Se realizaron 21 allanamientos. Trabajaron varias divisiones de la Brigada de Investigaciones de la Central de Policía, junto a la Comisaría Octava. Quien era juez de turno en ese momento se trasladó al lugar para dirigir las medidas. La jueza de Paz de Sarmiento se sumó a la investigación. Más tarde le dieron participación al Juzgado de Menores. En una medida sin precedentes en ese momento, el Ministerio de Gobierno pagó por pesquisas…pero nada, nada de nada. La impericia para resolver el hecho y el paso del tiempo hicieron que el robo pasara a segundo plano entre las prioridades de las instituciones, pero la comunidad católica nunca lo olvidó. Hoy, como hace siete años atrás, el robo de la reliquia de San Antonio de Padua sigue siendo una espina clavada.
"La devoción sigue sin la reliquia”, comentó la jueza Alejandra Domanico. Lo cual es cierto: la fiesta por San Antonio de Padua suma cada vez más fieles cada 13 de junio, a tal punto que hasta se organizan contingentes para que los fieles lleguen ese día desde distintos puntos de la provincia a la villa cabecera del departamento Sarmiento.
Pero, a renglón seguido de esa afirmación, la juez Domanico disparó: "También es cierto que eso está impune”, reconociendo el gusto amargo que dejó el hecho vandálico que generó cientos de versiones, todas infundadas.
La única que tomó más fuerza en su momento fue la de un menor de edad que dijo haber escuchado que el ataque fue hecho por otros menores, que se habían llevado el relicario para venderlo y que el destino del dinero era la compra de un bombo para la hinchada del Club Belgrano.
Esa pista fue la que más se investigó. Tal vez porque nunca los investigadores supieron encontrar algún otro hilo conductor más concreto que los llevara desde la escena del crimen hasta él o los autores.
Fue en el amanecer del 14 de junio de 2009 cuando se conoció el ataque. Habían entrado al templo ubicado frente a la plaza principal; rompieron un vidrio y se llevaron el relicario con la reliquia del Santo que falleció un 13 de junio de 1.231 a los 35 años de edad.
En ese momento aún el grueso de los vecinos descansaban después de un día intenso por los tradicionales festejos del patrono. A pesar de ser pleno invierno, todos recuerdan que había corrido un intenso y caliente viento Zonda.
Pero esa pista de los menores tampoco nunca llevó a nada. Nunca apareció el relicario por ningún lado, mucho menos con ese pequeño trozo minúsculo de piel del cutis de San Antonio de Padua, aquel que el 16 de octubre de 1987 había traído el matrimonio Rissetto en el bolsillo de una camisa.
Cómo llegó la reliquia a Media Agua
Afirman los fieles católicos mediagüinos que la providencia tuvo mucho que ver en cómo esa reliquia llegó desde Padua, Italia, hasta Media Agua.
Todo comenzó un la rotura dela camioneta que transportaba a un grupo de sacerdotes franciscanos en la localidad de Cochagual, Sarmiento. Pertenecían a la Basílica de San Antonio de Padua, Italia, y no tenían idea de que en ese lugar tenían como patrono a su mismo santo.
Los vecinos los contactaron con un mecánico. Se trataba de Ángello Risetto, quien además era ministro de la Iglesia Católica, y había heredado la fe por San Antonio de sus padres, Emilio Rissetto y María Pandimiglio. Los tres habían llegado desde Italia a Sarmiento en la década del ´50
Como era de noche, el mecánico los invitó a cenar a su casa y los puso en contacto con el cura del lugar. Así fue que los sacerdotes franciscanos pasaron la noche en el templo de San Antonio en Media Agua, hasta el otro día que pudieron arreglarle el vehículo y seguir su peregrinaje.
Lejos de olvidarse, los franciscanos consiguieron un pequeño trozo del cutis de San Antonio y Emilio y su esposa María viajaron a Italia para traer esa reliquia a su templo, en Media Agua.