Por Florencia García
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Miércoles por la noche. Terminal de Ómnibus de San Juan. Algunos llegan, otros se van. Algunos lo hacen por placer, otros por cumplir con obligaciones. Muchos llegan sonrientes porque al llegar a destino un ser querido los espera para darles un beso y un abrazo. Otros, en cambio, un poco afligidos porque dejan a los suyos antes de partir. Pero lo que se vivió anoche en la terminal no fueron las típicas bienvenidas y despedidas, las idas y vueltas de siempre. Anoche, en cambio, un grupo de sanjuaninos partieron rumbo a Chile cargados de ilusión, de sueños y de pedidos para hacerle, si es posible en persona, al Papa Francisco.

La Cordillera de los Andes y seis horas de distancia, más la demora propia de la aduana, separan el sueño anhelado para jóvenes, matrimonios y hasta tres generaciones de una misma familia que partieron cerca de las 22 horas de ayer miércoles hacia Chile para poder conocer y participar de los encuentros masivos que realizará el sumo pontífice en el país tras andino.

Y así fue que con los primeros movimientos del colectivo comenzaba la primera de muchas aventuras que vivirán hasta el momento más esperado: el momento en el que el Papa Francisco pise el Parque O’Higgins para celebrar la primera misa multitudinaria en Chile.

