Por Sebastián Saharrea
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De no mediar algún cataclismo de los que ocurren de tanto en tanto, no será posible un referente nacional en el peronismo que haya respaldado una ley con los ingresos de los jubilados afectados. Podrá haberlos en los territorios conservadores, donde incluso puede implicar medalla al mérito, hasta en el radicalismo plegado hoy a la caravana oficial. Pero en el peronismo, no.
Ninguno de los mandatarios provinciales que aparecieron en la foto de las horas previas en una oficina de Diputados junto a los altos mandos de Cambiemos parece disponer de demasiada ascendencia nacional. Menos, de un futuro promisorio, más allá de las fronteras de las provincias que gestionan siempre bajo el fantasma de que no se enoje nadie en Buenos Aires.
Las manos peronistas que se levantaron para respaldar la reforma jubilatoria de Macri que tanta polvareda levantó fueron Tucumán, Entre Ríos, Catamarca, Córdoba, Salta, reportando Santiago del Estero y Misiones en el casillero de ex kirchneristas no peronistas. Las gestionan mandatarios sin juego nacional: el ex ministro de Cristina Manzur, Bordet, Corpacchi, Schiaretti y Urtubey.
Estos dos últimos, miembros dilectos de la primera avanzada peronista en anclar en playas amarillas, el resto lo fue haciendo a fuerza de necesidad. Pero ninguno de todos ellos califica para la necesaria renovación que se impone en el partido, ni siquiera para el aporte de apellidos descontaminados que ocupen casilleros en las listas.
En casi todos esos distritos se produjeron derrotas catastróficas del PJ frente al adversario macrista, que en algunos distritos como el de Salta implicó sepultar las aspiraciones de trascendencia de su gobernador Urtubey, presente en la foto del jueves. De todo ese pelotón, el único que ganó fue Juan Manzur: lo hizo con amplitud en Tucumán, pero nadie lo califica para el juego de las grandes ligas por su pasado en la gestión anterior.
Todos ellos forman parte del interbloque Argentina Federal, que dirige el salteño Pablo Kosiner y que nuclea a los legisladores de respuesta directa a los gobernadores, mayoritariamente peronistas pero no excluyente, como el caso de la sanjuanina Graciela Caselles (quien preside el Bloquismo) que integra el bloque Todos por San Juan junto a Walberto Allende y Florencia Peñaloza.
Todos los gobernadores del espacio fueron convocados a Buenos Aires de urgencia, primero el viernes y luego el lunes, como inconfundible señal política. Uñac gambeteó el primer llamado bajo la lógica de que no era a él a quien se debía abordar, porque los legisladores sanjuaninos habían dado quorum en la fallida sesión del escándalo dentro y fuera del recinto.
Y también esquivó el segundo, anunciando con suficiente antelación que no votaría el paquete jubilatorio si es que no estaban dispuestos a hacerle cambios, en los privilegios y en el cálculo de actualización, un nudo que se veía a la distancia que nadie estaba dispuesto a desatar. Finteó de ese modo una foto de alto costo.
Luego se ocupó de dialogar hacia todos los costados, con la intención de convertirse en la llave para que apareciera alguna modificación de última hora –en el recinto, en comisión o donde fuera- que evitara el lamentable espectáculo que se vio en vivo y en directo.
El sanjuanino tenía por delante el propio voto de los senadores, mal podían aparecer los diputados de las misma pertenencia votando a favor de algo a lo que se le había dicho que no. Fue consecuente con eso, y no le resultó fácil. Llegó finalmente firme en su postura: quorum sí, mano levantada al proyecto no.
Una actitud que no le resultó sencilla, pero que al final terminó preservando su futuro político al haber conseguido surfear sobre dos peligros evidentes: una, teñirse de amarillo; otra, figurar en planilla facilitando un proyecto de fuerte resistencia popular con jubilados involucrados.
Hubo tiempo en el medio de tejer señales y relaciones en infinitas direcciones. Hacia el Ejecutivo nacional, la de mantenerse firme pero sin romper y hasta facilitando el tratamiento con el quorum. Hacia sectores del peronismo más estricto, manteniendo sintonía con temas delicados como éste. Hacia otros espacios hoy un tanto devaluados, pero vaya a saber que deparará para el ellos el sorprendente devenir de la política nacional. Como Sergio Massa, a quien respondía una legisladora de su nuevo bloque (Florencia Peñaloza) y quien esta misma semana puso a Uñac como número uno entre los dirigentes con los que tiene “buena sintonía”.
Fue una ley difícil, áspera hasta para los propios, imposible para los ajenos. Y menos para alguien que se plantea aparecer como pieza de recambio, aunque el plazo de que se trate esa hipotética irrupción sea aún muy lejano. La votación del lunes se mantendrá como una perla indeleble en el espacio popular.
La dificultad de la maniobra fue a tono de semáforo rojo. Por una cuestión evidente: la independencia económica (segundo postulado de la liturgia peronista junto a la soberanía política y la justicia social) está muy lejos de configurarse para las provincias en un país sometido a la discreción portuaria.
Lo fue siempre, desde el propio inicio nacional tras el triunfo de Mitre en Pavón. Lo sigue siendo hoy en idéntica escala pese a la mirada distraída del plantel dominante de la city, en la que habitan empresarios, dirigentes políticos y opinólogos que forman criterios en cada rincón nacional desde sus programaciones.
¿No saben ellos que el marionetismo al que se somete a los gobernadores provinciales desde todos los tiempos sigue siendo el eje neurálgico de los males políticos de este país? Parece que el reclamo contra el flagelo se agotó con el recambio de gestión nacional, pero el episodio parlamentario de estos días les recuerda a todos que el látigo sigue más vigente que nunca y debería actualizarles la noción como si apretaran el F5.
Por el contrario, se encargan esos comunicólogos y analistas porteños de cuestionar que el mandatario tucumano cambió su voto en el caso de los jubilados por la exclusión del impuesto a las bebidas endulcoradas por caña de azúcar tucumana. ¿Qué quieren que hiciera?, ¿Qué votaran los diputados tucumanos a conciencia en el rubro jubilados y hundieran de un solo sacudón a toda la industria madre de su provincia?
La gran Avelín, si se lo pretende tomar como ejemplo de convicción hasta las últimas consecuencias, tiene resultados que no se borran de las retinas de nadie.

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