Por lo general a menudo se conoce más sobre el tramo de la Cabalgata a la Difunta Correa que el gauchaje realiza desde la villa cabecera de Caucete hasta Vallecito, pero muchas cosas interesantes se viven horas previas, cuando cientos de personas comparten noche en un mismo lugar donde no falta la celebración, camaradería, el disfrute y la atención puesta en que el animal pase una buena velada de descanso.
Tiempo de San Juan recorrió los rincones del predio Ex Bodega “El Parque”, ubicado en las inmediaciones del Parque Libertadores de América y la Terminal de Caucete. Allí, las historias abundan.
Las imágenes que regalaba el lugar eran de lo más pintorescas. Se podía encontrar por ejemplo con el grupo de amigos que lleva años compartiendo cabalgatas, instalados cruzando mates y chicanas.
El frío se hacía sentir al avanzar la noche, y el fuego tomaba protagonismo en los diferentes sitios donde se ubicaron familias completas, las distintas agrupaciones gauchas y grupos de amigos que desde hace un año esperaban volver a vivir la cabalgata. Al lado de las cálidas llamas, no faltó la parrilla con algún corte de carne que comenzaba a despedir ese olorcito que cautiva cualquier paladar. También tuvo gran presencia el disco, con preparaciones que resultaban una delicia a la vista.
“Lleva mucho tiempo previo de preparación, porque no hay que olvidarse de nada. La ropa que vamos a usar mañana, la comida para la noche, el mate, el abrigo, la comida para los caballos. Todo tiene que ser calculado antes para solo venir y disfrutar”, comentaron desde un rincón del predio donde el mate iba a venía de mano en mano.
También se había dispuesto un espacio que se podría describir como el “pasillo gastronómico”. Puestos de comidas, food truck y hasta una pequeña kermese para los más pequeños había a un costado del predio, ofreciendo tanto opciones saladas como dulces, calientes y frías, para todos los gustos.
Con el paso de las horas el lugar comenzó a tomar color, vida y calor. Cada vez más personas arribaban al lugar para instalar sus vehículos, desplegar los toldos, armar las carpas que serían el albergue para pasar la noche y organizarse para la cena. En algún que otro sector se escuchaba algo de música, pero siempre respetando el entorno. En otros sectores, niños de distintas edades alistaban sus caballos acompañados de algún adulto, o simplemente jugaban y reían. A lo lejos se escuchaba un “que lo cumplas feliz”, y en las carpas vecinas se sumaban al canto y el aplauso final.
Quienes año tras año participan de la cabalgata, viven la noche previa de distintas formas. Hay quienes señalan que tienen el cuerpo más cansado, por lo que aprovechan para recuperarse tras el primer tramo, preparándose para lo que será el último trayecto. Otros aprovechan para reencontrarse con amigos, compartir, y disfrutar de uno que otro brindis. Sea cual sea la situación, se destacó lo mismo en cada lugar: el respeto prima durante la noche en el predio, algo propio del código del gauchaje, señalan.