De Zonda, al podio

El mejor dulce de membrillo lo hacen los pibes del Nazario

Recibieron el primer premio en el concurso que eligió los mejores dulces de la provincia. Son los chicos del taller de capacitación laboral del instituto que alberga a menores en conflicto con la ley. Ellos contaron cómo recibieron la noticia y qué significa la distinción. Por Viviana Pastor.
domingo, 16 de agosto de 2015 · 10:38
Por Viviana Pastor

Un premio generalmente es algo bueno, pero a veces puede ser salvador, una luz de esperanza en medio de la oscuridad. Al menos así lo sintieron los chicos que están en el Nazario Benavidez, adolescentes en conflicto con la ley, que hace pocos días recibieron el primer premio en el 1° Concurso de Dulce de Membrillo que se realizó en la provincia.

El premio, Membrillos del Sol, lo recibieron en la categoría Escuelas e Instituciones por el dulce que elaboran en el taller de capacitación laboral, al que asisten dos veces por semana. Este dulce en pan, tradición sanjuanina por excelencia, fue elegido entre los presentados por otras 15 escuelas, muchas de ellas agrotécnicas. Para estos ganadores fue el primer premio de su vida.

"Nos llamaron del concurso, fuimos vio? Y dijeron que salimos ganadores pero no esperábamos el primer premio”, contaba Elías con la vista fija en la olla donde revolvía una mermelada de frutilla que llenaba el aire de aroma a cuento de Hansel y Gretel. 

Una de las profesoras del taller contó cómo vivieron ese momento. "Nos llamaron y dijeron que habíamos tenido buena participación. Fuimos a la legislatura porque nos iban a  dar una distinción por haber participado del concurso. Dijeron que el dulce ganador del primer premio había obtenido 93 % de calidad y dijimos que eso era muy difícil de alcanzar. Empezaron a llamar los dulces con mejor puntaje, primero el tercer premio fue para otra escuela, después el segundo, otra escuela… cuando nos nombraron en el primer puesto gritamos todos y todo el mundo se dio vuelta a mirar. Es que para nosotros es todo un logro porque acá trabajamos muy artesanal, el dulce los hacemos con una paila muy chiquita”, dijo Nancy Mérida, profesora en este taller.

Marcelo y Matías, otros dos alumnos, tomaron distancia como para no participar en la charla, pero escuchaban atentos y seguían el movimiento de la cuchara de madera. Los cuatro pibes estaban de punta en blanco, con sus mejores zapatillas y sus cortes de pelo a lo mohicano, muy de onda. Faltaron otros dos que estaban en la escuela.

Germán tomó la posta: "nos gusta esto, aprendimos muchas cosas, deja enseñanza para el afuera (SIC), cosas buenas, poder elaborar y vender esto afuera. Nos gusta mucho y ponemos mucho empeño. También la carpintería nos gusta. Hemos salido a vender y se vende bien, la gente compra porque sabe que es rico ‘guon’”. 

Cuando hace 3 años Tiempo de San Juan visitó el instituto, estos talleres estaban en pañales. Los salones se estaban refaccionando y la sala de industrialización era un sueño. Hoy cuentan con todo lo necesario para elaborar a pequeña escala, maquinaria e insumos.

El premio que recibirán es una  paila doble fondo con mezclador y trifásica. "¡Es la paila que queríamos comprar y no podíamos! Es más grande y además al tener doble fondo permite que el dulce se cocine en forma más pareja y más rápido”, explicó otra profesora, Laura Mérida.

Lo que ya recibieron como parte del premio son los stickers, unos adhesivos que dicen que el dulce es el ganador del 1º premio, una chapa de calidad que ya sumaron a sus envoltorios. También les dieron placa y diploma.

Las profesoras dijeron que el premio se lo dieron porque todos ponen mucho esmero en la elaboración. El dulce responde los parámetros del certamen y calificó muy bien en todas las propiedades: equilibrio entre dulce y agrio, textura, granulometría, color y aroma. "Es la receta tradicional, pulpa y azúcar y nada más. La ventaja es que las plantas de membrillos están acá, los chicos las cuidan todo el año y la fruta se corta de la planta, se lava y se elabora, no se madura de más. Además el membrillo es muy bueno, bien amarillo y muy carnoso”, explicaron. 

Por ahora, sólo elaboran por día unos 12 kilos de dulce, porque en la paila se puede cocer solamente 4 kilos por vez. Pero con la paila que ganaron aspiran a poder hacer muchos más kilos en el mismo tiempo.

Además, ya iniciaron los trámites para que Salud Pública los controle y habilite a vender su producción en todos lados.

Más que dulce

Lorena Marinero es la coordinadora del grupo de menores infractores a la ley penal, dependiente de la Dirección de Niñez y Adolescencia. Contó que este proyecto pedagógico de fabricación de conservas lleva 3 años en funcionamiento y se complementa con el taller de carpintería; los 6 chicos que asisten tienen entre 16 y 18 años. Algunos de ellos también están terminando la escuela primaria.

"Acá los protagonistas son los chicos. Ellos están en todo el proceso, ellos cuidan unas 50 plantas de membrillo, no son muchas pero sí muy productivas. Esto es parte de un proceso de inclusión importante, por su trabajo los chicos reciben parte del dinero de las ventas. Entonces participan de todo el proceso de producción, se sienten útiles, y ven en lo material algo que los puede reinsertar y darles una nueva forma de vivir”, señaló Marinero.

Los primeros 100 pesos que recibió uno de los chicos, fruto de este trabajo, fueron históricos. Se los dio a una de las coordinadoras y le pidió que le compre una remera nueva, "si le sobra se lo deja para el colectivo”, le dijo.

Todos los que trabajan en el Nazario saben que no habrá cambios milagrosos, que los chicos casi siempre vienen de situaciones familiares conflictivas, y que muchas veces delinquen porque es lo que vieron siempre a su alrededor. Para otros es mucho más complejo. Pero una vez que entienden que otra vida es posible, los cambios comienzan a generarse.

"Son procesos lentos. No olvidemos que son adolescentes, pero acá tienen algo de lo que se sienten parte y quieren hacerlo porque ven resultados, hacen ventas, eso los alienta. La mirada sobre sí mismos cambia, pero es paulatino. El apoyo de los adultos, de su familia, es muy importante, influyen muchos factores en el cambio, desde adentro y desde afuera”, señaló la coordinadora. 

A esta altura iba tomando punto la mermelada de frutilla, roja y aromática. Germán tomó en refractómetro y midió los grados brix, explicó que eso era la concentración de azúcar que debía tener el dulce, en este caso 65º. 

Todos se pusieron a lavar los frascos y entre los cuatro los llenaron en pocos minutos. Mientras, contaban que ésta no es una mermelada cualquiera, la frutilla se parte en trocitos pequeños para que cuando se unte tenga aún pedacitos de fruta. "Todos hacemos de todo y nos ayudamos. Por ahí nos tomamos un recreíto de 5 minutos, pero todos trabajamos”, advirtió Germán, convertido en vocero del grupo. 

"El día de mañana ya sabemos hacer esto y por ahí lo hacemos en la casa y lo vendemos, todos aprendemos, eso es bueno”, decía mientras cerraba el último frasco que pasó al proceso de esterilización en la olla con agua hirviendo.

Al costado quedó la placa que los distinguió con el primer premio, y que les recordaba que es mucho más que eso. 

Los ganadores
En la categoría Familiar: 1º premio, María Teresa Delgado; 2º premio, Silvia C. Pizarro, y 3º para Patricia Pulido de García.

En la categoría Empresas: 1º premio, Dulces OLTA SRL.; 2º premio, Cooperadora Escuela de Enología y Fruticultura; y 3º premio, Dulces Pizarro.

En la categoría Escuelas e Instituciones: 1º premio, Centro Socio Educativo Régimen Cerrado Nazario Benavidez; 2º premio,  Escuela  Provincia de Chaco y 3º premio,  Escuela de Fruticultura y Enología.

El certamen estuvo organizado por el Programa de Asistencia Integral para el Agregado de Valor en Agroalimentos (PROCAL), dependiente del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación; el Ministerio de la Producción y Desarrollo Económico de la Provincia; y la Universidad Católica de Cuyo, en el marco del Proyecto Denominación de Origen del Dulce Rubio de San Juan.

La recepción de muestras, el trabajo de selección y catación de los dulces estuvo a cargo del Panel de Cata de la Universidad Católica de Cuyo que dirige  Adriana Turcato que determinó ganadores a los mejores ejemplares. 

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