A un mes del femicidio de Yoselí, su madre habló por primera vez: 30 días conviviendo con el peor dolor
Jésica Pereyra recordó a su hija como una niña alegre. Dijo que se siente apoyada por la comunidad, que quiere despertar de la pesadilla en la que se convirtió su vida. Pidió Justicia.
Yoselí Rodríguez Pereyra tenía 11 años cuando su primo Juan Carlos Rodríguez la violó y la mató el 1° de enero del 2022. Todo sucedió en Media Agua, Sarmiento. Yoselí era una niña muy alegre, de esas que bailan y cantan a toda hora. Su madre, Jésica Pereyra, la describió como un cascabel, llena de energía. Jésica no puede llorar, el femicidio de su hija la paralizó. Desde hace un mes, cree que está viviendo un sueño, una pesadilla de la que va a despertar. Pero no. Es verdad. Y a su Yoselí se la arrebataron. Esta joven madre de 30 años habló por primera vez con la prensa. Con la mirada perdida, dijo: “No puedo, me levanto por ellos”, señalando a los cuatro hermanitos de la primera víctima del año de un femicidio.
Jésica, la madre de Yoselí: "Solo me queda la Justicia".
La familia Rodríguez vive en la calle Quiroga, una especie de callejón de ripio muy cercano a la Ruta 40. Hay dos lotes muy grandes, en los que están distribuidas unas diez casas de distinto tamaño. En una de las parcelas, las casas forman una herradura en la que se juntan los niños a jugar. Son más de 20 los niños, a los que un grupo de psicólogos asiste tras el femicidio de Yoselí. Jésica atiende al equipo periodístico de Tiempo de San Juan en la puerta de su casa, algunos de sus hijos corretean por ahí. Otros se aferran a su pierna. Ella los agarra con las manos. En uno de sus antebrazos se puede ver un tatuaje. “Familia”, escrito con cursiva, con un símbolo del infinito al costado.
“Yo te digo que escuchaba noticias de niñas abusadas y fallecidas en la televisión y en la radio y no podía ni terminar. Dejé de ver las noticias. Le pedía a Dios que no me fuera a pasar y me pasó. Me está tocando a mí este dolor, este sufrimiento. Por ella, tiene que pagar”. Así inició la conversación Jésica, al cumplirse un mes del femicidio de la pequeña Yoselí.
No quiere salir en fotos ni en videos. Confiesa que solo usa sus redes sociales como una forma de descarga. No puede llorar. No puede por sus hijos, se quiere mostrar fuerte ante ellos. De ese primero de enero recuerda todo con lujo de detalles, como una pesadilla que vuelve ante ella cuando se despierta en las mañanas. A veces cree que es un sueño y que Yoselí va a aparecer en cualquier momento, cantando entre los árboles, bailando con los perros o con su primita y mejor amiga Sasha.
En este descampado quedaron parte de las pruebas.
El único imputado por el femicidio de Yoselí es su primo Juan Carlos Rodríguez. Las pruebas son contundentes: su ADN en las partes íntimas de la criatura, ropa con sangre de la niña y el arma homicida con su material genético. Rodríguez está en el Penal. En una de esas casas vivía Rodríguez, uno de diez hermanos. El joven vivió varios años en el Sur, pero decidió venir a San Juan porque no llegaba a pagar el alquiler y había perdido su trabajo. Hasta el femicidio, nadie sospechó de Juan Carlos. “Venía acá seguido, no se veía con esa degeneración que tenía. Cárcel, es lo único que pido”, añadió Jésica.
"Perdí a mi sobrina y perdí a mi hermano para siempre", Yanina Rodríguez, tía de la víctima y hermana del femicida.
Adelante vive la tía de Yoselí y hermana del femicida, Yanina Rodríguez. “Estamos todos destruidos. Imagínese que perdí a mi sobrina y perdí a mi hermano para siempre, porque nunca sospechamos que era así. Somos diez hermanos. Nadie lo va a visitar a mi hermano, nadie quiere, un hombre que hizo algo así. Mi mamá es la única que va al Penal a verlo. Para mí está peor que muerto”, indicó. Yanina habla muy rápido, ha quedado en shock al igual que la comunidad de la calle Quiroga.
Jésica se siente respaldada por sus vecinos, casi todos son parientes políticos. La joven mujer indicó que la asistencia psicológica es fundamental, sobre todo destaca la contención de otras madres del dolor: “Fui a la primera marcha, pero no puedo, no quiero ir. Estoy destrozada, todo esto me ha convertido en otra persona. Vienen psicólogas, nos ayudan a todos en la zona. También vienen las madres de otras chicas a las que han matado, me dan aliento, me contaron lo que a ellas les había pasado; no es lo mismo que ellas te escuchen porque ellas saben”.
Una de las tías de Yoselí confiesa que explicarles a los niños ha sido muy difícil.
Andrea Mercado vive en la casa de delante de Jésica. Tiene cinco hijos y se la nota quebrada. Andre, como la llaman todos, es la tía política de Yoselí. “Nosotros con mi marido estábamos en Las Canaletas. Nos avisaron y vinimos rapidísimo. No podía creer. Lo más difícil es explicarles a ellos -señala a los niños-, no entienden. Yo no entiendo, menos los niños”, detalló.
Ya pasó un mes desde el femicidio de Yoselí. No hay palabras. Jésica se toca el tatuaje. Ese que dice “Familia” con tinta. Ese dibujo que tiene un símbolo del infinito, hoy infinito dolor. Y un infinito grito y pedido de justicia ante lo inapelable del arrebato.