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Rosa Romero

La madre de los inundados del Médano

Sobrevivió el terremoto del ´77 y con esa experiencia, más una buena dosis de humor, decidió encarar la contención y logística de las familias evacuadas en la zona del Cristo Pobre. El equipo autogestionado llegó a dar de comer a 130 personas por día. Por Ernestina Muñoz

Por Redacción Tiempo de San Juan

CANAL 13

Con el revuelo que fue Ingrid Grudke, casi que se perdió la historia de esta matrona que dejó su casa para ayudar a los inundados en el Médano de Oro. Rosa Romero trabaja en el CIC del lugar porque siempre fue chispita.
"Directamente abandoné 3 días mi casa, que está al lado. Es mi forma de ser. Siento una responsabilidad, la asumo y veo si me da para llevarlo o no. Aprendí de mi mamá a ir recuperando cosas de a poco. En el '77 perdimos la casa. Pero este fue un terremoto de agua", compara. El fatídico aguacero del 14 de febrero fue el día en que esta humilde mujer dejó su casa para instalarse en la escuela Cristóbal Colón. No como evacuada, sino como líder carismática en medio de la coyuntura.
"Marcelo, Susana y Vanesa fueron los primeros en sumarse al equipito que armamos", relata. "Ese primer viernes llegaron 64 familias, algunos tienen 10 hijos, otros 14, otros vinieron con sus nietos". Con tanta gente revolucionada, lo primero fue organizar el alojamiento y contener las emociones colectivas.
"Cada noche iba variando la situación. Hubo mujeres que estaban con sus hijos y los papás dormían en el rancho, para cuidar lo que quedaba. Después se vinieron todos. Nadie calculaba que todo esto pasara, aunque estamos acostumbrados. Pasamos dos piedras y dos lluvias en menos de 5 meses y se agregó la del 14. A todos nos fue mal. Los que tenían ladrillo se les llovieron techos. Y varios ranchitos se cayeron del todo", explicó con aplomo.
La situación llegó a corroer la sólida moral de los rawsinos. "Venían a dar algo y los chicos se iban afuera, se mojaban, no los entendíamos. Pero es que ellos estaban preocupados porque los grandes estábamos preocupados y ansiosos, pendientes de qué va a pasar con tu futuro, qué vas a comer. Otros se nos iban y los perdíamos. Era el desorden interno", contó.

Organizar la convivencia
"Desde el primer día se coordinó con el CIC y el municipio de Rawson la ayuda y desde Obras Públicas compraron el gas para bañar a los chicos. Venían embarrados, se bañaban y les poníamos la ropa seca que nos daban", contó Romero.
Susana y Vanesa se encargaron de la cocina. Ordenaron las viandas que primero les llevaban del municipio y luego la mercadería donada. "Dijimos que se priorizara la necesidad de otros. Cuando había mucho, mandábamos a la escuela Vera Peñaloza, Provincia de Misiones y América. A pesar del momento, hay que ver que no éramos los únicos", dijo Rosa.
La dirección de la escuela fue el depósito de donaciones "y el lugar de reserva para conversar, porque también hicimos de psicólogos. ¡Había que contener a tanta gente!".
"Los papás, que se podían mojar un poquito más, tenían para limpiar las galerías y pasillos. Esto era un barrizal", comentó. Las mamás organizaban las camas y levantaban los colchones para ordenar las aulas durante el día. "Se nos paraba la gente acá en la puerta de la escuela y qué íbamos a hacer. Se los hacía entrar. Tuvimos el sábado 130 platos de comida para hacer, también para los que venían a trabajar.
"Creo que lo resolvimos bien. Seguro hay gente que no está conforme pero estamos agradecidísimos del gobierno a nivel nación, provincia, departamento y CIC. Muchos se volvieron aunque estaban de vacaciones y yo los animaba diciéndoles que como era Día de los Enamorados, cenábamos afuera, a la luz de las velas y la lluvia", cuenta pícara.
"Muchos recién están cayendo en la realidad. Tenemos que ser nuestros propios psicólogos. Y tenés que contar lo que viene. El que puso tomate lo perdió y los que están acá adentro también perdieron su trabajo. Espero que estén muy bien ahora con la casita porque si se me van a desplomar no sé qué hacer", comenta risueña.
Ya casi no quedaban damnificados en esa zona, Cristo Pobre, del Médano de Oro. Donde se cayó un rancho comenzó la edificación de los módulos habitacionales. La enésima reconstrucción.

 

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