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DÍA DE LA VISIBILIDAD TRAVESTI TRANS

Cupo laboral trans: la historia de tres sanjuaninas que lograron derribar prejuicios y salir de la invisibilidad

Erika, Emma y Verónica son tres de las cinco mujeres trans que trabajan en el Estado Provincial. Tres historias sanjuaninas de superación y lucha colectiva.

Por María Agostina Montaño

Cuando Emma Romero (34) era adolescente, estaba parada en la esquina de su casa, con el guardapolvo de la escuela puesto y las carpetas en la mano (volvía de la escuela), pasó un patrullero y se la llevó presa. Acababa de empezar su transición con una hormonización muy precaria, sugerida por otras chicas trans que estaban en el mismo camino que ella. En ese momento, el Estado no se hacía cargo del tratamiento al que hoy accede la comunidad trans de forma gratuita. Pero las compañeras la ayudaron para no sentirse sola en el proceso.

"En segundo año del secundario empecé mi transición porque conocía a otras chicas más grandes que me decían: tenés que animarte, tenemos que dar un gran cambio", cuenta.

Emma Romero trabaja y estudia Letras en la Facultad de Filosofía, su sueño es poder ser profesora, algo que le quedó pendiente.

Eran los 2000 y la sociedad sanjuanina no estaba preparada para el pelo largo que Emma se había dejado crecer, ni para la forma en que depilaba sus cejas, la discriminación era, además, institucional. La Policía la perseguía y reconoce que, de no haber sido por la contención familiar hasta habría abandonado sus estudios en el Colegio Provincial de Santa Lucía.

Para Verónica Araya (39) no fue muy distinto. A los 11 años se dio cuenta de que no se sentía bien con el nombre que figuraba en su DNI y empezó el largo camino de la transición. A diferencia de Emma, Verónica fue abandonada por su familia y tuvo que irse de casa. Hoy, asegura que se fue con todo el dolor en su corazón por tener que dejar a sus padres.

"A los 12 me tuve que ir de casa y hoy estoy terminando mis estudios, me estoy capacitando en lengua de señas y estoy trabajando en la Secretaría de Medioambiente de la provincia", relata Vero.

Vero es la presidenta de ATTTA, la Asociación de Travestis Transexuales y Transgéneros de Argentina y la militancia fue fundamental en su vida. Fue esa militancia, por les compañeres es la que hoy le permite tener su primer trabajo registrado, en el Estado Provincial.

Verónica Araya es presidenta de ATTTA. Ahora quiere terminar su secundario mientras estudia lenguaje de señas y milita por una Ley Integral Trans para les compañeres.

En la actualidad son 5 las chicas trans que fueron incorporadas mediante contratos laborales para trabajar en distintos ministerios del Gobierno de San Juan y está previsto que ingresen 10 más en los próximos meses. Cabe destacar que, además, hay otres que pudieron insertarse en algunas reparticiones municipales.

Vero se define como "una sobreviviente" y teniendo en cuenta que la esperanza de vida para la comunidad travesti trans es de 35 a 40 años, la palabra sobreviviente cobra otro significado.

Antes de entrar a trabajar a la Secretaría de Ambiente, donde hoy cumple su jornada laboral, Verónica fue trabajadora sexual y peluquera. Hoy está terminando ese secundario que se vio interrumpido cuando decidió visibilizarse y su marido, con el que está hace más de 20 años, fue quien le enseñó a leer y a escribir.

Erika Manrique (41) trabaja en Ministerio de Gobierno en el área de la Subsecretaría de Derechos Humanos hace dos años y fue una de las primeras incorporaciones del Estado provincial.

Erika Manrique se esfuerza por capacitarse y aprender cada vez más, sobre todo en materia de Derechos Humanos.

"Soy una mujer que luchó durante años para poder tener una vida digna. A través de estos largos años y conquista de leyes pudimos lograr la identidad que era lo fundamental y eso me terminó de construir en la mujer que soy ahora", sostiene Erika.

Para ella también fue fundamental la contención familiar y lo agradece todos los días. De hecho, ella pudo romper muchas barreras que otres en su situación no. "Yo estudié Enfermería hasta tercer año, en una universidad como es la Católica de Cuyo que es super ortodoxa y comencé ahí mi transición. Fue muy difícil, teníamos que disfrazarnos y por eso yo pude hacerlo", recuerda.

Un recuerdo amargo que se repite entre todas las personas de la comunidad travesti trans es ese, el de tener que disfrazarse, de hombres en el caso de las chicas trans o de mujeres en el caso de los chicos para que así les permitan estudiar, trabajar y para que su familia no les excluya.

Cuando la pregunta es por el futuro, por cómo se ven dentro de diez años, ninguna esboza un deseo egoísta, de esos que todos tenemos. Es que mientras el resto soñamos con la familia o la casa propia, las personas travesti trans sueñan con más derechos para les compañeres. Se conciben en familia, como una comunidad, nunca de forma individual.

La pregunta es: ¿Cómo te ves de aquí a diez años?. "De aquí a diez años lo único que espero es que el cupo laboral trans se cumpla y no solo en la parte pública, sino en la privada también", sueña Emma.

Para Verónica pensar en el futuro es "que las compañeras podamos extender nuestra expectativa de vida" y para Erika la esperanza de una jubilación: "Me veo acompañando a otras chicas para que puedan tener una vida digna".

La comunidad que formaron es una familia y sueñan en colectivo. "Si una consigue algo, lo queremos para todas", asegura Emma. Se dieron cuenta de que es la lucha en compañía la que las puso hoy en el lugar donde están. Un lugar que de ninguna manera es un privilegio sino más bien una reparación.

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