Víctor Hugo: –¿En qué anda, Beto?
Alberto Márcico: –Me dediqué a la construcción. Hice cuatro emprendimientos hasta ahora. Como todo, empezó con la mano del Viejo Timoteo. Tanto me decía Carlos Griguol que comprara departamentos, comprara departamentos, tanto me insistía... Un tiempo después, un día estaba comiendo con un amigo y se me ocurrió aprovecharlos. Empecé a vender departamentos y pude hacer un emprendimiento en la calle Godoy Cruz 1577, y en siete meses se vendieron todas las unidades. Encima, salí quinto en una encuesta de los más lindos emprendimientos. Fue hace siete años. Bueno, Héctor Cuper, con su cuñado, construyó medio barrio de Caballito en la zona de Pedro Goyena. Desde ahí se nota la mano de Griguol…
–Se lo ve con buena pinta.
–Todos los días yo hacía entre 12 y 18 kilómetros en la cinta. siempre me gustó. Pero un día me empezó a doler mucho el ligamento lateral. Mucho. Lo fui a ver al doctor Jorge Batista y fue él quien me diagnosticó: infarto de rodilla. Una cosa rara, pero... Se va en un año, un año y medio. Claro que yo ya tengo 52 años… Pero hace tres meses volví a correr.
–¿Ha soñado alguna vez que está jugando, que está dentro de una cancha de fútbol?
–No, para nada. Alguna vez escuché decir a Gabriela Sabatini que una vez que dejó de jugar, le molestaba hasta recibir premios. Ya está. Pasó esta etapa.
–¿Tampoco le dio por ponerse a dirigir luego de la experiencia que tuvo con el Maestro Tabárez?
–No, no, tampoco. Primero me largué como ayudante del Maestro, y fue una experiencia excelente. Y luego trabajé solo en Nueva Chicago. Pero me pasó algo feo, más allá de que me apretaron. El día a día no me gustaba. Y siempre Griguol me aconsejó: al jugador todos los días tenés que decirle y repetirle las cosas para que las incorpore. Incluso en la charla técnica. Y a mí, todo eso me cansaba. Hasta poner los conitos me cansaba...
–O sea que nunca más con ningún equipo...
–Lo que por ahí me gustaría es ser mánager para la educación de los chicos y de los grandes. Sin mezclarme mucho. Posiblemente, como lo hace Bassedas en Vélez. Con perfil bajo. Sin meterse en el equipo.
–¿Tampoco se prende en algún picadito con los amigos?
–No, desde que dejé, no jugué nunca más. Sí, suena raro. Yo lo entiendo. Lo que pasa es que fui a jugar un par de veces con amigos, pero había muchas peleas, muchas puteadas. Y entonces dije basta. Yo ya no estoy para eso. Ya no me quiero pelear más…
–Ni que le peguen una patada...
–Sabe, Víctor Hugo, que eso no me molesta. Yo siempre estuve preparado. Pero lo otro sí me molesta. Ya está…
–Tuvo en su salida un corte abrupto como abrupto fue su comienzo en el fútbol.
–Tiene razón. Yo me fui a probar a los 19 años y medio a Ferro. En esa época yo estaba trabajando de cadete. Ese día de diciembre terminé a las cinco de la tarde de trabajar y fui con mi hermano mellizo. En ese entonces, estaba Cacho Giménez como entrenador de las inferiores. Me vio, jugué bien, ya de 9, y me propuso que me llamaba para una prueba. Acepté, pero yo no tenía ni botines. Sólo zapatillas. Entonces, me tuve que comprar unos Fulvence amarillos y negros. Yo siempre jugaba en la plaza Virrey Vértiz en Brandsen y Hornos, en Barracas, cerca de la cancha de Boca... Pero yo jugaba con las Flecha que se rompían adelante, en la puntera de goma... Al fin, un día me llamaron y me probaron en un partido de tercera división. Fui de suplente y el equipo perdía por 3 a 0. Cacho, faltando 15 minutos, me llamó y me hizo entrar. La cuestión es que en la primera que agarré metí un golazo de potrero, gambetée dos veces al arquero… Cuando entré al vestuario, me dijo que fuera el lunes siguiente para firmar la ficha, que había quedado. Sólo había jugado 15 minutos...
–Ya iba por los 19 años...
–Seguro, lo que pasó fue que mis padres siempre quisieron que yo trabajara. Y lo hacía desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde, y luego entraba en el secundario. Yo terminé el colegio en tiempo y en forma. Porque nunca fue una prioridad mía la de ser jugador de fútbol. Yo era hincha de Boca. Era realmente fanático. Incluso era socio del club y no faltaba los partidos que jugaba Boca en La Bombonera. Hasta le pedía autógrafos a los jugadores. Pero la verdad que no se me daba por ser jugador. Tenía otras prioridades. Y eso que en mi casa nunca faltó el mango...
–¿Sigue teniendo gran apego con Francia?
–Sí, por supuesto. Voy cada siete meses. Uno de mis hijos vive allá. También está allá mi ex mujer. Y con mi otro hijo, que es francés y se vino a vivir acá hace cuatro años, hablo constantemente el idioma. Voy a la Alliance muy seguido... Tengo un gran recuerdo.
–¿Por qué siempre cayeron tan bien los argentinos en Francia?
–En el Toulousse, el club al que yo fui, a los argentinos nos aman. Antes estaba Ángel Marcos, que se quedó a vivir allá y ahora trabaja en la televisión francesa como comentarista y columnista. Pero los afectos varían según las zonas. Por ejemplo, París es muy jugador brasileño. En cambio, Toulousse le va mejor a cualquier argentino. En Bordeaux, les van mejor los jugadores alemanes. Pero lo que diferencia al fútbol francés es que en tres o cuatro toques, tenés que estar debajo del arco. Todo a un toque. Ojo, nada de pelotazo, de pase al medio de la cancha… No es como el italiano, que si tenés que pasarla para atrás desde mitad de cancha, lo hacen sin ningún problema. El francés debe ser del fútbol más rápido que hay.
–¿Tuvo problemas de adaptación a ese juego?
–Por supuesto. Yo me tuve que adaptar. Yo jugué con un 9 rapidísimo, iba a dos mil por hora. (Yannick) Stopyra era un jugador raro. Técnicamente, hacía dos jueguitos y se le caía la pelota. Muy pobre en ese sentido. Pero jugando a un toque era un fenómeno. Te la pasaba de 40 metros y de la daba al milímetro, al pie...
–Al volver de Francia, ¿qué fue lo que más extrañaba?
–No, lo que pasó es que yo volví a Boca. Yo volví a mi casa. Yo viví en Brandsen 1737 hasta los 24 años. El primer partido que jugué en La Bombonera, cuando terminó, me fui caminando entre la gente. Estaba casado... Y los hinchas me dieron 750 mil besos. Cuando llegué a casa mi ex mujer me dijo; “¡Andá a bañarte ya mismo!”. Lo que pasa es que estaba acostumbrado: allá, en Francia, salía caminando de la cancha, pero claro, no tenía ningún inconveniente. Ni siquiera ahora que está cambiando un poco, la pasión que hay acá no va a existir nunca. Es otra sociedad muy distinta.
–Entonces, otra vez a adaptarse de estilo de juego...
–En ese entonces yo ya tenía 32 años. Yo quería seguir jugando de la misma manera. Tiraba rápido los pases. Pero no. No se puede, y me tuve que adpatar. Era muy diferente el entrenamiento. Allá no se hace fútbol.Todo rápido, velocidad. Volví con 12 kilómetros todos los días en los entrenamientos. Fue un cambio rápido.
–Pero usted siempre fue un jugador muy duro.
–Le cuento una cosa. Cuando debuté en Primera, yo me acalambraba a cada rato. Y un día me agarró el Viejo (Griguol) y me dijo: “¿Sabés por qué es eso? Por no haber hecho las inferiores como corresponde. Ahora lo estás pagando. No tenés base física.” Me acalambraba, me desgarraba. Igual que cuando llegué a Francia, que otra vez el cuerpo me pasó factura: me lesioné varias veces por la velocidad del juego.
–Lo suplió con talento.
–Y con entrenamiento. Ellos entrenaban a la mañana y yo a la tarde me entrenaba solo. Siempre me preocupé. No hay nada que no se pueda mejorar con el entrenamiento. Hasta ser más veloz se puede.
–Y le quedó como hábito...
–Me encanta correr. Hace muy bien a la cabeza. Un americano, no recuerdo el nombre, decía que lo primero que hacía cuando se levantaba a la mañana era subirse a la cinta y correr. Se subía con diez problemas y cuando se bajaba tenía tres o cuatro soluciones para cada uno.
–Hablemos del fútbol actual...
–Ahora veo poco fútbol, pero veo al Barcelona. Eso sí que me gusta.
–Lo demás no le gusta...
–No, hay mucha agresividad. Hoy todos te piden tarjeta amarilla… Ahora muchos le pegan bien a la pelota, pero la mayoría apuesta muy poco a jugar. Mirá cómo salió campeón Banfield. Cancha chica, pelotazos y pum. Viejo… yo les digo que jueguen un poco. Los técnicos apuestan a eso. El fútbol ahora es mucho más aburrido. Griguol siempre decía que en velocidad es mucho más difícil tener técnica. Pero él, a los zurdos los hacía practicar por derecha, y a los diestros por izquierda para cobrar más técnica. Los demás ponían carrileros. Yo siempre lo cargué al Kily González: “Por tu culpa, ahora todos quieren ser carrileros.”
–¿Qué jugador de los que juegan hoy en la Argentina le gusta más?
–Leandro Paredes juega realmente bien. Pero no hay que apurarse con él. Tiene gol, tiene pegada, pero tiene 18 años.
–¿Le puede pesar a Paredes el excepcional reconocimiento de un jugador como Riquelme?
–No, para nada. Al contrario. Ese apoyo le hace bien. El otro día festejó como lo hacía Román. El apoyo de Riquelme lo mejora y lo potencia. Con lo que hay que tener cuidado es con el entorno. El de él y los de los otros. Los pibes de hoy no le dan valor al esfuerzo. Les importan mucho más los contratos, los pases, la fama.
–Parece ser tan lógico como inevitable, pero hay que ver cuánto ocupa en la cabeza de los chicos eso. ¿Cómo es la relación de la tentación natural de los pibes con las mujeres, la noche, el sexo, el descuido, la fama?
–La tentación es muy grande. Siempre existió la posibilidad, pero hoy es mucho más grande que en mi época. Hoy hay mucho más dinero de por medio, más mujeres, más boliches, más dinero, más alcohol, más drogas… Más todo. Antes, la mayoría se casaba y hacía su carrera de jugador casado. Hoy los futbolistas conocen a sus mujeres en un boliche, o en un show… Y así duran.
–Por lo menos, por ahora no pasó eso con Paredes...
–Es bueno que aparezcan jugadores como él. Es bueno que aparezcan enganches. Es muy bueno. Fuerte, con pegada. El otro día hizo un partido fantástico. Claro que Racing es muy especial: tiene muchos pibitos y depende mucho de ellos. Y además, Saja no anduvo bien, a pesar de que es un muy buen arquero. Me gusta mucho. Pero está el tema de la pelota y cómo le pegan ahora.
–Viborea muchísimo.
–Hay una forma de entrarle con el empeine para que la pelota vivoree mucho. Como le pega Ronaldo. Fuerte. Ese es otro jugador que me encanta. Rooney, también. Pero están escalones debajo de Messi, lejos, diez pisos... Me hace reír Ronaldo cuando dice “Yo estoy acá”… Tiene velocidad, cabecea, goleador, le pega bien, pero quiere hacer todo él solito…
–Y los compañeros lo quieren matar...
–Claro, el compañero nota esa actitud agoísta. Y no le gusta nada. Ese personaje Ronaldo lo armó sobre todo en España, en Inglaterra no se lo permitían tanto. Igualmente, ojo, es realmente un jugadorazo.
–Volviendo a Boca, ¿le gusta Pol Fernández? A mí me parece que es un pichón de Burruchaga...
–¡Nada menos! Me hablaron muy bien de él. Esta época se parece a la del 2002, cuando con el Maestro hicimos surgir pibes como Battaglia, Matchart, Perez, Giménez. Usted no sabe la educación que tenían esos muchachos, lo que trabajaban... eran bárbaros. Ahora, esto me lleva a pensar en cómo cambió el vestuario en diez años. Cambió la sociedad, y también cambió el ambiente del fútbol. Hace diez años no había Internet y ahora hay miles de páginas y de periodistas partidarios, y los jugadores cuentan todo por Twitter. Y la tele que muestra todos los detalles. Así es mucho más difícil mantener una disciplina. Y el barullo se te termina metiendo en el vestuario.
–Decía antes, Beto, que estéticamente, lo seduce el Barcelona.
–Sí, claro. Se fue Pep Guardiola y este muchacho, Vilanova, es lo mismo.
–Por lo que dice, no le debe gustar mucho Mourinho.
–A mí me gusta el estilo de Guardiola. No, Mourinho no me gusta nada. Guardiola me gusta hasta cuando declara. También en eso me hace acordar a Griguol.
–Timoteo es la medida de todas las cosas...
–Totalmente. Uno viene de esa escuela. Por eso me gusta tanto Guardiola. El Viejo estaba siempre con León Najnudel… ¿Sabés lo que era tomar un café con Najnudel?
–¿Qué equipo de aquella época recuerda especialmente?
–A mí me fascinaba el Loco Gatti, era uno de mis grandes ídolos. Lo iba a ver: ese equipo formaba con Gatti, Pernía, Sá, Rogel y Tarantini; en el medio estaba el Chino Benítez, Suñé y Marito Zanabria. Y adelante se alternaban Ponce, Felman, Mastrángelo, Chupete Guerini. También estaba Ferrero.
–¿Y uno en el que usted estuvo?
–Uh, sin dudas el que dirigía el Maestro. En el arco estaba Navarro Montoya. Después Soñora, Simón o Medero, Giuntini, Mac Allister; el Negrito Villarreal, Giunta, el Chino Tapia. Y adelante jugábamos Cabañas, Manteca Martínez y yo…
–Qué tres nenes adelante…
–El paraguayo, ¡qué jugador! Bajaba y se juntaba con Giunta. Te mataban en el medio. Al Colorado siempre lo cargaba... Yo le decía: “Con los pases que me das, me hacés contracturar acá y acá y acá…” Hasta en los laterales me hacía mal los pases…
–¿Y uno de los de Ferro?
–Otro más, sin duda. Barisio; Gómez, Cúper, Rocchia, Garré; Carlitos Arregui, Cacho Saccardi, Cañete; Crocco, yo y Juárez. También jugó el uruguayo Julio César Jiménez, otro fenómeno. Me acuerdo de un relato suyo, Víctor Hugo, de cuando Julio César jugaba en Vélez. En un partido contra Argentinos dijo: “Los que vinieron a ver a Diego (Maradona) se encontraron con Julio César Jiménez.” Un jugador sensacional. Lo tuve como compañero. Él me llevaba a todos lados. Yo era su suplente, pero se desgarró y Griguol me puso a mí. Y me seguía llevando, pero me decía en joda: “Encima, vos que me sacaste el puesto…”.
–¿A quién sigue viendo de aquella época?
–A Boca. Soy fanático…
–Me refería a sus compañeros...
–A Blas (Giunta). Es el Ferguson de Almirante Brown (risas). Un tipo fenómenal.
–Como jugador, su contracara…
–Pero yo miraba cómo ese muchacho se tiraba al piso y él miraba cómo yo jugaba… Yo le decía: “Blas, no podés tirarte al piso así. Vas a matar a uno…” Giunta es un tipo muy generoso, buena gente. Habla muy poco. “Mejor, porque sos una bestia humana”, lo jodo yo. Los jugadores lo respetan y lo quieren porque saben que dice las cosas de frente, que es derecho, que nunca te va a hacer nada por atrás. Y eso que tuvo posibilidades de irse… Belgrano de Córdoba le ofreció un dineral. Instituto también. Pero prefirió quedarse en Almirante Brown. Lo que pasa es que quiere dirigir ir a Boca…
–Lo ve alguna vez como técnico de un vestuario como el de Boca?
–¿A Blas? ¡Cómo! Por supuesto. Tiene más posibilidades que otro. Tiene la personalidad para hacerlo. Tiene conocimiento y tiene un juego que se puede adaptar a Boca. A su historia. En aquel equipo que mencionaba, el Chino Tapia, Villareal, Cabañas y yo jugábamos bien. Y el resto era todo garrote. Esa es la historia de Boca. Tres que jueguen y el resto, garrote…
–¿Cómo lo ve a Boca hoy?
–Hoy está bien. Es uno de los mejores equipos. Lo que pasa es que el campeonato argentino es muy irregular. Por falta de buenos jugadores, de entrenadores. Hay buenos, pero vos antes ibas equipo por equipo y había cinco, seis en cada uno… Pero, ¿sabe qué pasa?, no había tanto empresario. Hoy te llevan hasta tipos de segunda línea… ¡Y además lo que pagan! Mire el Paris Saint Germain: Pastore, 48 millones de euros… A Ibramovich, un 9 terrible, no lo quiere nadie, pero es un goleador espectacular.
–¿Cuántas veces en su carrera veía los diarios y se agarraba la cabeza, diciendo que lo que aparecía no era verdad?
–Y, muchas… Cuando pasó aquella historia, eso de Halcones y Palomas. Adentro no pasaba absolutamente nada. Había dos personas que no lo querían a Navarro Montoya, dos jugadores, pero no yo. Yo me llevaba muy bien con el Mono. Y un día aparece con un chichón en la cara y dijeron que yo le había pegado. Pero no: se había golpeado en un gimnasio con un aparato.
–¿Le duele ver a Ferro como está?
–Sí, por supuesto. Y más cuando veo que otras instituciones están tan bien. Por ejemplo, Vélez es el Ferro de los ‘80. Es un club serio. Lo que demuestra que se pueden hacer cosas así. Ferro está recuperándose de a poco. Pero le cuesta. La mano es muy difícil. Está en convocatoria.
–Con los árbitros, ¿cómo se llevaba?
–Muy bien. Me gustaba mucho Francisco Lamolina, el Tano Calabria, Luis Olivetto. Lamolina te dejaba putear. Se acercaba y te metía un cortito… Me dejaba usar los codos… Por el contrario, no me gustaba Castrilli, ¡tres veces me echó! A mí me molestaba mucho el defensor rápido, que lo pasaba y se me venía rápido otra vez encima. Y por eso usaba mucho los codos, los brazos. Castrilli me amonestaba siempre por eso.
–Y los defensores adversarios, ¿a quiénes prefería?
–A mí me gustaba enfrentar a Ruggeri, a Trossero, no me agarraban más… Los encaraba y chau. El problema era pasarlos, porque si la parabas, te mataban… Me pasaba algo parecido a lo que le pasaba a Maradona. Trabajé en la Selección con Diego y siempre lo veía: era chiquito, pero no lo movías por nada.
–Hoy la mitad de la cancha es una furia…
–Se juega fuerte y rápido. Acá son más guachos. En Francia me decían: a los argentinos, en la cancha les gustan todos los vicios.
–Además, ahora la diferencia es mínina. Deberían venir jugadores, como Pablito Aimar, por ejemplo, para hacerlo.
–Antes, los equipos grandes hacían diferencia. Ahora es todo muy parejo. Vélez, por ejemplo, seguro que va a ser campeón. Pero para mí jugó muy mal este torneo, mereció perder contra equipos de menor calidad.
–Por eso pesan tanto los buenos...
–¡La diferencia la hacen tipos como Riquelme o la Brujita Veron! Sebastián se volvía loco en la cancha. Estudiantes con él era otro equipo. Salió campeón de América. ¡Y cómo manejaba el equipo dentro de la cancha!, ¡y cómo defendía a sus compañeros! Fue un ejemplo impresionante hasta el último partido que jugó.
–Yo creo que tiene que ser presidente de la AFA. Dos años en Estudiantes y a la AFA.
–Los dirigentes son bravos. Es difícil agarrar ese lugar…
–¿Lo ve a Riquelme volviendo a Boca?
–Yo pensé que no volvía nunca más. Cuando escuché la declaración de que estaba a disposición de Boca me llamó la atención. Demuestra que algo hubo. Es muy pícaro.
–¿Qué jugador argentino se le pareció más a usted?
–Uh..., Carlitos Tévez: en el 2002... El Maestro Tabárez lo puso de titular. Tiene potencia, gol. Y mucha personalidad.
–¿Usted era un jugador cabrón?
–No, no, yo tenía mi personalidad…
miércoles 6 de mayo 2026





