La familia de la Escuela Agrotécnica de Zonda está muy contenta, es más, hasta se puede llegar a decir que se ubica desde esta semana un escaloncito por encima de la felicidad. Después de años de pelearla codo a codo para mantener y dar pronta y adecuada respuesta a la demanda de los alumnos, este reconocido frente de educación ha empezado a ser objeto de una importante transformación que, entre otras obras, incluye aulas nuevas, salas técnicas completamente equipadas y un salón de usos múltiples (SUM) que permitirá –con la mejor- burlarse de las inclemencias del tiempo.
Esta reforma edilicia, que está llamada a repercutir positivamente en la enseñanza, tiene un plazo de obra de 18 meses y está a cargo de la empresa Terusi, ganadora del concurso de licitación. Quienes se acerquen por el lugar podrán apreciar que ya se ha empezado por la quita de algunas viejas y precarias construcciones, que durante muchos años fueron de gran utilidad.
Es justamente en esta irrupción del progreso la que, más allá de despertar una gran alegría, también pone en escena nostálgicas anécdotas y uno que otro sentimiento encontrado entre el personal de la Agrotécnica. No hay que olvidar que muchos de ellos, haciendo uso de sus manos, dinero propio y tiempo libre, construyeron techos para atajar el sol, levantaron chimeneas para combatir el frío y pusieron a full su inventiva recicladora para dar la mayor comodidad al alumnado, el cual también aportó con sentimiento de pertenencia su granito de arena a la hora de trabajar.
Nelson Daniel Ahumada, coordinador de Actividades Prácticas, Alberto Perelló, secretario, Germán Olivares, prosecretario, Juan Guajardo, instructor de Vivero, Marcelo Trotta, instructor de Granja, Veterinaria y Forraje, y Carolina Mansut, miembro del personal de Maestranza, son algunos de los actores de esta historia y pueden pasarse horas –que pueden volverse días literalmente- recordando historias vividas y disfrutadas, ahora a la distancia, como una auténtica familia. Hacia el punto que miren de las casi 8 hectáreas que tiene el predio se se topan con un recuerdo.
"Esta estructura la hicimos nosotros porque no sabés el frío que hace aquí en invierno y los chicos no podían estar”, comenta Daniel mientras invita a pasar a un precaria salita de troncos techada con maderas, chapas, plásticos y seguramente algún otro material más.
En un rincón del lugar se erige una chimenea. "Esa la hicimos con Juan y la ayuda de los chicos. Era imposible estar acá, pero por suerte siempre hemos encontrado la manera de tener más comodidad”, repasa Ahumada.
Y así, a medida que se van conociendo los distintos espacios, salen al cruce anécdotas. "¿Viste ese corral? Fijate bien”, dice Marcelo Trotta. "Está hecho con botellas de plásticos y cemento porque era lo más fácil que podíamos conseguir para hacerlo. Cuando vinieron del Ministerio a tomar medidas para armar el proyecto no lo podían creer”, completó.
Siempre se las ingeniaron para tirar hacia adelante. Algunas veces por la buena predisposición de gente agradecida, otras por echarle ganas a la cosa y otras por algún que otra ‘mangazo’ que semejante fin justificaba. En el medio, la suerte de nunca haber tenido un contratiempo con riesgo cierto para algún alumno o miembro del personal.
"Dios es de la Agrotécnica, siempre lo he dicho” pronunció Ahumada tomando nuevamente la palabra. "A pesar de haber tenido que echar mano a construcciones precarias, nunca hemos tenido que lamentar más que un martillazo en el dedo o algo así. Por ese lado siempre hemos estado protegidos. Por suerte, ahora vamos a tener todo nuevo”, agregó.
Ahora todos se abrazan mirando al futuro que ya los atrapó. Están deseando contar, por una vez, con viento a favor desde el punto de vista material. Más que claro está que recursos humanos hay para hacer dulce –por cierto, bien ricos son los que se producen en esta agrotécnica-.