De aquí y de allá

Historias sanjuaninas de hospital: cuando el amor no abandona

Mariano tiene 80 años, está internado con neumonía después de haber superado un ACV que lo dejó con sus capacidades limitadas. Su esposa, la militante del cariño.
miércoles, 11 de diciembre de 2019 · 19:59

Ella le acaricia la cabeza. No sé donde andará la cabecita de don Mariano, sólo llora y ella lo consuela. Le da mucho cariño, le limpia las orejas, la boca también, con una toalla y muy suavemente. Lo asea y le masajea los brazos cansados y llenos de agujas. Con ella, él está más calmado. Deja de sollozar, su mano arrugada y cálida lo tranquiliza; la misma mano que en su juventud -lejana- lo tocó, lo acarició y colmó de amor. Mariano tiene 80 años, es de Chimbas y en septiembre del 2018 sufrió un ACV. Ahora está internado en el hospital Rawson. En esa habitación con número cristiano esta cronista fue testigo del amor, del inquebrantable. 

Desde el accidente cerebro-vascular, Mariano no habló más. Su esposa cuenta que no conoce, pero para mí (y lejos de argumentos científicos, más apegada a una creencia muy interna) hay mucho de Mariano en ese cuerpo desgastado por las enfermedades. Cuando escucha la voz de ella, él se calma. Se queja menos. Reconoce su aliento en la oreja. Tras unos minutos de tranquilidad, Mariano llora otra vez. -No, Mariano, no llorés, estoy acá. Eso le dice ella, con su voz firme pero dulce y su incansable incondicionalidad. 

Ella está. Con sus achaques también y sus casi 79 años. Está llena de vida. Sube las escaleras con agilidad y debido al calor cuando llega a la habitación después de haber soportado los casi 40º del calor sanjuanino, se agita la remera de seda fría de color negro y blanco. El yin y el yang pensé. Como la vida misma. Contó que conoció a Mariano hace 65 años, que tienen dos hijos y son los tres los encargados de mantener conectado a Mariano con la realidad. No deja de contarle lo que le pasa en su día, la rutina con los nietos y bisnietos porque ella cree que él la escucha. También así lo creo aunque la medicina diga lo contrario. 

Mariano se sacude. Un sacudón de frío porque ahora lucha contra la neumonía. Ella le llevó una colchita celeste de polar. Impecable como su remera amarilla de batix. Lo arropa con la manta y se la deja a la altura del corazón, ese mismo que viene latiendo desde 1939. El que ella ama y del que se enamoró. Después de estar 8 horas en el Rawson, llega uno de los hijos. Se nota que a ella le cuesta despedirse. Lo besó en la frente. -Dormí, mi amor, que ya vuelvo. 

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