Terminar con un sueño, con expectativas que lograron materializarse tras años de trabajo y para colmo, por un factor externo. Este es el gusto amargo que les queda a los emprendedores que debido a la crisis del coronavirus se vieron obligados a cerrar sus negocios. Mauricio Terezco es un reconocido chef de la provincia, propietario de Puerto Madero, un restaurante que tuvo que bajar las persianas después de seis años atendiendo en el corazón de la movida nocturna capitalina. Sara Solera era dueña de una peluquería, uno de los rubros más golpeados por esta crisis económica y social que va a dejando a su paso la pandemia. Al igual que el cocinero, Sara no aguantó y después de casi treinta años vio el último capítulo de una historia que comenzó a tejer cuando era una jovencita.
Puerto Madero era uno de los restaurantes más grandes de San Juan. Tenía capacidad para 180 personas y durante años funcionó en plena avenida Libertador, en la zona más concurrida de la noche sanjuanina. Abrir este restó era el sueño del chef Mauricio Terezco, quien comenzó a laburar en la cocina hace 25 años y después de casi 20 de trabajo pudo abrir este negocio en el que las familias sanjuaninas podían comer desde un lomo hasta salmón rosado. Puerto Madero no aguantó el impacto del aislamiento impuesto por el coronavirus y tuvo que cerrar sus puertas definitivamente.
"El sueño de todo chef es tener un restaurante propio. El 95% de los que estudiamos cocina queremos tener nuestro restaurante. Haber podido cumplir el sueño y tener que cerrar en estas condiciones, que no es ni siquiera culpa tuya, duele mucho", arrancó diciendo el cocinero.
A principios de año todos los ahorros que había conseguido a lo largo de los años de trabajo decidió invertirlos en tapizar todas las sillas, en mejorar los livings y hasta cambió toda la vajilla. Además pintó e intentó darle otro aire a ciertos espacios del restó. Todo venía bien hasta que el coronavirus le pasó por arriba. "No me iba a poder hacer cargo de pagar los $400.000 que tenía de gastos fijos con el negocio cerrado. El propietario del local que alquilaba muy bien, me dijo que veíamos cómo hacíamos, pero yo pagaba de luz $60.000, de gas $20.000, en impuestos más de $15.000 y así. No iba a poder", contó.
El delivery no era una opción para Terezco porque no alcanza lo facturado para sostener gastos fijos de ese número como los que tenía en su restaurante. "Es una opción para quienes tienen no deben afrontar semejantes gastos. Para que un restaurante sea rentable tiene que ir mucha gente, nosotros teníamos noches de 250 personas", dijo el cocinero, que volvió a cocinar en el fondo de su casa y hace pedidos a domicilio.
Terezco ve un panorama muy complicado para los gastronómicos y cree que se extenderá hasta fin de año. "La gente recién cuando agarre confianza va a meterse en lugares cerrados con mucha gente", opinó. Evaluando todas estas variables le puso el punto final a un capítulo personal que le trajo muchísimas satisfacciones. En una emotiva publicación que hizo en sus redes, el cocinero sanjuanino cerró: "La pandemia seguramente se llevara vidas pero también muchos sueños, muchos sacrificios y muchas esperanzas de gente que durante su vida lo único que hizo es emprender, arriesgarse y soñar".
Adiós a una peluquería de 10 años

Sara Solera tiene tres hijos varones, logró que cada uno de ellos pudiera tener estudios gracias a su trabajo como peluquera. Desde hace 33 años se dedica a este oficio y desde hace diez estaba instalada en un salón de calle Necochea y Tomas Edison, Santa Lucía. En abril se le complicó pagar el alquiler porque tiene el local cerrado desde el 10 de marzo. Cuando le pidió al propietario una chance de financiación, no la tuvo.
"Nunca le debí un peso al dueño del local, yo no quería no pagar, solo quería una financiación, una opción para hacerle frente al alquiler porque durante un mes tuve todo cerrado, pero me dijo que no. Así que con todo el dolor del mundo mis hijos tuvieron que desalojar la peluquería", recordó Sara emocionada. Hace menos de una semana que bajó las persianas y desarmó el lugar que tanto le costó equipar.
Sara, que es persona de alto riesgo porque tiene EPOC, recordó con lujo de detalles el gran esfuerzo que implicó abrir esa peluquería. Ahora piensa atender en su domicilio pero recién cuando la pandemia haya aflojado un poco porque teme contagiarse del virus.
"Es un golpe terrible para mi vida, yo no estoy acostumbrada a pedirle nada a nadie, ahora mis hijos me traen de todo para que no tenga que salir por nada. Pero bueno, una que es madre siempre quiere ayudar a los hijos y no que los ayuden a uno", concluyó. Al igual que Mauricio, la mujer usó sus redes sociales para cerrar la etapa de la peluquería. Es una forma de aliviar la angustia y de recibir el apoyo de las tantas clientas y conocidas que durante años acompañó.