Historias

Un viaje increíble: en bici a las estrellas

El profesor José Luis Navarro lleva 30 años en el Observatorio Félix Aguilar, al que llegó pidiendo trabajo montado en bici.
martes, 27 de diciembre de 2016 · 18:04
Jorge Balmaceda Bucci
jorgebabu@hotmail.com

Treinta noviembres atrás se alinearon los planetas en la vida de Juan Luis Navarro (56). Esta es la única explicación que aparece para entender que volviendo en la bicicleta de su padre de la Facultad hacia su casa –ubicada en el Barrio Camus- se le ocurriera pasar por el Observatorio Félix Aguilar a pedir trabajo y que dos semanas después, cuando le quedabas escasas materias para recibirse de profesor de Geografía, lo confirmaran como nuevo integrante del Círculo Meridiano. 

Sin despegarse de la jerga, también se puede decir que el profesor nació con estrella. La idea surgió porque ahí Héctor Lépez, un compañero suyo, estaba trabajando y se tiró el lance. Habló en tal oportunidad con Reinaldo Carestia, jefe del Círculo Meridiano en aquel entonces, y 15 días más tarde el ingeniero José Augusto López, director del Observatorio y posterior gobernador de San Juan, lo llamó a su casa para darle la buena noticia.

Desde el minuto cero su tarea estuvo abocada a la astrometría, que traducido al criollo se puede definir como la función de ubicar las estrellas en dos coordenadas: ascensión recta y declinación (lo que para la medición terrestre sería la longitud y la latitud).

"En aquellos años junto con mis compañeros llegábamos a contar entre 40 y 45 estrellas por noche porque se hacía prácticamente de una manera más precaria. Actualmente por noche más o menos ubicamos unas 25.000 y todo gracias al avance de la ciencia y la tecnología”, comentó Navarro, quien, con en el beneplácito del ingeniero López, compartió con su mujer los primeros cuatro años en una de las residencias que hay en el propio observatorio. "Fue una gran ayuda la que me dio el director de ese momento porque recién estábamos acomodándonos. Cuando surgió la posibilidad nos cambiamos de casa pero su gesto se lo voy a agradecer siempre”, recordó.

José Luis alterna su actividad laboral entre el Félix Aguilar y el Observatorio Astronómico  Carlos U. Cesco, al que acude una vez al mes durante una semana. Allí, en el extraordinario escenario donde cada noche el cielo seduce con su estelar brillo a La Pampa del Leoncito, se retroalimenta de su pasión por su trabajo y al mismo tiempo abunda sobre una investigación que de forma paralela lleva la Universidad Nacional de San Juan con profesionales de España.

Asimismo, además de investigar, es uno de los encargados de atender y guiar a las visitas en el Félix Aguilar, que generalmente suelen ser curiosos alumnos de escuelas sanjuaninas. Ahí, valiéndose del telescopio ecuatorial que llegó donado por la Universidad Nacional del Cuyo en la década del ’70, da grata respuestas a los ilusionados exploradores del espacio.

Pero sin dudas la tarea que más demanda la gente son las efemérides celestiales, como para llamarlo de alguna manera, que son: los ciclos exactos de la Luna –"hay muchas personas que están pendiente de esos datos porque van a empezar la famosa dieta de la luna”; la hora exacta de salida y puesta del Sol –"muy utilizado por el ejército para establecer los tiempos de sus tropas, de las guardias, etc- y las fechas y horarios exactos de eclipses o acontecimientos novedosos –"el último grande fue cuando la luna se ubicó tan cerca de la Tierra y la verdad que llegaron muchos para disfrutarlo en el observatorio”-.

Personalidades de todo tipo han escuchado las explicaciones de Navarro, siendo algunos de los últimos los actores Facundo Arana, Natalia Oreiro y el propio Marcos Peña, jefe de Gabinete de Ministros del presidente Macri.

En tanto, entre las infinitas anécdotas que se fueron acumulando en su galaxia laboral, la primera que se le vino a la mente fue una que aconteció precisamente en días navideños. "Estábamos con mi familia pasando las fiestas en el Observatorio Cesco, porque me tocaba a mí estar allá, y llegaron unos ingleses para visitarlo. Menos mal que estaba una sobrina de mi mujer que sabe inglés y hizo las veces de traductora para poder comunicarme con los turistas”.




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