La otra faceta artística: Marcelo Bartolomé, entretejido con el arte ancestral del telar
Reconocido por su labor pública como ex director de Niñez y por su voz en el Dúo Mixtura, Bartolomé sacó a la luz su vínculo ancestral con el tejido. Desde los rudimentos del crochet aprendidos a los 10 años hasta la construcción de su propio telar bajo una acacia en Bella Vista, una historia de gratitud hacia los saberes heredados y recibidos.
Marcelo Bartolomé es uno de esos hombres que parecen estar hechos de una sola pieza, pero al observarlos de cerca se descubre que son, en realidad, un entramado de pasiones. Para muchos, es el ex director de Niñez, Adolescencia y Familia de la provincia; para otros, es la mitad del Dúo Mixtura, esa armonía vocal que comparte con su compañera de vida Pierina Ciallella. Pero además, en el silencio de su patio en Bella Vista, Marcelo es hoy un aprendiz de tejedor.
Su romance con las fibras no es una moda pasajera ni tan nueva, sino una herencia que late desde la infancia. "Mi contacto con el tejido tiene una larga historia. Desde que tengo memoria, mi abuela 'Nena' tejía en su sillón hamaca. Cuando yo tenía 10 años me enseñó los rudimentos del crochet, que fui mejorando con la ayuda de mi mamá Nilda", recordó Marcelo.
Ese saber, que comenzó como un juego de niños en las manos de su abuela, se transformó con el tiempo en un lenguaje de amor familiar. Junto a "Pieri", el tejido fue el abrigo de sus cuatro hijos y hoy, lejos de las urgencias de la gestión pública, ese hilo conductor sigue uniendo generaciones.
El encuentro con la tierra iglesiana
El giro definitivo en su historia con las artesanías ocurrió cuando la pareja decidió instalarse en suelo iglesiano. En Bella Vista, Bartolomé comenzó a desandar el camino del telar criollo y el hilado, guiado por la generosidad de quienes custodian la identidad de la zona. "Conocimos personas con saberes ancestrales que nos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones, compartiendo sus conocimientos", relató.
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El proceso fue una posta de maestros generosos. En Tudcum, de la mano de Cristina Brizuela, tuvo su primer acercamiento al hilado y al telar. Luego, en Bella Vista, Doña Irma Cueva fue quien lo ayudó a perfeccionar la técnica del hilado con huso, esa danza mágica que transforma el vellón en hebra. En Villa Iglesia, la disposición de Doña Ermela Balmaceda y Elisa Mondaca le dio el empujón final: se animó a construir un bastidor para hacer peleros y, con hilo y trama de manos expertas, parió su primera alfombrita.
Conocimos personas con saberes ancestrales que nos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones, compartiendo sus conocimientos Conocimos personas con saberes ancestrales que nos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones, compartiendo sus conocimientos
Un telar bajo la acacia
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El entusiasmo de Marcelo no se detuvo en la práctica ocasional. La pasión lo llevó a querer "plantar" su propia herramienta de creación. Con la ayuda de Don Luis Cueva, siempre dispuesto a colaborar, Bartolomé instaló un telar criollo bajo la sombra de una acacia en el patio de su casa.
"Y ahí voy... andando con el corazón lleno de agradecimiento a estas personas y a esta tierra iglesiana y su riqueza cultural y humana", resumió quien hoy prefiere el ritmo pausado del telar al vértigo que habita en las urbes.