No trajeron asistentes, tampoco mecánicos ni vehículos de asistencia. Están sólo con su moto, su casco y un par de pertenencias. Son los pilotos más pobres dentro de un campamento que muestra dinero a los cuatro costados. Duermen poco y nada y un camión de logística de la organización les lleva solamente un bulto a cada campamento. No tienen mucho espacio y deben repartirlo entre herramientas y ropa para quince días.
Después de arduas jornadas, donde el cansancio y la temperatura son agotadoras llegan al vivac, toman sus pertenencias y tienen pocas horas para arreglar la moto, cenar y dormir para largar al otro día a largar. Son los obreros del Dakar, los que vienen por la aventura y están 24 horas al servicio de la carrera. También lo más arriesgados y los que comienzan a sentir más rápido las condiciones extremas de esta carrera. Pero vienen por esa experiencia, por ponerse casi al límite de lo imaginado en el raid más peligroso del mundo. Son los valijeros, los verdaderos aventureros del Dakar.
Eric Palante era uno de ellos. El piloto belga que murió en la fatídica quinta etapa entre Chilecito, La Rioja, y Tucumán tenía mucha experiencia en este raid. Era el undécimo que participaba. Sin embargo, no pudo contra el cansancio, la deshidratación y las pocas energías que dejó esa jornada en los cuerpos desgastados de cada competidor. De hecho fueron 31 las deserciones en ese tramo, que despertaron críticas y opiniones encontradas.
Debido a que no tenía asistentes, Palante escribía día tras día en un sitio web sus vivencias, que por cierto también servían para dejar tranquilos a familiares y amigos del otro lado del mundo. Su Dakar era mucho más sacrificado que el de otros. Él era uno de los valijeros, de los que se quedan hasta tarde en una pequeña carpa en el vivac preparando todo para salir bien temprano.
Con el correr de las etapas van quedando en el camino. Sus rostros son los más castigados y se nota el enorme desgaste diario. Pero ellos no se detienen en detalles y ven el final como un gran anhelo a cumplir. Quizás, sin mirar que sus vidas puede quedar en el camino a cumplir ese objetivo, más ligado al orgullo y superación que a la simple competencia deportiva que los motiva.
Comenzaron quince en Rosario pero más de la mitad ya dijeron basta a tanta exigencia física o a problemas con sus motos que impidieron seguir. Sin embargo, quizás vuelven el año próximo en busca de revancha. Son los obreros del Dakar, los verdaderos aventureros.
miércoles 29 de abril 2026



