Este sábado se cumple el 20º aniversario del atentado a las Torres Gemelas en Estados Unidos, que ocurrió el 11 de septiembre de 2001. El ataque terrorista de Al Qaeda -comandada por Osama Bin Laden- fue devastador y dejó cerca de 3.000 muertos y un cuarto de millón de heridos. Un sanjuanino estuvo en la estado de Nueva York ese día y vivió la traumática experiencia. Podría contarse entre las víctimas fatales, pero la capacidad de reacción lo ayudó a guarecerse en medio del caos.
Rubén González es músico, actualmente vive en la ciudad estadounidense, y es un sobreviviente del atentado. La casualidad lo forzó a estar ahí. "Ese día me encontraba justo debajo de las dos torres, salía del tren y vi que una se quemaba, tres pisos más o menos se estaban quemando", contó a Canal 13 de San Juan, sobre el impacto del vuelo 11 de American Airlines -con 92 personas a bordo- entre los pisos 93 y 99 de la Torre Norte.
González no se percató de lo que estaba sucediendo. No entendía. “La segunda torre me explotó encima”, dijo, e ilustró que, en realidad no fue así, pero que “yo estaba a unos 100 metros de la Torres, pero eran tan altas que parecía que estaban aquí arriba”. Y prosiguió "yo no sabía nada que estaba pasando. Di la vuelta a la esquina con tal suerte de que al ser los edificios tan altos eso me protegió de los escombros que estaban cayendo".
Nueva York, y sobre todo en la zona del World Trade Center, es un lugar repleto de edificios. Eso ayudó a González a guarecerse. En la corrida en busca de amparo a los pedazos de concreto que caían del cielo y los gases tóxicos, ayudó a una persona. “Recogí de la calle a una persona, lo levanté, nos agarramos del brazo y corrimos una cuadra hasta la esquina, los dos juntos. Había gente que se metía debajo de los autos", retrató con sus palabras.
Pasaron los minutos, que parecían horas, y el sanjuanino quiso hablarle a su pareja para contarle que estaba bien. “Las Torres Gemelas al romperse irrumpieron la antena de los teléfonos celulares que en ese momento estaban empezando a salir, caminé hasta un centro de video comunitario donde trabajábamos con Renata, - su novia de entonces-. Me dejaron usar el teléfono, llamé a la casa, estaba el contestador, yo no sabía que decir y dije ‘estoy bien’”, contó.
Ya estaba a salvo. Pero no lo procesó. Y aún no puede quitarse el miedo de la sangre. "Cuando estuve en esa situación de estrés, de shock y de trauma me mentí a mí mismo. Me dije a mi mismo, ‘ese tipo con la cabeza rota se debe haber caído’, expliqué las cosas de tal manera que no me shockearan tanto”, comentó. Hasta la actualidad, González ve a aviones y le evocan aquel trágico día. "Hasta hoy veo un avión y lo imagino. Veo un avión y me imagino que a lo mejor puede llegar a una torre", contó.