"Me siento nadie", dice Valeria Castillo. Su relato es realmente desgarrador y mientras la pelea para darle de comer todos los días a sus hijas, convive con el terror de levantarse un día y que la casa donde viven se les caiga en la cabeza.
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SUSCRIBITE"Me siento nadie", dice Valeria Castillo. Su relato es realmente desgarrador y mientras la pelea para darle de comer todos los días a sus hijas, convive con el terror de levantarse un día y que la casa donde viven se les caiga en la cabeza.
La mujer de 38 años no puede pagar un alquiler y por eso hace cuatro años que vive en esa caita de adobe de Centenario y Ruta 40. y tiene 6 hijas menores de edad, de las cuales una es discapacitada.
Las nenas tienen 8, 10, 11, 13, 14 y 16 años, todas van a la escuela y Valeria vive gracias a la Asignación Universal por Hijo y a changuitas que hace como empleada doméstica.
"Me la llevo ella y limpio casas", dice, haciendo referencia a su hija más chiquita.
La mujer está desesperada porque el hombre que les presta la casa ya les pidió que desalojen. "Nos ha dicho que tiene miedo que la casa se caiga y le pase algo a las niñas", asegura Valeria que ya tiene un certificado de Bomberos que acredita que la casa está inhabitable.
"Ya fui a pedir ayuda a la Municipalidad de Chimbas y me dijeron que no pueden asistirme porque yo no soy de Chimbas, soy de Rivadavia, pero ya hace cuatro años que vivo acá", comenta la mujer mientras sus hijas corretean por todo el lugar sin saber al peligro al que estàn expuestas.
Según afirma Valeria vinieron a verla asistentes sociales y le ofrecieron trasladarla a un hogar de tránsito pero sólo con tres de sus hijas. "Me dijeron que las tres más grandes iban a otro lado, cómo me van a separar si son lo único que tengo", relata.
La vivienda está muy deteriorada y tiene grietas en todos lados, éstas se profundizaron aún más con el temblor del lunes pasado e inclusive con el temblor de septiembre ya se le cayó una pared.
"No estoy en condiciones de alquilar, tengo seis nenas que no comen si yo pago un alquiler. Todas van a la escuela y necesito que me ayuden con una vivienda. No quiero que me regalen nada, quiero pagar, pero necesito ayuda", asegura. Si bien la mujer está inscrita en el IPV hace quince años, no tuvo suerte con los sorteos y su situación empeoró con los años.
Con 38 años Valeria dice que se siente "fracasada" y tiene miedo "¿qué van a hacer estas niñas si a mí me pasa algo?", se pregunta.
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