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Columna

El juego siniestro con los jubilados y el vetador Milei

No habrá aumento para el pueblo trabajador: un presidente con plan colonial y espadachines que mandan a pegarle al que piensa distinto. Crónica de un golpe a los más vulnerables.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Eduardo Camus

En estos 9 meses y especialmente en las últimas semanas hemos podido ver, una vez más, la MISERIA PLANIFICADA que supone el ejercicio del poder por parte del gobierno nacional. Repasemos los acontecimientos: el Senado sancionó la ley de reforma jubilatoria -aprobada previamente en Diputados- que aumenta las jubilaciones en un 8,1% y modifica la fórmula de actualización mensual atándola a la inflación. El presidente Javier Milei la vetó, finalmente y tal como había amenazado el lunes 2 de septiembre. Entonces, los jubilados salieron a las calles.

El gobierno insiste en su mantra del "déficit cero", sin importarle que una jubilación mínima –de menos de 300 mil pesos- no cubre ni las necesidades básicas. En lugar de avanzar hacia un futuro próspero, sacrificamos el bienestar de nuestros mayores. El vocero Manuel Adorni ya había anunciado que el Presidente vetaría “cualquier medida que amenace el equilibrio fiscal”. Ese mismo día, las fuerzas de seguridad, dirigidas por Patricia Bullrich, reprimieron con violencia a los jubilados que protestaban. Un país que maltrata a sus mayores está destinado al fracaso y la vergüenza, porque quienes no respetan a sus propios ciudadanos más vulnerables, nunca podrán aspirar a la grandeza.

Argentina no es un país cualquiera; es la patria de Maradona, quien en 1992 defendió a los jubilados con firmeza. Sus palabras aún resuenan: "Yo defiendo a los jubilados, ¿cómo no los voy a defender? Hay que ser muy cagones para no defender a los jubilados". Mientras algunos en el gobierno eligen el olvido, nosotros mantenemos viva esa memoria de lucha. Los argentinos salimos a la calle a defender a nuestros viejos cuando son atacados. A la vista está en todos esos videos de la represión que se viralizaron, en los que muchos compatriotas les hicieron frente a los efectivos de la policía, que sin ningún tipo de vergüenza, pudor o reparo agredían a los jubilados que, no hay que olvidarlo, salieron a reclamar por una demanda más que justa.

En este mismo medio, hemos escuchado de primera mano los testimonios de jubilados de nuestra provincia, quienes relatan las dificultades que enfrentan diariamente para subsistir con sus pensiones. Muchos se ven obligados a saltarse comidas, no por elección, sino por necesidad. Ya no se trata de renunciar a pequeños placeres; a miles de argentinos se les está negando el derecho a satisfacer sus necesidades más básicas. Ni hablar de lo que implica para cualquier jubilado poder acceder a medicamentos tras los recortes al PAMI, que significó que la canasta de remedios gratuitos se achicara un tercio desde que comenzó la gestión del presidente Milei. Otro de los desafíos que enfrentan los jubilados es el impacto devastador de los aumentos en los servicios como la luz, el agua y el gas. No hace falta ser economista para comprender que una jubilación de 300 mil pesos es insuficiente cuando más de la mitad de ese monto se destina solo a cubrir servicios y medicamentos.

En un esquema de cachetada tras cachetada, la reacción social muchas veces es el ahogo. Ahogo, ensoñación, una especie de vida paralela que nos intenta ubicar siempre de un lado del ring. Y aunque cueste creerlo, el gobierno anarco-libertario pretende hacernos creer que los enemigos son los jubilados. Por un lado, asado para los "héroes parlamentarios" de la casta; por el otro, recorte a PAMI.

¿Cómo no estar del lado de los jubilados? Ellos son nuestros padres, nuestros vecinos, nuestros abuelos. Es una cuestión de principios básicos: defenderlos es defender nuestra historia y nuestra dignidad como sociedad.

Los jubilados que hoy sufren la insensibilidad del gobierno libertario, cuyo objetivo no solo es desmantelar el Estado, sino también socavar los valores de solidaridad que nos definen como pueblo, fueron trabajadores a lo largo de toda su vida.

Nos separan tres décadas de los reclamos de la valiente Norma Pla, que hoy, como en un loop siniestro, están más vigentes que nunca. "¿Qué somos, delincuentes nosotros, que nos ponen tantos policías?". La frase pertenece al ícono de resistencia contra las políticas liberales del menemismo. Hoy, se repite la historia.

Este ataque no es solo contra los jubilados, sino contra todo el pueblo trabajador. En cada jubilado hay una historia de esfuerzo, de sostener familias, de construir lazos y de forjar futuros. El aporte de los jubilados a nuestra nación es incalculable, y negarles una vejez digna, empujándolos a la vulnerabilidad, es una injusticia que no podemos ni debemos tolerar. Que los mismos diputados que presentaron el proyecto después apoyaran el veto de Milei no solo degrada la política, sino que traiciona al pueblo. Mientras tanto, un diputado nacional cobra el equivalente a 22 jubilaciones mínimas al mes. ¿Cómo no va a haber una crisis de representación? ¿A quién representan si no son capaces de defender a los jubilados?

El ensañamiento contra los más vulnerables es una traición a los principios fundamentales de la democracia. Como hemos señalado antes, en "Milei tiene razón: la casta existe", este gobierno está socavando la esencia democrática. Más allá de los partidos, el verdadero espíritu de la democracia es promover la dignidad humana. Cualquier gobierno responsable debe velar por el bien común, protegiendo a los más frágiles: niños, ancianos, enfermos, y garantizando que nadie pase hambre.

Como es de público conocimiento, la ministra Sandra Pettovello ha decidido suspender la distribución de alimentos ya adquiridos, lo que no implicaba ningún costo adicional para el Estado. Esto desmiente el discurso que se viene repitiendo en loop: "No hay plata". Sí hay recursos, pero están siendo utilizados en contra de las verdaderas necesidades del pueblo. La denuncia de Juan Grabois por incumplimiento de los deberes públicos y abandono de personas sigue el lento curso judicial, mientras los pibes siguen yéndose a dormir sin cenar. Lo peor es que no solo están dejando pudrir alimentos, sino que ni siquiera llevan adelante la ejecución de programas internacionales contra el hambre, como el PNUD. ¿Tan mala leche se puede ser? Es crueldad, hay hambre, hay necesidad.

Están llevando adelante una nueva etapa civilizatoria a partir de la miseria planificada. Nos quieren pobres, indefensos, sin fuerzas. Esta es la lógica colonialista que se ha repetido en toda América latina: no necesitan trabajadores, ni siquiera consumidores (es alarmante la caída de compra de alimentos y medicamentos); solo quieren allanar los caminos para el saqueo de estas tierras.

Este plan tiene una inquietante similitud con el implementado por el ministro José Alfredo Martínez de Hoz durante la dictadura más sangrienta de nuestra historia. No estoy afirmando que el gobierno de Milei sea una dictadura, pero su modelo de saqueo económico es comparable. Para quienes duden, basta recordar la valiente carta abierta de Rodolfo Walsh, escrita al cumplirse el primer año del golpe militar del 24 de marzo de 1976. Un breve resumen:

  • Buenos Aires, 24 de marzo de 1977 (…) En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, […] En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. […] Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, […]Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977 […]

Más inversión en seguridad interna (represión) y menos en salud, trabajo y educación. Es un modelo que parece sacado del pasado, pero que estamos viviendo hoy. Negar a los jubilados una pensión digna que compense tantos años de trabajo es solo el comienzo. El gobierno de Milei no se detiene ahí: para consolidar esta injusticia, utiliza la represión, organizada por Patricia Bullrich, quien aplica con gusto el protocolo de seguridad anti piquetes para reprimir, incluso a los jubilados.

Una vez más, debemos resistir estos ataques y demostrar el valor que tenemos como pueblo. Somos una comunidad solidaria, unidos por una historia compartida. No permitamos que el odio nos derrote. Sigamos los ejemplos de grandes figuras como Maradona, Perón, Evita y San Martín, quienes siempre lucharon contra la injusticia en defensa de los más vulnerables. Lo hagamos con la alegría de no ser vencidos, don Arturo ya nos enseñó “El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza.”

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