Historia

Carlita, la niña electrodependiente que tiene custodia policial para que no le corten la luz

Tiene 10 años y necesita energía eléctrica para vivir. Su madre debe dos facturas y como no puede pagarlas, la Justicia le puso seguridad para que no se lleven el medidor. El testimonio en primera persona. Por Natalia Caballero. Video: Santiago Staiger.
sábado, 16 de marzo de 2019 · 14:25

“No he tenido para darle de comer a mis hijas para pagar la boleta de la luz”, dijo Yanina Guzmán. ¿Quién es Yanina? Una joven madre sanjuanina, que vive en Chimbas y que tiene una hija electrodependiente. Carlita, como la llaman sus afectos, tiene 10 años y necesita un respirador, un aspirador y un medidor de frecuencia cardíaca para vivir. La familia debe dos boletas de la luz por los tarifazos y como no puede pagar, la Justicia le puso custodia policial al medidor para que Energía San Juan no lo pueda retirar por más que deba. 

Cada vez que anuncian un incremento de la tarifa energética a Yanina le da mil vueltas la cabeza porque no sabe cómo va a hacer para pagar la factura. “Es un tema y una angustia tener que vivir con miedo de que te lleven el medidor, que te corten la luz. Un tarifazo me genera miedo”, explicó. 

Esta mamá de dos hijas vive gracias la pensión no contributiva de Carlita y de la Asignación Universal por Hijo de Luisana, de 4 años. Trabaja cuando puede, porque tiene una rutina muy complicada. Cuando no está presentando expedientes en Desarrollo Humano, atiende a su hija que tiene una enfermera las 24 horas pero que necesita el calor y el afecto de su propia madre. 

Carlita tiene un cuadro de salud muy complejo. Cuando era bebé le dio meningitis e hidrocefalia. El cuadro la dejó sin posibilidades de respirar por sus propios medios, no puede tragar, tiene los músculos sin fuerza y se alimenta a través de un botón gástrico. 

Para vivir con semejantes patologías necesita un respirador, una máquina concentradora de oxígeno, una aspiradora de secreciones, un monitor de saturometría y frecuencia cardíaca que avisa cuando está cerca de sufrir un paro cardio-respiratorio. Todas estas máquinas funcionan con energía eléctrica. 

En enero le llegó a Yanina una factura de más de $3.000 y en febrero se replicó el panorama. Debe más de $6.500 y no tiene como pagarlos. Cada vez que se corta la luz por cualquier tipo de razón, la mujer tiene que salir corriendo con su hija al hospital más cercano porque la vida de Carlita depende de ello. Si bien el respirador tiene una batería de 4 horas, cuando el corte lleva un período prolongado, ante la duda debe ir hacia el centro de salud más cercano. “En Pocito, cuando vivíamos en la casa de mis padres, he sufrido cortes de luz de hasta 24 horas. Me la tengo que llevar al hospital, pedir una ambulancia, es desesperante”, contó. 

Los uniformados de la seccional Norte no sólo custodian el medidor sino que también se encargan de llamar a Energía San Juan en caso de corte de luz. Es prioridad que le conecten la energía lo antes posible. 

Desde el 4 de noviembre Yanina vive con sus dos hijas en una casa del IPV. Tiene todas las comodidades, habitaciones enfrentadas para chequear permanentemente el estado de salud de su niña. A la hora de describirla, su madre no ahorra halagos. “Es una niña muy hermosa, vive en su mundo, no ve mucho porque tiene desprendimiento de retina. Cuando me escucha, abre los ojos grandes y te busca, ella se ríe. Le gusta que la atiendan ciertas personas, si viene una enfermera nueva ella expresa todo en sus signos vitales, si no le gusta la enfermera le sube la frecuencia cardíaca”, señaló emocionada. 

En la casa de Yanina hay un gran mural de su hija sonriendo. Esta joven mujer luchadora te invita a pensar. Al escucharla, a lo largo de los años ha sido capaz de generar un nivel de sabiduría que sorprende y emociona. Dicen que no hay amor más grande que el de un padre a un hijo. Estas palabras –que se usan tanto y que muchas veces hasta se vacían de significado por su utilización indiscriminada- se materializan con fuerza al escuchar el testimonio de Yanina. Ella sabe que su hija vive un proceso terminal y aún así aspira a que la pequeña viva de la mejor manera este tiempo, lucha para que no resigne calidad de vida y solo se dedica a amarla con la incondicionalidad propia del vínculo madre-hijo. 

El cuarto de Carlita está impecable. Tiene flores rosas pegadas en las paredes. Ella reposa en su camita especial impoluta. Tiene dos colitas con trenzas, una remera con la estampa de una ídola infantil y sus manitos blancas llenas de pulseras Sus enormes pestañas tupidas negras azabache se abren y Yanina está ahí para ella. Como siempre. Y para siempre. 
 
 

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