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Bodas de sangre/A 10 años de la muerte de Oscar Garro

Ni la bolsa ni la vida

Fue el último gran boxeador sanjuanino, campeón argentino y sudamericano iba rumbo al título mundial cuando sus problemas con la justicia cortaron su carrera. Su muerte por un disparo policial, hoy todavía no esta clara y dejó muchas dudas. En el ring nadie pudo con él, terminó invicto, pero abajo tuvo su cuenta final muy joven. Una historia de gloria y ocaso. Por Fabio Cavaliere.

Por Redacción Tiempo de San Juan

"La semana que viene voy a retomar los entrenamientos", dijo el boxeador que acaba de escuchar su condena a tres años y por la que zafaba por ser un delito excarcelable. Pero fue interrumpido por su entrenador, nada menos que Juan Carlos Pradeiro (aquel maestro que  había llevado al titulo del mundo a Víctor Galíndez y Miguel Castellini): "Usted, la semana que viene va a hacer los trámites para sacar el pasaporte. Le vamos a buscar una pelea lo más pronto posible y cuando tenga el pasaporte vamos a ir al exterior a buscar el título mundial". Sin embargo, su pupilo, el sanjuanino Marcos Oscar Garro, campeón argentino y sudamericano de la categoría gallo, jamás volvería a pelear.

Tres años después de aquel diálogo en el Palacio de Tribunales de Capital Federal, la madrugada del 5 de noviembre del 2002, el púgil era abatido por un disparo policial en un supuesto robo y cuando se preparaba nuevamente para su postergado regreso con los guantes.

Fue en un depósito de la AFIP de Capital, muy lejos de su Villa Paula natal y aún más lejos del ring, ese lugar donde no dejaba dudas, donde vapuleaba a sus adversarios con su velocidad y manejaba la distancia. Martillaba con golpes lineales rectos y utilizaba su buena pegada con la derecha. De movimientos poco clásicos, su boxeo no lucía pero era efectivo.  

Por otra parte, poseía el plus que se busca en el box: “Se la bancaba, se la aguantaba”, dijeron los especialistas de la disciplina que consultó este cronista. La prueba está, en que nadie recuerda alguna vez que lo hayan derribado, amateur o profesional nunca tocó la lona, su record de 21 peleas ganadas (9 por nocaut) habla por sí solo.

Tenía destino de cinturón mundial, él mismo dijo en aquel juicio que por esa causa ya había perdido dos oportunidades de pelear por el título. Sin embargo, los golpes que lo tumbaron los recibió abajo del cuadrilátero y sin chance de revancha.  
 
1°Round

El último de 9 hermanos, nació el 26 de julio de 1969 en una familia humilde la Villa Paula de Chimbas. Su hermano mayor Víctor empezó a boxear y el pequeño Topo, como le decían desde niño, se entusiasmó con ese deporte aunque se iniciaría recién a los 20, luego de concurrir a un festival en el Club Julio Mocoroa. Esa noche, siguió hasta el camarín al entrenador Eduardo Fernández y le dijo  que quería boxear. “Yo le pregunté si era para aficionado o para competir, me dijo que era para competir y el lunes siguiente vino a entrenar.  A los dos meses le hice hacer guantes”, recuerda hoy quién también guió  a Mauricio “Gringo” Cabrera y sus hijos “Fito” y Ezequiel.

En el campo amateur este pugilista retacón ganó 35 peleas y perdió 2. “Esas dos las perdió porque se le salió el hombro”, apunta Fernández (años después a Oscar se le descubriría un problema de falta de calcio). 

No obstante, aquel joven introvertido, humilde y sencillo nunca fue muy apegado a la disciplina del gimnasio y al entrenamiento diario. “Él venía los lunes para ver cuando había festival, si había entrenaba si no se iba y volvía cuando había pelea”, cuenta Fernández.

Siempre le gustaron los bailes, en Chimbas era habitué de El Tabo, un salón de fiestas que funcionaba donde hoy está el Colegio Andacollo, y de La Megadisco (en Buenos Aires iba al Reventón de Once). Incluso, fumaba y tomaba aunque “no se notaba”, lo que evidencia el talento que tenía para el deporte.

Así, surgió a la consideración en el Campeonatos de los Barrios y los Guantes de Oro. Su debut profesional fue en abril de 1993, en el Mocoroa, con Hilario Heredia y ganó por nocaut en el 4° round.  

Su campaña siguió en ascenso y luego de 6 victorias profesionales en la provincia, en 1995, decide viajar a Buenos Aires con una carta de recomendación a Pradeiro, que por entonces se  desempeñaba como entrenador y encargado de la Federación Argentina de Box.

Allí, tuvo un importante desarrollo y en septiembre de 1997 le llega la chance del titulo Argentino de la categoría gallo que se encontraba vacante. Enfrente le plantaron a Víctor “Cococho” Godoi,  que con un récord de 22 victorias (21 KO) se presentaba como una de las mayores promesas del boxeo argentino.  Esa noche, en la FAB, Garro le dio una paliza e hizo la mejor pelea de su carrera.

La esquina del chubutense, que luego sería campeón mundial supermosca, frenó el castigo en el 10º asalto. 

Así, el chimbero se transformó en el sexto sanjuanino de la historia en ser campeón argentino.  Algo que no ocurría desde los tiempos de Víctor Echegaray (también de la mano de Pradeiro).

Al año siguiente, el hombre que en ocasiones caminaba el ring con displicencia y desafiaba al rival con la guardia baja abrochó el campeonato sudamericano, frente al brasileño Wellington Vicente.

Era tiempos de gloria y reconocimiento, un artículo de la época del Diario Olé hablaba de una chance de la Unión Mundial de Boxeo por el título ecuménico, ante un africano.      
Pero esa consagración sudamericana sería su última pelea, los fantasmas de sus problemas con la justicia, ya estaban de vuelta.        
 
Segundos adentro

Una cuestión indiscutible es que Garro siempre estuvo rodeado de malas compañías por lo que enfrentó varias causas en la justicia hasta terminar un año preso en el Penal.  Su episodio más grave fue en 1991 justamente al regresar de un baile, con un amigo y una chica que acusó a este de violación y también comprometió al boxeador (por un hecho similar fue la condena  en Capital que mencionamos al principio de la nota).  

Asimismo, tuvo otras causas por tentativa de robo y tenencia de drogas. Su abogado y amigo de la infancia, César Jofré, aclaró que era por “porros” y que sus causas eran por hurtos. “Él  no era de andar con armas, lo que pasa que era un tipo respetado y se la bancaba por eso los amigotes lo buscaban para robar”, dijo Jofré al ser consultado.  

Es más, Garro fue protagonista de un episodio que copó las portadas de los diarios del país. En abril de 1998, y luego de retener el cetro argentino, fue llevado del ring a la comisaría (ver recuadro) por una causa pendiente y por la que fue condenado, como dijimos al principio.

Aunque unos meses después ganó el sudamericano, fue ahí que comenzó su derrotero. Sus dilemas con la ley lo privaron de salir del país en su mejor momento y lo alejaron del deporte.    

Con una vida sentimental desordenada (tuvo 8 hijos de 6 parejas distintas) y con apenas 29 años su estrella se fue apagando. Por su inactividad, la FAB lo despojó de sus títulos y volvió a San Juan.  

Cuenta final
Fue en 2002, que Pradeiro seguía confiando en el talento de su pupilo y vino a buscarlo especialmente a la provincia para que viajara a Buenos Aires, ya tenía pactada una pelea en diciembre. Una vez allí, Oscar casi ni fue a entrenar y desapareció a principios de noviembre. 

Su cuerpo (que estaba como NN) fue reconocido en la morgue recién el 2 de diciembre. Tenía un balazo y por varios días la prensa nacional informaba que el ex campeón había sido asesinado.

Una semana después se conoció la versión de la Comisaría 8° de Capital que daba cuenta de que Garro fue abatido accidentalmente por un policía, tras ingresar a robar a un depósito de la AFIP, contiguo a la casa donde él se alojaba. 

Este cronista se reunió con la madre y cuatro hermanos del ex boxeador que aclararon que con las ganancias de su carrera había invertido en departamentos y autos para trabajar de remiss. “No tenía necesidad de andar robando”, dijeron al tiempo que cuestionaron la versión oficial, pues  se sabe que en ese edificio fiscal no había dinero aunque si equipos informáticos.    

Su hermano Dante Garro, Principal del ejército cumpliendo funciones en Río Gallegos, dijo que el expediente era una “truchada, una estupidez”, por eso decidieron poner un abogado e iniciar un juicio. “El policía que estaba de guardia dijo que empieza una persecución, se cae y la pistola se le dispara, la bala atraviesa una puerta y mata a mi hermano. Aunque se comprobó que el disparo le ingresó por el hombro y le sale por el pecho”, relató Dante que remarcó que en el legajo figura que junto al cuerpo se encontró una abrochadora que el policía creyó un arma y que el púgil estaba alcoholizado por lo que resulta “imposible que entrara por una ventanita”. 

“A mi hermano lo hicieron boleta, yo se que antes había tenido problemas con la policía”, continuó el militar que averiguó que aquella noche Oscar estuvo en la casa con “un amigo y dos locas”, que nunca declararon. Ese “amigo” le dijo que se fue a los las 5 de la madrugada y Garro quedó dormido con una de las mujeres: “Para mí fue una entregada,  lo mataron en otro lado. Lo habían torturado, tenía quemaduras en el cuerpo y quebrado el codo, la muñeca y el tabique. Si se mandó una cagada, bueno, la aceptamos; pero cuando vimos lo del legajo decidimos hacer juicio”. Finalmente la causa quedó cerrada y no hubo condena.   

El Topo tenía 33 años, el hijo de la Villa Paula y del Mocoroa, soñaba con un regreso triunfal o al menos despedirse ante su gente en San Juan. La campana no pudo salvarlo y no tuvo revancha.   

TAPA DEL DIARIO
Portada de los diarios. La tapa del diario Clarín del  27 de abril de 1998 refleja el curioso episodio que vivió Oscar Garro  luego de defender su título argentino. La noche del sábado tuvo un gran comienzo pero un final pésimo para el sanjuanino. En el ring, noqueó en el 4° round a Néstor Paniagua. No lejos de ahí, en la guardia de la Comisaría 5 miraban la pelea por televisión. Al verlo, algunos policías recordaron que tenía orden de captura por una causa de violación que tenía abierta desde hace tres años. Un rato después, en la puerta de los estudios de América 2, donde se hizo la pelea, el boxeador se encontró con una sorpresa: lo estaba esperando la Policía, que se lo llevó detenido en un patrullero.

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