La primera sensación al entrar a su domicilio, es la de encontrarse inmerso en momentos de la historia tanto local como universal. Se mire por donde se mire, cada rincón de su casa está plagado de artículos que remontan a otras épocas. Candelabros añejos, billetes y monedas de las más antiguas civilizaciones, lámparas de bronce, cámaras fotográficas vintage, libros y documentos antiguos, relojes de todas las formas y tamaños, son algunas de las piezas que descansan en repisas y exhibidores. Y escondido entre los objetos de antaño, se encuentra Miguel Ángel Ortuño, un hombre que desde los 14 años dedicó su vida al mundo de las antigüedades.
En una humilde casa ubicada en las inmediaciones de la Plaza de Villa Krause dónde Miguel Ángel vive con su mujer, casi que dejó de cumplir su fusión de hogar para transformarse en un museo de antigüedades y reliquias. "En un principio mi señora no quería saber nada, a ella no le gustaban los muebles antiguos. El primer objeto que traje a casa fue un cuadro enorme, le dije a mi señora que lo dejaba allí hasta que apareciera un comprador, al final le gustó tanto que nunca me dejó venderlo”, comentó entre risas.
Candelabros pre colombinos, morteros hechos por los huarpes, planchas de la época de los Nazis, teteras de hierro, más de cien claves de herramientas, patacones, reales y hasta una de las 24 medallas que se entregaron en la fundación de Villa Krause, lugar donde vivió durante toda su vida. Las paredes de su comedor, parte del fondo y hasta en las paredes de la cocina se exhiben las miles de piezas que forman parte del haber y de la historia de Miguel Ángel.
Miguel Ángel, de 84 años, desde muy pequeño comenzó a sentir curiosidad por las antigüedades y la historia de ellas. "Cuando era niño las revistas Billiken era parte de nuestra infancia. Al final de la revista, en la última página, salían curiosidades y fechas específicas de la historia Argentina y del mundo. Gracias a eso empecé a sentir curiosidad por saber un poco más. Así fue que comencé a coleccionar. En un principio fueron monedas y billetes y hoy tengo piezas que son únicas en el mundo”, comentó el hombre apasionado por la historia.
Dentro de las miles de piezas que atesora en su casa, hay una que le costó conseguir más que las otras e increíblemente ese objeto es un gato de carros y carretas. "A diferencia de los modernos, este gato es de madera. Lo busqué en distintas provincias, se lo pedí a varios coleccionistas amigos, pero nadie lo tenía. Finalmente, un comerciante se enteró que lo andaba buscando y me lo trajo a mi casa”, comentó.
Dentro de su pasión por las antigüedades hay un objeto que es el preferido de Miguel y por el cuál se perfeccionó hasta convertirse en un especialista: los relojes, por supuesto cuanto más antiguos mejor.
"Con 13 años empecé a ir a la relojería de mi tío y rápidamente le agarré la mano. Eh hecho arreglos para las relojerías y joyerías más importantes de San Juan. En un principio, cuando trabajaba con mi tío, los sábados me pagaban con un billete de 50 centavos, era suficiente para pagar la entrada al cine y tomar un café con leche con mediaslunas. A veces, llevaba a mis hermanos más chicos Francisco y Pepito, que falleció en el terremoto”, comentó emocionado.