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Perfil

Ricardo Zoé Ortiz, la historia del sanjuanino que nunca quiso ser ministro

Cómo nació su fascinación por Alfredo Avelín y por qué aceptó estar al frente de Hacienda y Finanzas cuando no había plata en las arcas públicas.

Por Natalia Caballero

A Ricardo Zoé Ortiz no le cuesta reconocer que perdió. Que ser Ministro de Hacienda y Finanzas fue la muerte de su carrera política. Que lo hizo en nombre de una promesa que se hizo a sí mismo a los 8 años y que sostuvo a los 45. Fue leal para algunos y traidor para la familia de su mentor. A 25 años del sí a Alfredo Avelín, Ortiz contó su verdad.

Ricardo nació en una familia política. Sus padres fueron fundadores de la Cruzada Renovadora, espacio que nació en 1960 tras separarse del radicalismo y que tuvo como figura indiscutible al doctor Alfredo Avelín, que venía de haber sido designado Intendente de la Ciudad de San Juan por el desarrollismo de Arturo Frondizi. El partido nació con una fuerte carga ideológica y con banderas como la ética, la moral, el cuidado del medio ambiente y el respaldo a los valores cristianos.

Una noche de verano de 1963, Ricardo escuchó por primera vez al doctor Avelín. Estaba en la tribuna de un subcomité de la Cruzada. Aún recuerda el discurso de su mentor, su elocuencia y esa forma particular con la que movía su cuerpo cuando las ideas se apoderaban de su discurso. Ese día se hizo una promesa que no traicionó: acompañar al líder.

El recorrido de Avelín para llegar al poder fue sinuoso. Estuvo cerca de ser gobernador en la década del ’90, en un mano a mano con Jorge Escobar que lo dejó arañando el sillón de la Paula. Fue diputado nacional y senador. Su encendida defensa a los hielos continentales lo llevó a ocupar un lugar de referencia nacional. Una sociedad cansada de la exuberancia del menemismo terminó convalidando a la Alianza y San Juan fue la primera provincia en la que se quedó con la gobernación en mayo de 1999, cuando el doctor Avelín se impuso de forma aplastante ante Escobar, el contrincante que no pudo vencer en agosto de 1991.

Ricardo Ortiz formaba parte del círculo de máxima confianza de Avelín. Como a todos, pero a él con más cariño, el doctor lo llamaba “negrito”. Los 2000 no fueron épocas sencillas para gestionar el poder. A nivel nacional, gobernaba Fernando De la Rúa. Desde el arranque de su presidencia, pagó el precio de mantener un modelo económico extinto y de haber configurado una alianza que comenzó a descascararse apenas se sentó en Casa Rosada.

Las expectativas que se habían amasado durante décadas dentro de la casona de la Cruzada Renovadora se terminaron transformando en eso, en eternas expectativas. Ortiz definió con precisión quirúrgica el primer año de gobernación de Avelín: “En San Juan remábamos en dulce de leche”.

Quizás haber soñado tanto con una oportunidad para el hombre al que le había jurado lealtad a los 8 años, quizás todos los planes que fueron quedando uno a uno truncos, quizás cómo se fue desvaneciendo la confianza de los sanjuaninos, quizás la pérdida de aliados, quizás todo terminó llevando a Ricardo a hablar de sus años en la gestión pública con una enorme nostalgia y resignación.

El 10 de diciembre de 1999, Avelín designó como ministro de Hacienda y Finanzas a Enrique Conti. El bloquista no llegó a los dos años de gestión. Es que no eran épocas de vacas flacas, sino lo que le sigue. En enero del 2000 había plata para pagarles los sueldos a los empleados públicos, pero eran recursos que la Provincia había conseguido gracias a un préstamo al banco Galicia de 70 millones de dólares. Un mes después, se enfrentaron a la rescisión del contrato para construir el dique Caracoles. Pero la gota que rebalsó el vaso fue la pelea de Avelín con el por entonces ministro de Economía de la Nación, Domingo Cavallo. En un ida y vuelta picantísimo, el ex gobernador de San Juan le dijo al funcionario nacional “cachafaz” y “jefe de la mafia”. Desde ese 9 de julio del 2001, no llegó ni un peso a San Juan.

Un mes después, Conti le presentó a Avelín un plan de ajuste. Ante la negativa del primer mandatario, el bloquista renunció. A siete personas le ofrecieron el Ministerio de Hacienda y Finanzas, entre ellos al reconocido economista Américo Clavel. “A las 5 de la tarde del 24 de agosto del 2001 me llama el doctor Avelín. Voy y me dice: Negrito, vas a tener que ser Ministro de Economía. Le respondí: Mire jefe, usted sabe que me está pidiendo que se termine mi carrera política, la realidad es una sola y no hay posibilidades de salir”, detalló como si reviviese el momento una vez más en su cabeza.

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Aceptó y con esa respuesta afirmativa, atrás quedó el sueño de ser candidato a diputado nacional y otros tantos anhelos personales. Su madre, una de las fundadoras de la Cruzada, se murió sin ver a Ricardo asumir en el gabinete del hombre al que le juraron lealtad. “Asumo, le llamo al Tesorero de la Provincia y le pregunto cuánto dinero teníamos: 10.000 dólares y una deuda de 250 millones de dólares. Inviable. Le llamo a los gremios y les conté que teníamos en la caja solo 10.000 dólares, que no había posibilidades. Les pude convidar café y unas facturas”, recordó.

En un año de gestión al frente de las finanzas de San Juan, nunca pudo pagar un sueldo completo a los empleados públicos, a quienes se les llegó a deber hasta cuatro meses de salario y medio aguinaldo. Ricardo cargó con apodos, le hizo frente a escraches en su casa y hasta en la vivienda de sus padres. Un día le tiraron un ladrillazo que esquivó por centímetros. Pero lo peor, según su propio relato, es cómo la presión para conseguir fondos para pagar sueldos le afectó la salud diaria. “Me tomaba la presión en el despacho, a mí se me sube mucho la presión y teníamos un tensiómetro porque se me iba por las nubes”, contó.

Todo era una lucha. Los docentes se desmayaban en las aulas por falta de comida, los alumnos también. No había circulante de efectivo: los papeles fueron los que salvaron a San Juan de prenderse fuego. Cada vez que llegaban Tickets Canasta o los famosos Lecop, se respiraba. La crisis era tal, que una parte del hospital Rawson había quedado a medio construir: el servicio de Maternidad estaba encarpado y las mujeres parían heladas de frío. No había ni cunitas. El Rawson parecía Sarajevo, según las propias palabras de Ortiz.

De las 120 líneas de teléfono que tenía la Provincia, solo funcionaban 39. El resto se cortaron por falta de pago. Y al panorama sombrío se le sumaba una preocupación silenciosa de Ricardo. La posibilidad de un terremoto helaba la sangre, la miseria era tal que no había chance de reconstruir nada. No pasó. Por suerte. O por obra de Dios para los creyentes.

El 20 de diciembre del 2001 Fernando De la Rúa terminó renunciando a la presidencia luego de un estallido social que incluyó cacerolazos y tuvo como trágico saldo 39 muertos. En San Juan, hubo saqueos y cacerolazos pero Avelín resistió en Casa de Gobierno como casi todos los gobernadores del país.

Una vez que Eduardo Duhalde asumió el control del país, Ricardo tuvo esperanza. Pero el castillo de naipes se derrumbó. En febrero del 2002 hubo una negociación fuerte para que se aprobara en la Cámara de Senadores un acuerdo con el FMI. Según el exministro, José Luis Gioja le pidió que la senadora Nancy Avelín se ausentara en el recinto, lo que iba a permitir asegurar fondos para San Juan. Pero no pasó.

San Juan tuvo que vivir dos crisis. La del 2001 y también la del 2002. Nunca pudo acomodarse. Los empleados públicos seguían sin percibir sus salarios. Finalmente, en agosto del 2002 prosperó el cuarto pedido de juicio político a Avelín, que lo terminó eyectando del poder en septiembre. Con Avelín, se fue Ortiz. “Lo volvería a hacer todo por el doctor Avelín”, dijo.

Después de dejar su cargo como Ministro de Hacienda y Finanzas, Ricardo tuvo que vender su casa para hacerle frente a una serie de juicios que enfrentó. Hasta el día de hoy, alquila.

Consultado por este medio, Alfredo Avelín Nollens definió a Ricardo Zoé Ortiz como un traidor. “No valoró, entonces me dolió y es lo que me impulsó a irme de la Cruzada. Y se lo dije al doctor, y me dijo: Negrito, respeto lo que vos decidas. Yo lo acompañé, le dije que nos íbamos juntos y nos fuimos juntos”, reflexionó el dirigente.

La circularidad de la política terminó llevando a Conti a reemplazar a Ortiz en su cargo como Ministro de Hacienda. Para el bloquista, Ricardo hizo lo que pudo en un contexto poco favorecedor.

La historia que se suele difundir es la que cuentan los vencedores. Ricardo Zoé Ortiz no se sonroja al admitir que perdió. Su verdad la atraviesa algo más profundo: una promesa que se hizo a los 8 años y que no estuvo dispuesto a incumplir.

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