemos juntos por las distintas tareas que tenemos. Mientras yo organizo las cosas de la casa, como la comida y la ropa, él aprovecha para ir a entrenar. En la tarde salgo yo”, cuenta Noelia.
En cuanto a la comida señalan que ambos comparten una dieta avalada por un nutricionista, aunque, una vez al mes, rompen la misma y se animan a la comida chatarra. “Nuestros alimentos son balanceados. Quizás yo soy el más estricto, pero siempre tenemos un permitido. A veces estamos cansados de lo mismo y nos vamos a comer una pachata o una pizza. Pero eso pasa una vez al mes, raro que sean dos”, dice el varón.
Casados desde hace dos años, la pareja sigue haciendo de las suyas en la pista, compartiendo un mismo sueño: los Juegos Olímpicos. `Sería un anhelo poder ir o sacar a un deportista que llegue a los Juegos`, afirma Diego, mirando a los ojos a su esposa.

