A eso de las 22.45 de ayer, una célula autoproclamada "La joroba colectiva de género" pegó carteles en las paredes de la redacción de Tiempo de San Juan. Entre otras consignas sin poner la cara, reclamaron eso de Basta de la exposición de cuerpos violentados. Un reclamo que ya se había escuchado en redes sociales y comentarios en vivo y en directo, y que supone que con el solo hecho de no ver lo ocurre en nuestra sociedad es suficiente para que eso no suceda. O para que el resto no se entere, lo que ya comienza a explicar el asunto de otra manera.
En efecto, Tiempo de San Juan fue el primer medio en publicar el escándalo a las 11 de la mañana del domingo, y el único en publicar las fotografías extraídas de Facebook que los propios involucrados, sus influencias, amigos, allegados, media provincia en realidad, ya había difundido en las redes sociales. Que son públicas. Las fotos y el hecho, que no se trata de un problema de la órbita particular de nadie sino de un flagelo que impacta sobre toda la sociedad.
Cuando un medio de comunicación publica fotos de cuerpos violentados, lo hace con la intención de agregar contundencia y rigor a lo que se comunica, despeja la posibilidad de engaño y acredita con imágenes lo que se dice con palabras. Ayuda a comprender mejor el problema, primer paso para abordar una solución. No exponer cuerpos violentados es engañar a la audiencia por la vía de no mostrarle lo que sucede e impedirle una comprensión mayor al problema. Hacerlo opera en el camino inverso: contribuye a que la sociedad toda, aunque sea por la vía de la conmoción, se despabile de lo que ocurre en sus propias narices, entre los suyos o en su propio barrio, y que esa conmoción contribuya a solucionar el problema como ocurre ahora. En otras palabras, ayuda a que no ocurran más cuerpos violentados, a que todos se cuiden mucho más de lo que lo venían haciendo, a que los que tiene responsabilidades las asuman –autoridades, familias, bolicheros, jóvenes mayores y menores- y a que tengamos plena conciencia en la sociedad en que vivimos.
Las fotos periodísticas agregan cosas a lo que se pueden contar con palabras, esa es su función. Y en el mundo en que vivimos, una foto de Facebook puede cómodamente convertirse en una foto periodística. Para desengaño de algunos recién despertados, las fotos periodísticas de cuerpos violentados forman parte del ADN del periodismo mundial de todos los tiempos. Tanto Tiempo de San Juan como todos los restantes medios de la provincia, el país y el mundo han publicado y seguirán publicando fotos de cuerpos violentados: lo son desde las fotos de una persona masacrada por una patota hasta las de cualquier accidente. En este caso, tal vez haya resultado más sonoro y más cercano el caso por tratarse de familias conocidas en términos sociales, habrá que pensar si el movimiento que pegó proclamas, o las personas horrorizadas, habrán pensado lo mismo o el caso se hubiera mantenido en semejantes niveles de atención pública si se hubiese tratado de una secundaria pública de Chimbas.
También hay límites, por supuesto. Los límites son evitar el morbo desde el punto de vista periodístico, y evitar la identificación de la víctima si es un menor, desde el punto de vista judicial. En el primer punto, empieza a ser una cuestión de criterio: para quienes hemos visto publicadas centenares de fotos en los medios, las de este caso no son morbosas, no hay sangre ni imágenes que puedan herir a los lectores. Es opinable y se piden disculpas si alguien se sintió ofendido.
En el segundo punto, tanto Tiempo de San Juan como ningún otro medio publicó ni el nombre, ni ninguna otra identificación de la víctima como los nombres de la familia. Tampoco de los presuntos victimarios, menores la mayoría. Que, por otra parte, ya son ampliamente conocidos por cualquiera que disponga de una cuenta de Facebook.
Y allí está, justamente, la otra gran contribución de los medios periodísticos en este escándalo que nos hiere a todos como sociedad. Porque la publicación en los medios (incluyendo el valor de las fotos) consiguió convertir lo que era un gigantesco chusmerío en las redes sociales, en información. Las redes sociales o el chusmerío no tienen reglas: cualquiera postea lo que se le ocurre, agrede sin parar, condena, ajusticia, escracha, palabra tan típica de esta clase de “justiciero”. Y nadie se hace cargo de nada, nadie reclama y nadie paga, hasta los nombres son ficticios en una gran mayoría.
Los medios de comunicación, por el contrario, informan y tienen una responsabilidad. Penal y civil, por supuesto, pero también moral ante la sociedad a la que responden y a la que deben informar con absoluta responsabilidad. Y el hecho de haber convertido este chusmerío gigante en un caso informativo regido por los parámetros profesionales que cada uno admita para su propio desempeño, ayudó a que el caso explotara como lo hizo. Si no, hubiese seguido siendo un chusmerío gigante en las redes.
Seguiría siendo, quiere decir, objeto de amenazas cruzadas, “salir a buscar a los agresores” como se escuchó (y la consecuente espiral de violencia que sólo Dios sabe dónde termina), de justicia por mano propia, de versiones incomprobables. Por el contrario, ahora es terreno judicial donde un juez y un fiscal intentan esclarecer el hecho por los medios civilizados que nos dimos como sociedad.
Tiempo de San Juan publicó el caso a las 11 de la mañana del domingo, y desde ese momento ocurrió como si hubiese explotado una bomba. Hubo llamados de jueces, de cortistas, de dirigentes políticos, de familiares. Hasta que a eso de las 19, un fiscal cumplió con su trabajo: inició una investigación de oficio (no había denuncia), al menos para conocer qué fue lo que pasó.
La información disparada por los medios de comunicación, con fuente en Facebook, hizo posible que se avanzara y ya nadie pudiera hacerse el distraído. Ni los jueces, ni los entornos, ni los presuntos victimarios, también menores la mayoría, que aparecieron tomándose los genitales para el fotógrafo y para la sociedad toda.
Ah, esa foto también se publicó. Y esa foto también agrega información, opina sobre lo que pasa, sobre la sociedad que somos.
Es una opinión, cualquier respuesta será bienvenida. Favor de cursarla por la vía del respeto.
miércoles 1 de abril 2026





