“Me tuve que quedar ciego para poder ver”, dice Juan Carlos Balmaceda resumiendo la búsqueda personal que inició después de perder la vista en un accidente doméstico que le pasó cuando tenía 18 años. Y sin pensarlo, ese camino que transitó en la juventud lo llevó a convertirse hoy en un agraciado escritor y dibujante, que con la capacidad visual reducida ha podido realizar varias exposiciones con sus obras, vender otras tantas y salir en la portada de varios medios nacionales e internacionales.
El mismo opina sobre el accidente doméstico que lo dejó ciego por 3 meses y luego le dejó una visión parcial porque desde entonces solo puede ver con un solo ojo. “Por tres meses estuve ciego y un médico me dijo que me olvidara de la vista, pero volví a ver y me dije que tengo que demostrarme y demostrarles a todos que puedo valerme con mis propios medios”, dijo Juan Carlos sobre él día que sin pensarlo lo llevaría a convertirse en el artista que es hoy.

Aquel día Charly estaba en su casa con su hermano que jugaba con un tenedor tocando unos dispositivos eléctricos, y de eso el resultado no fue bueno, porque dicho elemento voló y le pegó directamente en el ojo. Ese golpe le movió la cámara óptica y perdió la visión, hasta que un día se acomodó y pudo volver a visualizar con en el ojo derecho, en tanto que la visión del izquierdo la perdió para siempre. “Digamos que un ojo leo y con el otro repaso”, dice Charly entre risas.
“Trate de imponer mi persona ante la desgracia que me había sucedido y me dedique al dibujo violentamente. Eso me dio la oportunidad de crecer en la parte intelectual, por eso no estoy enojado con nadie, ni con nada. Todo lo contrario, le doy gracias a la vida que me diera un segundo movimiento con ese accidente, porque loga partir de ese camino logré estabilizarme emocionalmente”, contó.

Desde ese momento Charly comenzó a dibujar con una técnica conocida como realismo trama que generalmente se hace en micro cuadros, pero que en su caso se da en retratos de grandes dimensiones. “Logré tener una perspectiva muy particular, que incluso les sorprendía a los médicos que no podían entender cómo se hacían esos dibujos. Desde ese momento comencé a fijarme en el más íntimo detalle que podía llegar a ver; y eso me sirvió en cierta medida para ubicarme en el tiempo y el espacio. Y también ver la otra parte que no queremos, o no podemos, o no deseamos ver”, afirmó.

Lo que comenzó siendo un pasatiempo, se convirtió en un proyecto de vida de una manera azarosa. “Un día por esas cuestiones de la vida, un crítico del diario La Prensa vio uno de mis dibujos y le gustaron. Después el tipo me dijo que los encuadrara y realizara una exposición. Eso también me dio otras oportunidades para exponer mis dibujos y así pude hacer más de 30 exposiciones y otras de mis obras se hicieron conocidas en medios nacionales como La Nación, La Prensa, en la revista Confirmado, Participar, Canal 11, Canal 9 y otros como Casa de San Juan y las embajadas árabes que me pusieron en contacto con personalidades de la política y me hicieron entrar en un mundo que me era ajeno”, contó sobre su etapa de cafecitos en grandes salones y ágapes con personalidades de la política que ayudaron a vender sus cuadros en algunos países de Europa y África.

La temática en los dibujos de Charly siempre son animales, ancianos y niños con un claro eje puesto en la mirada. Al respecto, el autor opina que “el animal tiene su impronta, el mayor su experiencia y el niño su inocencia, y en parte eso me identifica. También pienso que en la mirada podes ver la forma de ser, de actuar y de estar con alguien. En si la mirada te va demostrando quién es uno, cómo es uno y para que está uno en la vida”, dijo después de una breve pausa, cerrando que "es un poco de psicología barata que a mí me ayudó a crecer".
Por esos años el joven Charly Balmaceda se ganó un viaje a la turística ciudad costera de Piriápolis (Uruguay) con todo pago gracias a un dibujo que se mandó, pero de alguna u otra manera el dinero se le fue acabando y todavía faltaban unos días para regresar con el pasaje que tenía. “No tenía un lugar para estar y me enteré que en un hotel habían unos sanjuaninos vacacionando. Así que fui, me presenté y con todo respeto les pregunté si me podían dar asilo, aunque sea por una noche. Ellos aceptaron y me quedé en el hotel, pero lo que iba a ser un día terminó siendo una semana porque conocí a una mujer que más tarde sería mi esposa”, contó sobre el día que se deslumbró al conocer una sanjuanina que se llamaba Amalia Manzanares.

“Estuvimos 7 meses de novios cuando yo vivía en Buenos Aires y me la pasaba viajando de acá para allá, así que le pedí que nos casáramos, ella aceptó y estuvimos casados veintisiete años hasta que tuvo la osadía de irse”, dijo sobre la etapa donde se quedó viudo. Y agregó que “Amalia falleció de artritis de reumatoide que es una enfermedad que no se la deseo a nadie. Es como un cáncer a los huesos y ella la empezó a padecer desde que tuvo 25 años y con el tiempo fue empeorando hasta que un día se fue”.
En la artritis reumatoide, el sistema inmunológico del cuerpo ataca a sus propios tejidos, incluidas las articulaciones. En algunos casos graves, ataca a los órganos internos.
Esta enfermedad afecta el revestimiento de las articulaciones y causa una inflamación dolorosa. Con el tiempo, la inflamación asociada con la artritis reumatoide puede provocar la erosión del hueso y la deformidad de las articulaciones.
Si bien no hay cura para la artritis reumatoide, la fisioterapia y los medicamentos pueden retrasar el avance de la enfermedad.
“Pare de dibujar cuando se enfermó mi señora y también cuando falleció. Eso me provocó un shock emocional, yo vivía con el afán de cuidarla desesperadamente y no me daba cuenta que algunas cosas que hacía la estaban matando. Me puse a escribir para ver lo que hacía mal y lo que hacía bien”, dijo sobre los años que lo llevaron a plasmar toda esa experiencia en papeles que al tiempo recobrarían otro significado.

“Empecé a escribir todos los lunes los errores que cometía a diario y no me daba cuenta o no me arrepentía, y esa práctica me hizo cambiar. Por citar un ejemplo le decía ´tenes que comer porque si no te vas a enfermar y bla, bla, bla´ y ella capaz que no quería comer y lo hacía por complacerme y eso le terminaba cayendo peor. Entonces entendí que esos pequeños errores le estaban haciendo mal a sus últimos años de vida y era inútil que la pasara así. De ahí le empecé a decir que coma lo que desee, que disfrute lo que pueda y lo que no lo quiere que lo deje. La dejé de vivir tranquila y ella me agradeció hasta el final”, contó con cierta tristeza sobre ese proceso que duro años.
Al tiempo todos esos escritos simétricamente ordenados y conectados el uno del otro se terminó plasmando en un libro. “Con todos esos relatos armé varios cuentos y anáforas, lo presenté en un concurso y lo pude publicar”, dijo sobre el inicio de su etapa como escritor.
Esa necesidad de encontrar la reflexión y la frase justa para el momento justo le da cierto aire de poeta barrial que te aparece en el momento menos pensado y te sorprende. Frases que las repite y las renueva cuando hace radio, hace las compras o charla con algún vecino. “Creo que el futuro es el día que se vive y el pasado es hoy. Cuando la gente se empieza a dar cuenta cuánto vale uno, se empieza a dar cuenta cuánto valen los demás y dejas de esperar y comenzas a sentir”, alega con cierta cintura en el uso de la labia.
“Me considero una persona hacedora de cosas que me permitan sentirme bien. No me creo un gran artista, un gran escritor y hago radio porque me gusta. Y eso es lo que vale, porque si vas a hacer algo lo tenes que hacer con amor, sino directamente ni lo hagas”, afirma sobre su filosofía de vida.

En la actualidad Charly acaba de salir premiado en los Juegos Culturales Evita en la categoría de adulto mayor con su dibujo “madre e hijo”, donde aparece una mona teniendo a su bebé en brazo después de darle de mamar. Es así que integrará junto a una diversas gamas de artistas que fueron premiados en distintos rubros, la Muestra Juegos Culturales Evita 2020 que se montará en el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson para ser visitada cuando la situación sanitaria lo permita.

Sus días también los pasa con sus dos hijos, que “son uno de las entrañas y otro del corazón”, al contar sobre la vez que adoptó a uno de sus hijos. Y agrega que “Amalia lo pario al más grande y yo lo parí al más chico con los papeles”, dice entre risas hablando sobre sus hijos Gonzalo que es técnico en laboratorio y Ramiro, que hace muebles y artesanías.
Otro de sus grandes afectos es Jaqueline Zarate, una mujer que conoció hace más de 30 años y que por esas casualidades de la vida, el destino los separó por un buen tiempo. Pero que un día la volvió a ver y ahora tiene una gran amistad desde hace 7 años a la fecha. “Es la antítesis de toda persona que podría haber conocido a través de los tiempos”, opina sobre ella.
El dibujo al igual que la escritura siguen estando presentes en la vida de Charly Balmaceda, que a sus 67 años dice que recién está empezando.