El bullicio se adueña de las calles del Barrio Cabot. Como cada tarde, antes de que oscurezca y deje a todos bajo la luz de la luna, jugadores, hinchas y dirigentes se concentran en el club que hoy está a un paso de hacer historia en el Federal C: Árbol Verde. Los más chiquitos juegan al fútbol y hacen firuletes con la redonda en los pasillos de tierra, como si estuviesen en el mismísimo Monumental. Los hinchas, sentados en las tribunas, observan con gran ilusión la práctica del equipo mayor. Por su parte, el presidente Carlos Gómez, conocido por todos como "Nino”, recibe a Tiempo de San Juan y muestra la intimidad del club arbolito, hoy en la mira después de las graves denuncias hechas por un dirigente de Murialdo de Mendoza.
Nino es del barrio, empleado público y desde hace dos años presidente de la institución. Lo que gana lo destina al club y los muchachos reconocen su generosidad. Lo quieren y lo apuntan como la persona que logró "un antes y un después en Árbol Verde”. "Hace dos años éramos un club conflictivo, hoy no hay ningún problema. Vienen las familias enteras a ver los partidos y no pasa nada. Comprendimos que si seguíamos haciendo quilombo íbamos a hundirnos”, cuenta Abraham Ávila, quien fiel al club de sus amores tiene puesta la camiseta del Verdolaga. Al comentario también se suma Sergio Zarate, quien a principio señalan como el jefe de la barra: "Todos decidimos unirnos para sacar al club adelante. Pusimos en orden a la institución para que no haya más problemas. Antes había mucha violencia pero ahora estamos ayudando a hacer muchas cosas para que Árbol Verde esté mejor”.
Con rostros de impotencia por el escándalo de la semana, pero totalmente ilusionados con el presente futbolístico, le hacen frente a las dos crudas realidades que los golpean. Mientras tanto va cayendo gente al baile y ya son más de veinte los fanáticos que se concentran en la tribuna. En la charla salta la palabra "discriminación” y todos apuntan a ella como el foco en cuestión en toda esta problemática. Zarate cuenta que en el partido ante Picón, en el 2013, su papá perdió el ojo como resultado de una gresca entre hinchas y efectivos policiales. Dice que aquella situación se generó a raíz de las ofensas y discriminación que sufrieron por parte de la Policía.
"Siempre está como instalado que somos villeros, negros, etcétera. Así pasa siempre. La Policía antes no quería venir al club, ahora es otra cosa. Ya no pasa nada aquí”.
Los simpatizantes no aceptan al término "violentos” y dicen que en el club hoy reina la paz. De hecho, hasta cuentan que en más de una oportunidad han observado hinchas infiltrados en su propia cancha y no reaccionaron: "Tiene que cambiar el tema de jugar sólo con hinchada local. Tiene que venir también la visitante. Tiene que haber más gente en la cancha. Esto nos ayudaría, sería más plata la que ingresa”, coinciden todos.
Pocos pesos
La mayoría de los simpatizantes pertenecen al Barrio Cabot, ubicado en el departamento Capital. Cuentan que además de alentar en la popular, colaboran con la institución tanto con la limpieza como cuando hay que sacar plata del bolsillo para algún gasto, como el jugo para los pibes de inferiores. También el plantel está conformado en su mayoría por los muchachos del barrio, quienes no gozan de lujos y llegan a cada entrenamiento en motos y bicicletas después de sus jornadas laborales. Ninguno recibe un peso por jugar al fútbol, lo hacen sólo por amor a la camiseta. Pero cuando hay algún partido importante y de gran recaudación, tienen un premio extra: después del encuentro ante Murialdo, gracias a la venta de entradas, el plantel recibió por primera vez 6 mil pesos, los que fueron repartidos entre más de 15 jugadores. "Todo lo que se hace es a pulmón. Nosotros cambiamos, queremos que la gente venga por acá y se de cuenta de cómo está el club hoy. Es mentira eso de que dejamos que los hinchas entren gratis. Tratamos de cuidar la cancha y que cada uno pague su entrada, un ingreso que ayuda a que el club crezca”, expresa el fana Raúl Olivera.
La institución arbolina tiene dos canchas, una con cierre perimetral en la que se juegan los partidos del plantel grande y otra precaria, de tierra, en la que entrenan los más de 40 chicos de la cantera. Tiene vestuarios grandes con duchas y hasta utilería. Durante la conversación aprovechan y muestran los camarines, señalando que son humildes pero "no son dos por dos y tampoco tiene agujeros en el techo como dijeron en Murialdo”.
Dolidos y con miedo
El escándalo con el club Árbol Verde arrancó en la semana a raíz de las fuertes declaraciones de Norberto Alonso, máximo dirigente de Murialdo. Alonso, después de que su equipo cayera ante los sanjuaninos por penales, quedando eliminados del Torneo Federal C, dijo que en Barrio Cabot "los barras caminan en las tribunas con puntas, hierros y palos. Nos pegaron en el túnel, en el vestuario”. El dirigente arbolino sale al cruce, expresa que están dolidos y con miedo pensando en el viaje que tienen que hacer el domingo 12 para enfrentar a Talleres en Mendoza: "El tema nos ha tomado a todos por sorpresa porque es una mentira. Que pregunten a la Policía si hubo un incidente en el club. Fue un partido que se desarrolló con normalidad. No pasó nada extraño. El informe del árbitro no dice nada de lo que ellos han declarado. Ahora tenemos miedo cuando vayamos allá, no sabemos qué puede pasar”.
Nino afirma que esto es una estrategia de Murialdo para dar vuelta el resultado. "Somos un club humildad nada que ver con su infraestructura. Ellos tienen movilidades de última gama y lo nuestros andan en bici y moto. Por ahí viene la mano, ellos que son un club de gran inversión quedaron afuera ante un club humilde como nosotros. Por eso dijeron esas cosas, quieren dar vuelta el resultado”.